El Reloj de Sol
Viernes 05 de Octubre de 2018

Ausencias y exilios

Arturo Cuadrado, poeta republicano. Su presencia en Paraná

Al azar indómito. A la espera que genera la expectativa de los resultados y la sorpresa inaudita que genera el giro azaroso. Cuando surgen implacables (y sobre todo dominadas por la impostergabilidad) situaciones ocultas, subterráneas. Prefiero decir anidadas, como a la expectativa de lo naciente, como a la necesidad de la supervivencia.
Así es como el reloj de sol arbitra sus presencias, haciendo de la sorpresa insólita una habitualidad cada vez más necesaria. Y abrazo la expectativa y por supuesto la secuencia vital del desarrollo de alguna vieja noticia insepulta, ávida de presencia, necesitada de reanimación y sobrevida.
Cuando sus sombras y contraluces de pronto hallan en el ámbito ferrosamente oxidado de páginas de un formato desaparecido, el brillo destacado de alguna historia sucedida...es el tiempo que se ha detenido. Es el reloj que indica el turno, la época, el instante en el cual se debe sobreponer a los velos de los años, renaciendo quizás de un inconfortable exilio.
O como decíamos al principio, en un inusitado nido que anhela el renacimiento.

Sobre Arturo Cuadrado
¿Cuantas cosas caben en una vida? ¿Cuál sería el mecanismo contable que pudiera establecer como en un gran ábaco imaginario los logros y las desazones de cada ser humano? ¿Cuánto tiempo habría de insumir a quien debiera hacerse responsable de tamaña contaduría? Pienso en las reflexiones del Fugitivo, en la obra de Bioy Casares "La invención de Morel", cuando sostenía que "creo que perdemos la inmortalidad porque la resistencia a la muerte no ha evolucionado; sus perfeccionamientos insisten en la primera idea, rudimentaria: retener vivo todo el cuerpo. Sólo habría que buscar la conservación de lo que interesa a la conciencia",
De eso se trata el ejercicio, de indagar en recordaciones y sucesos que ameritan su permanencia atemporal y perenne, o si quisiéramos expresarlo de otra forma sería como la celebridad de la inmortalidad.
Algo así debe haber contenido como sensación el joven gallego Arturo Cuadrado cuando apenas con 23 años inicia en su Galicia la publicación de una revista cultural cuyo nombre quizás sería premonitorio: Niqué.
Si bien desde casi los 16 años participaba tanto de la vida laboral (su padre había fallecido y su hermano mayor también) vendiendo telas, su inclinación por las actividades literarias era inevitable.
Así es que comienza a intervenir en la vida artística y también en la vida cívica, con inclinación (vale decir que naturalmente) a la República. Escritor, locutor, conferencista.....e independentista. De hecho, se encontraba en Madrid presentando el Estatuto de la Autonomía de Galicia cuando implosiona la guerra civil en España.
Por cierto que un militante de sus quilates derivaría en un combatiente de fuste, y con las armas de su intelectualidad y la aciaga espada de su verba contribuyó activamente en diversas publicaciones que justipreciaban las cualidades republicanas cuya defensa se gestaba en las trincheras y en las imprentas.
Pero la historia tomó el perfil quizás menos justo, y en la desesperanza de la derrota la presencia de los amigos toma el cariz de vital. Digo esto porque en la plenitud de las persecuciones y cuando la vida de Arturo Cuadrado peligraba sin incertidumbres, es nada menos que Pablo Neruda quien le permite usar un salvoconducto para exiliarse en Buenos Aires.
Ya en Buenos Aires, la actividad intelectual de Cuadrado no tendría un ápice de respiro creemos que para beneplácito de muchos. De inmediato se vinculó a la actividad editorial y por cierto también al periodismo y al dictado de conferencias relacionadas con la literatura española. Por cierto, que también continuaba persistiendo con sus ideales republicanos a través de la militancia en la dirección del periódico Galicia, a la sazón el órgano escrito (por esa época era lo más sublime de la comunicación) de la resistencia gallega en Argentina.

Sus días en Paraná
En tiempos en que la ciudad declamaba su avidez por la cultura, fue invitado por nuestra ya célebre institución "José María Onetti" para dictar una conferencia, allá en mayo de 1948.
En los salones de la Biblioteca Popular eligió como título "Palabras de las Palabras" y se mantuvo lúcido en la descripción de las grandes plumas españolas. Un punto interesante fue cuando brindó la grabación con la voz de Ramón del Valle Inclán, a quien había grabado en su natal España. Imaginarse este logro, este hallazgo de mediados de Siglos pasado...un tesoro quizás extraviado ya.
Luego continuó con los semblantes de Unamuno y una nueva grabación con dicha personalidad. Luego si ya fue el turno de Pío Baroja, Azorín, Juan Ramón Jiménez y José Ortega y Gasset (de quien, vale decirlo, fue crítico en cuanto a su contradictoria personalidad). Estuvo varios días en nuestra ciudad y fueron dos conferencias las que tuvo previstas y llevara adelante.
Arturo Cuadrado pudo regresar a España cuando retornase la democracia, allá por los albores de los años 70. Le fueron restituidos sus grados de milicia y también re imprimir parte de su obra. Pero Buenos Aires (y en parte Montevideo) lo habría aprehendido quizás en forma perenne.
Romántico, combativo y evocativo se lo solía ver por los bares de Buenos Aires, corrigiendo manuscritos y preparando ediciones de autores consagrados y noveles. Porque entre sus laureles se encuentra la actividad editorial, ya que fue uno de los cofundadores de la Editorial Emecé...nada menos. Y también dirigía otra conocida editorial de nombre simbólico y emblemático: Botella al mar.
No sé por qué esas cosas de los plazos y la cuestión vital. Un día, así, como cualquiera y sin pensarlo un golpe súbito le paró el corazón. Dicen que era un 6 de agosto de 1998, y que tenía 94 años en Buenos Aires.


Reloj de Sol

De todas las formas de medir el tiempo y el plazo de las horas, el reloj de sol es el único que nunca puede volverse atrás. Las agujas, las arenas o las clepsidras pueden ser reversibles pero en el reloj de sol eso es imposible. Por eso, porque es necesaria la complicidad de los seres humanos para recuperar el tiempo ya pasado y porque las historias ameritan el renacimiento. Y porque la única manera de permitir la inmortalidad de los sucesos es absolver al olvido...


Insomnio

No dejes que nadie te bese, besa.
No dejes que nadie te mire, mira.
No dejes que nadie te mate, mata.
Aquel que haya primero pronunciado tu nombre sea condenado al final de tu ausencia.
Así, libre, volverás a tí, lejana, cansada, a buscar en la curva de tu forma ese valor de ser como la libertad, un compromiso domiciliado en tu sonido.

Arturo Cuadrado

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