"Al menos los edificios públicos debieran tener energía solar"
Entrevista con el ingeniero Horacio Prevedel. Mecánica y piano. Energía solar. Los chinos, ¿uranio natural o enriquecido?, debate vigente

Lunes 02 de Agosto de 2021

El ingeniero mecánico Horacio Prevedel resume gran parte de su extensa y prolífica carrera profesional, que incluyó países europeos y Estados Unidos, vinculada con etapas y obras determinantes para el desarrollo de la infraestructura energética de Argentina. El ex docente de la Uader y perito calificó como “barbaridad” que la capital provincial carezca de transporte público eléctrico y se refirió a la crisis hídrica del río Paraná. "Al menos los edificios públicos debieran tener energía solar", dijo.

Armar y desarmar el auto

—¿Dónde nació?

—En Paraná, por suerte, en la casa de mi abuelo de calle Buenos Aires, entre Urquiza y 25 de Junio, cuando los partos eran en la casa. Mi madre, Etchemendigaray, era hija del zapatero de la zapatería francesa. Pero mi casa familiar estaba en Carbó, entre San Martín y Monte Caseros.

—¿Cómo era esta zona en su infancia?

—La calle era de adoquines y pasaba el lechero con los tachos; fui a la primaria de la Escuela Belgrano, donde tuve muy buenas maestras; jugaba en la plaza Sáenz Peña y el Club Hindú estaba a la vuelta de mi casa.

—¿A qué jugaba?

—Me gustaba el básquet y en mi casa tenía una perrita.

—¿Leía?

—Sí; mi padre tenía una muy buena biblioteca, y después me cultivé en los idiomas que aprendí.

—¿Qué actividad laboral desarrollaban?

—Mi madre era profesora de piano y me dio los primeros impulsos para tocarlo, y mi padre, de Matemáticas, al igual que mis dos hermanas. Era salteño y cuando almorzábamos o de sobremesa siempre leía algo del Norte. Fue el primer agente de Citroën pero se dio cuenta que no era buen comerciante, entonces hizo el profesorado. Teníamos un auto de 1927, y le ayudaba a desarmarlo y armarlo. Vino a Paraná porque la Escuela Normal era la atracción en el país de quienes querían estudiar profesorados. Mi abuelo era austríaco y trabajaba en una maderera que hacía rieles para ferrocarril.

—¿Su abuelo llegó a Argentina?

—Sí, tuvo tifus, lo atendió una mujer criolla y se casó con ella.

—¿Se acuerda de ellos?

—Poco, iba en vacaciones, aunque mi hermana mayor iba más seguido. Mi abuelo materno era vasco francés y tenía zapatería, eran seis hermanos y la única mujer mi madre. Con los primos estábamos juntos todo el día.

—¿Cómo se conciliaban Matemáticas y arte?

—En la Escuela Belgrano era compañero de Luis Mendieta, de la (Asociación) Verdiana, donde todavía voy, con él repasábamos ópera, en lo cual me entusiasmó. La Matemáticas fue luego, en la carrera y, modestamente, fui muy bueno en la secundaria del Colegio Nacional, donde tuve muy buenos profesores como Morandía y Carlitos Álvarez, en Literatura, un gran poeta. Me gustaban todas las materias, y fui compañero de (Luis) Brasesco y Adolfo Golz.

"Al menos edificios públicos debieran tener energía solar"

—¿Sentía vocación por la mecánica y las ciencias exactas?

—Me gustaba desarmar y armar el auto, y decía que quería trabajar en eso, y también me gustaba la Química, porque tuve un gran profesor, Curi Vieyra. Al terminar la secundaria quería estar lejos de Paraná, así que me fui a Córdoba con dos compañeros, e hice la carrera en cinco años. A la par trabajaba como practicante ingeniero en centrales eléctricas de Río Cuarto, la única ciudad que tenía corriente continua, San Francisco y Mendoza, y en Paraná, en la compañía de tranvías eléctricos (Compañía de Electricidad del Este Argentino, del grupo Ansec-Ebasco). Me recibí en 1955, fui a la revolución con fusil al hombro (servicio militar), rendí, en marzo de 1956 me dieron el diploma y la empresa me pasó a Buenos Aires a la oficina de estudios mecánicos.

