Hoy por hoy
Miércoles 20 de Diciembre de 2017

A la razón de mis enemigos

Un día antes del aniversario del asesinato del uruguayense Pocho Lepratti a manos de fuerzas policiales santafesinas, sus colegas bonaerenses junto a Gendarmería, la Policía Federal y los infaltables servicios, desplegaron una feroz represión alrededor del Congreso. Gentes del común, entrerrianos que participaron en la multitudinaria marcha pueden dar fe de eso. Y de dos cosas más. Una inmensa mayoría protestó pacíficamente contra lo que, piadosamente llaman, Ley de Reforma Previsional, que no es más que un saqueo a las arcas del común de los ciudadanos, de los jubilados y de los que se jubilarán en un futuro.
Las imágenes de los canales de televisión se centraron en 100, 200 o 300 tipos, en su mayoría jóvenes, enfrentando a piedra limpia a policías. Esas fotos, como siempre, mueven a la indignación de todos, al repudio de la violencia de manera inmediata, aniquilando cualquier fundamento y desviando el foco de atención a lo que la origina. Así, dentro del recinto, empleados públicos (eso son los diputados/as) votaban en favor de la ley, divirtiéndose y gozando de aire acondicionado y de dietas inalcanzables para cualquier mortal de a pie. En esta semana, parte de la clase política en el país se desprestigió aún más al darle la espalda a la gente, al reclamo que no pudieron tapar miles de piedras arrojadas por manos anónimas y de las otras, de las que cobran para arrojar.
Una simple recorrida por los canales de televisión volvía aburridas las imágenes. Todos centrados en lo mismo, las mismas piedras, las mismas caras. Cinco canales de aire repitiendo todo hasta el hartazgo. Mientras columnas de miles de manifestantes dejaban la calle en paz, huyendo de lo sospechosamente violento, de lo sospechosamente armado. Y adentro, seguía la discusión. Se vino la noche, aparecieron las cacerolas en varios barrios, algunas repiqueteando camino a la Quinta de Olivos (¿será cierto que el Presidente jugó al padel cuando la presión estaba en su pico máximo). Y adentro del recinto la votación aprobó la quita. Derrota popular producto de la mano levantada afirmativamente de muchos empleados públicos que accedieron a esas bancas con el voto de quienes confiaron en ellos y traicionaron sin miramientos. Seguirán las cacerolas, los reclamos y la represión.
Y ahora pasamos al otro punto. Acaso sea muy cándido el planteo, de hecho de que si para los leguleyos, progres o encargados de prensa del gobierno, otrora comunicadores de la dictadura o “periodistas de guerra” en la muerte de Kosteski y Santillán (los muertos siempre del mismo lado). Si estamos en crisis, si el país precisa dinero para vencimientos de deuda que este gobierno tomó, ¿está bien que le robe unos pesos a los jubilados? ¿Por qué no va al grano derecho, donde está la billetera grosa y pega el saque de una vez y listo? Que acuda a los empresarios del campo, a sus amigos sojeros que cada vez gozan de menos retenciones y levantan dólares con más facilidad que sus cosechas. ¿Por qué no le pide a la minería una ayuda? Que escarbe en sus arcas como la tierra y devuelva un porcentaje de lo que extraen de nuestros suelos. ¿Por qué no cobrar las deudas que el Estado banca a muchos amigotes presidenciales y hasta de familiares, o mete mano en el famoso blanqueo? Y ya que estamos, recurrir a la plata del fútbol que ahora se paga. Ahí, seguro, hay mucho, pero mucho más, dinero que el que precisa el gobierno para hacer frente a sus deudas, porque, eso sí, las deudas se deben honrar (¿no es cierto, amigo progre?). Además, pidiendo ayuda a esos sectores no precisará represión.
Basta de represión, basta de poner los muertos en la calle para que nuestra gente viva mejor. No podemos, ni debemos, repetir la misma historia de siempre. Que las muertes que hemos sufrido no sean en vano. Y que no vengan más.
Zitarrosa cantó hace tiempo lo de hoy: “Hoy anduvo la muerte revisando los ruidos del teléfono, distintos bajo los dedos índices, las fotos, el termómetro, los muertos y los vivos, los pálidos fantasmas que me habitan, sus pies y manos múltiples, sus ojos y sus dientes, bajo sospecha de subversión... Y no halló nada…”. Solo hallaron gente de pie, común, reclamando lo que les corresponde. El resto, va para los indignados de siempre.

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