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Ana Del Castillo: guardiana del ambiente

Hoy 91 mujeres desafían con vocación un trabajo en las áreas protegidas. Ana Del Castillo, de Paraná, es una de ellas.

Miércoles 29 de Julio de 2020

Derribando el mito de que es sólo una profesión de hombres, hoy 91 mujeres desafían con vocación un trabajo en las áreas protegidas, cuidando los recursos naturales, educando ambientalmente y llevando con orgullo el uniforme de guardaparque. Entre ellas se encuentra Ana Del Castillo, oriunda de Paraná, que dialogó con UNO para contagiar a otras chicas el deseo de ser guardiana de la naturaleza.

—¿En qué momento decidiste que tu vocación estaba ligada a convertirte en guardaparque?

—Tuve una infancia ligada a algunos viajes en familia, una preadolescencia muy cerca del río y las barrancas y una adolescencia con entendimiento de problemas ambientales que un poco despertaron mi indignación y a la vez las ganas de hacer algo. Cuando tenía 18 años vi una mujer guardaparque por primera vez y meses después, empecé a formarme para serlo yo también, luego de convencer a mi madre y padre, que hubieran preferido que fuera abogada, pero luego lograron acostumbrarse a la idea, siempre hay un poco de temor a lo desconocido.

—¿Dónde se estudia la carrera y en qué consiste la preparación?

—Existen varios lugares a donde se puede estudiar esta profesión, pero sin embargo también existen trabajadores que no son titulados, siendo baqueanos y expertos locales. En varias provincias de Argentina se puede estudiar esta carrera, Mendoza, Córdoba, Buenos Aires, San Juan y Misiones, en esta última estudié yo. Mi título es técnica universitaria Guardaparque, que consta de dos años y medio de formación. Luego, si una quisiera ser guardaparque nacional, debe hacer el curso de habilitación, que es un concurso público y suele ser de un año, en la Administración de Parques Nacionales, específicamente en el centro de formación y capacitación en áreas protegidas que se encuentra en Embalse, Córdoba, donde la administración también da capacitaciones a todo el personal de la APN (Administración de Parques Nacionales)

—¿Cómo es la inserción laboral? ¿Una vez egresada te destinan a un lugar?

—Luego de hacer el curso de habilitación se te otorga un destino de trabajo, que se busca siempre lograr que sea el que has solicitado, porque el guardaparque nacional todos los años completa planillas de traslados con las posibles áreas protegidas nacionales donde quisiera trabajar. En el cuerpo de guardaparques nacionales tenemos un reglamento que rige nuestros traslados, de entre doa años mínimo a cuatro años máximo por destino, que suele variar en algunos momentos de la administración. Si una quisiera trabajar en un sistema provincial, algunas provincias tienen sus reglamentos y otras aún están en creación, como por ejemplo el cuerpo de guardaparques provinciales de Entre Ríos.

Observatorio Astronómico

—¿Dónde has trabajado?

—Durante mi etapa de formación recorrí muchísimos parques, en todos fui muy bienvenida, como visitante y como voluntaria, las experiencias enseñan mucho en esta profesión, el trabajo puede ser muy diferente según qué zona del país estés. Cuando egresé tuve mi primer destino en el Parque Nacional Tierra del Fuego, muy distinto a donde crecí. El trabajo allá está muy dirigido al control y vigilancia en las áreas de uso público del parque, tanto de prestadores de servicios turísticos como de visitantes en general. El lugar es mágico, es muy recomendable ir a caminar ese Parque Nacional. Luego estuve en el Parque Nacional El Leoncito, en la provincia de San Juan, hacia la cordillera, al límite con Mendoza, hermoso lugar. Allí se encuentran los observatorios astronómicos del país. Mi trabajo fue mucho más variado, desde Educación Ambiental con escuelas, hasta largas recorridas a caballo por monitoreos de fauna hasta trabajos de mantenimiento del sistema de agua del parque. Fue una hermosa experiencia, estoy muy agradecida con ese lugar y aquella gente. El trabajo como guardaparque depende mucho del área a donde estés, puede variar entre patrullajes terrestres y acuáticos, control de actividades de pobladores, o de concesionarios de algún servicio turístico, hasta auxiliando visitantes accidentados o perdidos. Somos la figura emblemática de los parques nacionales, pero es un trabajo que requiere de un gran equipo técnico y administrativo que hace que todo dentro del parque vaya teniendo conducción, se aspira a que sean interdisciplinarios muchas veces, pero aún somos muy pocos trabajadores y trabajadoras.