—¿Tuvo formadores importantes?

—Eran profesores muy buenos, sobre todo los hermanos Ninchi, de Matemáticas, y era compañero de Alberto Guzmán, de Paraná y quien progresó tanto que fue decano de la facultad católica de Córdoba, y luego se fue a Estados Unidos, donde fue una figura importante. Hace poco vino a dar una conferencia sobre el cambio climático y sorprendió con su exposición.

—¿Continuaba con el piano?

—En San Francisco le alquilaba uno a una familia.

—¿Qué le gusta ejecutar?

—De todo; no soy pianista.

—¿Su madre le enseñó lo básico?

—Sí, y aprendí a leer música. Cuando estaba en Buenos Aires no me perdía ninguna función en el Colón.

Agua y Energía y las centrales hidráulicas

—¿Cuál fue su objetivo al recibirse?

—Cada vez me gustaba más y había mucha evolución. Por ejemplo, en los últimos años de la carrera se hablaba mucho de los reactores nucleares. Vi un aviso en el diario de Mendoza en el cual decía que el Instituto de Cultura Hispánica daba becas y uno de los temas era energía nuclear, me la aprobaron y estuve un año capacitándome.

—¿No se entusiasmó por quedarse?

—La beca obligaba a volver, y coincidió que fue cuando (Juan) Perón nacionalizó la empresa norteamericana (Ansec), pasó a Agua y Energía, y recorrimos todo el país durante seis meses para hacer el inventario.

—¿Qué significó ese cambió?

—El Estado tenía sus beneficios pero no es tan bueno como trabajar en una empresa privada, en la cual había mayor aliciente. Estuve doce años en Agua y Energía, fui jefe de las centrales hidráulicas y viajaba por todo el país arreglando las turbinas, hasta que llegó una invitación para una beca en Francia, durante 1962, donde también visité centrales nucleares. Por esos tiempos también me incorporé a la Facultad de Ciencias Exactas para actualizarme, fui jefe de trabajos prácticos y tuve como jefe nada menos que a (Manuel) Sadosky, y a (Rebeca de) Guber, cuando se iniciaba la computación, al igual que a (Bruno) Cernuski, en Física. Me gustó mucho.

—¿Cómo era el trabajo con Sadosky?

—Estábamos todo el día en la facultad, yo salía del trabajo y me iba hasta la noche. También estuve en La Plata, en el laboratorio de máquinas hidráulicas y en Europa me perfeccioné en laboratorios de turbinas. Allí me conecté con Escher Wyss, de Suiza, que fabricaba turbinas hidráulicas y me invitaron a quedarme como practicante, para lo cual tuve que aprender alemán. Al volver me invitaron a trabajar en Zürcher, la representante en Argentina, a la cual pasé, trabajé en varias consultoras y en inspecciones durante la construcción del túnel. Al terminar la carrera de consultor compré está casa, mi señora recibió un campo de herencia en La Paz, que tiene un área protegida de monte, y me dediqué un poco a eso, al igual que mi hijo.

—¿Le llamó la atención algún desarrollo particular en Europa?

—Era joven, así que me metía en lugares intrincados de las centrales, por ejemplo las tuberías forzadas, un caño en el cual entra una persona y hay que recorrerlo durante un mes de punta a punta para ver si está bien hecho, utilizando ultrasonido y radiografías. Era un trabajo interesante y por eso volví a Agua y Energía con conocimientos de inspección de materiales.

—¿Fue una etapa importante para Argentina?

—Era todo nuevo. En el barco me traje un equipo de ultrasonido para hacer inspecciones.

—¿Qué países eran vanguardia por entonces?

