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Martes 22 de Mayo de 2018

Adiós, José o de cómo nacen los artistas y los payasos

La última función de José "Pepe" Podestá en la ciudad de Paraná.

Cuando el reloj de sol deja transcurrir la sombra desde un cuadrante a otro, se torna en irreversible e inasible. Pero también una creación: nace allí el pasado. Y como en algunos casos vale la pena intentar el milagro de los renacimientos es que aparecen los pulsos de historias como algunas, como esta donde la presencia de personajes que en su momento acariciaban el acceso a la mitología, he aquí un recuerdo. Una rémora. Un azar. Al final de cuentas, una historia.

De cómo nacen
los artistas y los payasos
Los Podestá eran muchos, es verdad. Hijos de genoveses habían nacido indistintamente en Buenos Aires o en Montevideo. Cuando las luchas intestinas nacionales (esas que nunca terminan) hacían temer por la vida de los inmigrantes, los Podestá se cruzaban al Uruguay por un tiempo, hasta que las cosas se apaciguaban. Y en una de esas migraciones de costa resultó nacido en Montevideo José Juan alias "Pepe" Podestá un día 6 de Octubre de 1858. Era un día miércoles. No sabemos exactamente la hora.
Pero sí que aquel "Pepe" crecería entre los asombros y los arcos iris de los niños, entre las ilusiones y las magias, entre los imposibles y los deseos, entre alucinaciones y felicidades. Casi como deberían crecer todos los niños del mundo de todas las épocas...pero esa es otra historia. Lo cierto es que "Pepe" Podestá se metía entre los asistentes a los circos europeos que visitaban Montevideo, y allí (en la fascinación de los equilibristas, ecuyeres y magos) iba dando forma a aquello que el destino le había preparado: el circo criollo y la actuación. Con el resto de sus hermanos improvisaban actos y acrobacias, y en los patios de tierra de la patria uruguaya daban funciones de inaudito circo. Era el nacimiento de los artistas
Pasando sus tardes entre la urgencia del yugo de los días y la inminencia de las funciones circenses, sucedió el día en que las cosas están escritas. No por ello debe ser tan grave o complicado, porque el hecho es que en el circo faltó el payaso. Puede faltar hasta la carpa, pero el payaso...sería un celebérrimo desastre.
El circo se llamaba Arena, los actores eran los hermanos Podestá (José, Jerónimo, Pablo y Antonio) y el payaso que faltó se perdió en el anonimato. Pero el que improvisó y para siempre era José. O Pepe. O "Pepino" que es el diminutivo de "Pepe". Dicen que unas sábanas que andaban por allí y dos cortes de tela hicieron su disfraz. Dicen eso, para mi es el nacimiento de los payasos.

Su paso por Paraná
Los hermanos Podestá anduvieron muchas veces por estos pagos. Con su famoso circo, representando al aclamado "Juan Moreira" e incluso a nuestro "Calandria ", creación de Martiniano Leguizamón que los Podestá llevaron al circo criollo costumbrista. Ya hemos hablado de ellos en otras notas de este suplemento (ver edición del 2 de noviembre de 2014) y en particular de José.
Si bien en aquel momento (1926) ya le decían "El viejo", hablamos ahora de unos años después, concretamente de 1930. Meses difíciles en un año para olvidarse, porque justamente unas semanas antes había sido depuesto Hipólito Yrigoyen. En la convulsión y el apasionamiento destructivo, en la sinrazón y el festejo del odio... "Pepe" Podestá llegaba a la ciudad con su compañía de teatro.
Podría haber sido una presencia más, quizás intrascendente para esta nota. Podría pero no lo es porque en verdad se trataba de la última de las funciones que llevaría a cabo José, "Pepe", "Pepino" o "El Viejo" ya que después de esta gira se retiraría de la actuación.
Vaya pena para las tablas y los escenarios, perder un baluarte hace tambalear cualquier estructura.
La función se anunciaba el 14 de octubre de 1930, apenas acallados los gritos y vítores de la barbarie. Comenzaba el oscuro tiempo del fascismo y la intolerancia institucionalizada pero esa también es otra historia.
Podestá y su compañía se presentaron en doble función. En el familiar de las 18 (una costumbre que ha desaparecido) presentaron "El compromiso de Marta" y luego "Gran Fiesta Criolla" con bailes y canciones nacionales adicionándole un pericón de cierre.
Y a la noche en función de las 21.15 presentarían "La chacra de Don Lorenzo", una obra en seis actos y versos. El lugar elegido era un espacio que también ya murió: el cine teatro Palace, que estaba ubicado en calle 9 de julio, luego llamado Cine Select, después Atlas y hoy en día sus lejanas 600 butacas se utilizan en un Iglesia Universal.
Vaya uno a saber lo que circula en la mente y el espíritu de una persona que deja atrás el telón de sus años, la vitalidad de sus historias, el contacto cómplice. ¿Qué habrá pensado "Pepe" a sabiendas de subirse al escenario para despedirse? Es fácil despedirse cuando el crepúsculo es un nuevo día, las dificultades aparecen al cerrar los ojos sin cenit.
¿Cómo habrá pasado su última noche como actor "El viejo" Podestá? ¿Se habrá arrepentido? ¿Habrá pensado en el mito de la eternidad y su ineficacia entre los seres humanos? Vaya uno a saber la agonía de los preludios.
La compañía de los Podestá tuvo un gran éxito, y era de esperarse. Don José se retiró de la actuación pero su inquietud de artista y payaso le requeriría otro esfuerzo: escribir sus memorias.
Pasó sus últimos años escribiéndolas, y por fortuna aún puede hallarse su obra titulada "Medio Siglo de Farándula". Don José falleció en 1937. Para mí, es otro nacimiento de los payasos y los artistas.

Reloj de Sol
De todas las formas de medir el tiempo y el plazo de las horas, el reloj de sol es el único que nunca puede volverse atrás.
Las agujas, las arenas o las clepsidras pueden ser reversibles pero en el reloj de sol eso es imposible. Por eso, porque es necesaria la complicidad de los seres humanos para recuperar el tiempo ya pasado y porque las historias ameritan el renacimiento. Y porque la única manera de permitir la inmortalidad de los sucesos es absolver al olvido...

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