—¿Te ha tocado algún momento difícil, en tu tarea habitual durante alguna recorrida?

—Lo más difícil que me sucedía en mis recorridas es cuando los visitantes hacían algo prohibido, quizás algunos peligrosos como caminar arriba del hielo, o prender fuego en lugares inapropiados o manejar a altas velocidades. La información sobre las limitaciones de las áreas protegidas es muy importante a tener en cuenta para visitar los parques, suelen ser lugares más remotos y es importante tener cuidados personales y del grupo.

—¿Cuántas mujeres guardaparques hay? ¿Se hace alguna diferencia en las actividades por ser mujer, o todo por igual?

Ruta Nacional N° 3

—El cuerpo de Guardaparques de la APN está constituido por guardaparques nacionales, y guardaparques de apoyo, que dentro de las dos categorías hay 91 mujeres, pero mayoritariamente son varones, hay 444 guardaparques hombres. En mi caso, a veces he tenido relaciones un poco tensas porque suelo ser comunicativa con lo que me genera incomodidad, hoy hay una alerta muy grande con este tema, y las relaciones van a tender a mejorar, o al menos es lo que creo. Una deconstrucción social y una perspectiva de género es una gran idea para mejorarnos y actualmente mi institución está avanzando con estas políticas. Respondiendo a las diferencias, no hay nada formal que diga que los trabajos están diferenciados, pero la realidad es que sí hay diferencias, y en mi caso me han frustrado varias veces. Son notorios los privilegios que tienen los varones sin que podamos expresar esto sin ser juzgadas negativamente por ello. A veces se cree que no somos confiables para ciertas tareas o que de algún modo estaríamos desprotegidas. Un varón parece que siempre es garantía de perfección en algunos trabajos. Y lo que necesitamos es tratarnos sin mirar el género de la persona, sino mirar su integridad y su profesionalidad. La primera mujer guardaparque fue incorporada en 1989, cuando egresó la primera promoción mixta, aún hay mucho que mejorar en las relaciones humanas.

—¿Cómo es tu actualidad laboral? ¿En qué cambió tu desarrollo profesional este tiempo de pandemia?

—Actualmente hacemos teletrabajo, en mi caso estoy comisionada a una dirección nacional de la institución, colaborando como asesora en cuestiones operativas, y además sigo formándome, estoy haciendo la Licenciatura en Gestión Ambiental a distancia, así que dedicándole tiempo al estudio, hay una gran apertura a trabajar la temática ambiental y me gusta prestar asesoramiento.

—Lo mejor y lo más difícil de ser guardaparque.

—Lo mejor es vivir en esos paisajes tan únicos e irrepetibles que tienen los parques nacionales, los cuales, por las patrullas y recorridas conocés profundamente, establecí una relación de cariño con esos ambientes, siempre me enamoré de los parques a los que iba. Lo más difícil tiene que ver con la condición de aislamiento, que quizás a veces pesa.

Recorrida a caballo

AnaxAna

Ana Del Castillo tiene 29 años y entre los sueños que la desvelan está conformar una red de jóvenes líderes ambientales. “Este país tiene muchos problemas ambientales que podrían ser mejor abordados si nos involucráramos más, aspiro a seguir fomentando estos espacios autogestivos”, explicó.

Cuando habla de su familia subraya que fue educada con mucha libertad. “Mi madre vive en Paraná y se llama Viviana, fue educadora, capacitadora y ahora es instructora de yoga, masajista y algunas otras magias. Mi padre vive en Buenos Aires y es contador, trabaja para la provincia, siempre muy comprometido con la política y con la militancia. Y tengo dos hermanas, que son geniales, la más chica vive acá en Paraná y la más grande en Australia, todas somos una aventura total”.

—¿Cómo es un día tuyo?

—En la actualidad vivo en el campo, en la costa en Aldea Brasilera, me gusta la vida fuera de la ciudad. Durante la mañana me conecto con los mails de mi cuenta oficial y ordeno las reuniones que tengo durante el día. Además estoy tomando seminarios y webinars de diferentes temas, hay mucho en la web para aprender. Manejo mis horarios con mucha libertad y eso es algo que la pandemia nos ayuda, a fortalecer el espacio de hogar y a rediseñar tus tiempos de trabajo cuando tenés mas energías disponibles. Además milito en una red de jóvenes en conservación, que aún nos estamos formando como equipo.

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