—Europa y Estados Unidos tenían buenas centrales; la central de Yacyretá tiene turbinas de Pescarmona y alemanas.

—¿Tiene una estimación aproximada de cuánto se robó en Yacyretá?

—(Risas) Una obra que demoró tanto tiempo en hacerse… (Carlos) Menem dijo que fue el monumento a la corrupción. Ahora se está haciendo una central al lado, Aña Cuá. Me tocó ir al final de la obra de Yacyretá.

—¿Con quién ganó más plata?

—Nunca gané mucha aunque los sueldos eran buenos. La mayor cantidad la gané en Ecuador, donde estuve dos años, proyecté centrales y me pagaban USD 4.500 mensuales, más dos o tres viajes por año a Paraná.

La energía nuclear y un debate

—¿Cuál era por esos tiempos el mayor avance tecnológico en su área?

—Las turbinas hidráulicas son muy antiguas, se van perfeccionando y cada vez eran más grandes. Había que traer las turbinas desde Suiza y acá acondicionar las rejas, compuertas y puentes-grúas, fabricados acá. Me hice muy amigo de (Enrique) Pescarmona y lo entusiasmé para que nos fabricará compuertas para (la central hidroeléctrica) Futaleufú. Intervine en la construcción de Salto Grande, El Chocón y algo en Yacyretá. La tecnología de turbinas hidráulicas la perfeccioné bastante trabajando con distintos grupos y fui socio del Centro Argentino de Ingenieros, donde me nombraron jefe de la comisión de Energía, en el momento político de desarrollo de las centrales nucleares. Me tocó la lucha entre el uranio natural y el enriquecido, que ahora está resurgiendo. Por la dependencia del extranjero, preferíamos tener uranio natural, ya que hay mucho en Córdoba. Convencimos al gobierno para que se hiciera la central de Atucha con uranio natural, para lo cual se construyó construir la planta de agua pesada de Arroyito, fue un desarrollo argentino, mientras que otros querían hacerla con enriquecido porque es más eficiente. Lo que hizo el Instituto Balseiro fue muy importante.

—¿Y actualmente?

—Están Atucha I, II y Embalse, en construcción Atucha III y los chinos ofrecen hacer la IV, que sería con uranio enriquecido, según lo que quieren ellos. La industria china se ha venido con todo. En torno a la energía nuclear ya se fue el miedo a los accidentes porque hay mucha seguridad.

—Pero Alemania tiene un programa de desmantelamiento gradual de sus centrales.

—Cuando comenzó lo solar y eólico, en vez de rehacer las centrales viejas, le dieron impulso a las alternativas. Sin embargo Francia tiene el 75 por ciento de su energía que es nuclear.

—¿Qué rama de la ingeniería le atrae además de la propia?

—Cuando tuve que hacer el trabajo final para recibirme aparecieron los plásticos, cuando solo se conocía el celuloide. La Química del plástico continúa.

Crisis hídrica y energía solar

—¿Qué lectura hace de la crisis del recurso hídrico en la cuenca del Paraná?

—Viene el cambio climático. Iba seguido al islote Curupí; en su momento obtuve un subsidio de la Nación y de la UTN para hacer instalaciones de energía alternativa. La idea era que todas las islas se poblaran con pescadores y que tuvieran energía solar, eólica y biomasa, sin motores de combustión interna que contaminen el ambiente.

—¿Qué avance tuvo el proyecto?

—Terminó mal; estaba todo instalado, teníamos un cuidador, una noche entraron tres personas, lo amordazaron, lo tiraron al río pero logró salvarse. Robaron todo lo que había, salvo los paneles, que tiene la UTN. Fue gente de El Morro, conocida por la Policía. Ahí se desmanteló el proyecto, por la inseguridad.

—¿Por qué no hay un mayor desarrollo local y provincial de las energías alternativas?

—Me parece una barbaridad que en una ciudad chica como Paraná, con los problemas del transporte, no haya transporte eléctrico, lo cual se podría lograr con un esfuercito en el cual puede ayudar la Nación. No se puede estar esperando una hora o media para que pase un colectivo, cuando pasa. Por otra parte, la ciudad tiene muchas pendientes, entonces el uso de la bicicleta es restringido.

—¿Cuál es la mayor complejidad para elaborar y ejecutar políticas de energías alternativas?

—En Paraná, los edificios públicos, por lo menos, debieran tener paneles solares. Entre Ríos tiene muy buena radiación solar, aunque no tiene viento. Hay que equilibrar el país con diferentes fuentes.

—¿Se han abaratado lo suficiente estas tecnologías?

—Sí, mucho. Hacer los molinos de viento en la Patagonia costó muchísimo, mientras que ahora es más barato que hacer una central hidráulica o térmica.

La ciudad que no puede archivar; 1520 y una charla

Ante la negativa a recibir las donaciones que pensaba hacer, por parte de responsables de distintos espacios donde se supone que se deben preservar libros y documentos, el ingeniero Prevedel recibió la propuesta de dar una charla sobre los contenidos de los mismos y sobre los cuales se explaya.

—¿Cómo encontró los libros y documentos que le motivaron dar la charla recientemente?

—Como ve (risas; señala el cesto) estoy tirando muchos papeles, encontré esa caja con libros y papeles que traje de España en 1957 cuando la beca (la señala), comencé a releer y me pareció muy bueno, así que decidí conservarlo porque me trae recuerdos.

—¿En torno a qué versan?

—Hay folletos sobre la vida de exploradores e intelectuales. Le dije a Rubén Clavenzani (director del Museo Histórico Provincial) si los podía recibir para la biblioteca, pero me dijo que está llena de polillas y sin bibliotecario. Tampoco me los reciben en la Biblioteca Popular ni en el Archivo Provincial, porque dicen que “no hay lugar”. Entonces me ofreció dar una charla con una síntesis de lo leído y la organizamos.

—¿Síntesis de qué tipo?

—Histórica, de 1520, cuando comienza la conquista de América con la toma de la capital azteca, el imperio europeo de Carlos I (emperador del Sacro Imperio Romano Germánico) cuya extensión nunca fue superada, ni siquiera por los romanos; Copérnico, con su estudio sobre el movimiento de la Tierra, cuando se dan cuenta de que es redonda y de que gira alrededor del Sol; Miguel Ángel y Rafael, en el arte…

—¿Antes leía Historia?

—Me gusta, y también la de Argentina.

—¿Descubrió algo interesante que desconocía?

—Algo realmente impactante fue que en 1520 el rey de Inglaterra (Enrique VIII), quien tenía seis esposas y seis amantes, buscaba el hijo varón y no aparecía. Con la última de las amantes, Ana Bolena, al no poder tenerlo, le hizo cortar la cabeza. Era un rey despótico, inmoral y cruel, se peleó con el Papa y fundó la Iglesia Anglicana. En cuanto a la conquista reflexioné sobre qué hubiera pasado si Inglaterra se hacía poderosa y no solo tomaba Norteamérica sino todo el continente. No fue porque España era un gran imperio.

—¿Cuál fue el título?

—“¿Qué pasó hace 500 años?”

—¿Qué pasaba con la ingeniería hace 500 años?

—Algo importante es que para poder explorar necesitaban buenos barcos y en esa época fue precisamente el desarrollo de la carabela, perfeccionada por los portugueses. Eran grandes barcos, denominados naos, al punto que Colón en el segundo viaje lleva caballos que no se conocían en América, útiles para la conquista al igual que el acero.

—¿Cuál es la primera obra hidráulica considerada de mayor relevancia en la Historia?

—La hidráulica, a través de los acueductos, comenzó con los romanos.

—¿Va a preparar otra charla?

—A los 90 años no pretendo que me llamen. Si encuentro otro cajoncito, puede ser (risas).