Secciones
A Fondo

“Z P”: ¿El terror de los paranaenses?

Miércoles 26 de Noviembre de 2014

José Amado / De la Redacción de  UNO
jamado@uno.com.ar

 

 

 

Uno de los personajes del año es, sin dudas, el adolescente conocido con el apodo del protagonista de una película: Z P (sus iniciales). El joven dio que hablar a propios y extraños, y fue caracterizado por la Policía y por medios de comunicación como un “menor de alta peligrosidad”. Cometió varios hechos delictivos, e incluso tuvo la capacidad para delinquir en lugares donde no estaba y en condiciones físicas imposibles, según le endilgaron, lo que evidencia sus facultades sobrenaturales.
Desde principios de 2014 cayó detenido en distintas ocasiones por robos, arrebatos, balaceras y otros hechos en la zona este de Paraná, por los cuales fue un asiduo visitante de la comisaría 12ª y la División Minoridad, y estuvo a cargo del Copnaf y del Juzgado Penal de Niños y Adolescentes. Alojado en hogares para “menores en conflicto con la ley” en Paraná y Concordia, se ha fugado con maniobras cinematográficas, o porque alguien le abrió la puerta.
En cada escapada lo vieron haciendo de las suyas, y también debió ser internado e intervenido en el hospital: primero, cuando recibió un balazo que le afectó su capacidad motriz (a la semana se fue de una institución para lo cual debería haber saltado un paredón); hace poco fue alcanzado por ocho proyectiles y sobrevivió. En estas condiciones, nadie se explica cómo hizo para escaparse nuevamente de un hogar. Como si fuera poco, algún ingenioso le adjudicó el mote de Z P, por el sangriento personaje de la película brasileña Ciudad de Dios (2002), un joven de una favela que asesinaba sin parar. Con estos episodios y muchos más, Z P saltó a la fama y le dio letra a radios y noticieros de la capital provincial. No faltaron las comparaciones e informes especiales con imágenes escalofriantes de la película y una tenebrosa cortina musical. De esta manera, Z P (un metro setenta, cincuenta kilos cuando mucho) se convirtió en el culpable de todo, el terror de los paranaenses.
El último episodio fue la semana pasada, mientras permanecía prófugo de la Justicia, tras la citada fuga con ocho agujeros en el cuerpo. Cuando parecía que el chico iba a burlar una vez más a la maquinaria represiva del Estado, lo encontraron en su guarida en barrio Jauretche. En una emisora anunciaron: “La Policía tiene rodeado a Z P”. El pibe, que será terrible pero no zonzo, no se quiso entregar a las tortugas ninjas armadas, por lo que un juez fue a negociar su detención. Que luego fue anunciada en un noticiero: “Cayó esta mañana el menor extremadamente peligroso, que protagonizó un sinnúmero de hechos delictivos”.
Fin del show.
En esos días, la Justicia demostró su hidalguía para con los derechos de los niños y adolescentes: prohibió a la prensa hablar del chico ni mencionar su apodo (¡un año después de que en todos los medios le dedicaran bloques enteros!). Por eso en esta nota se lo llama por las iniciales de dicho apodo.
Lástima que nadie en Tribunales se acordó de los derechos de Z P hace al menos cuatro años cuando las circunstancias de su vida y sobre todo el contexto de violencia y narcotráfico que reina en los barrios donde nació y se crió, le ofrecieron un único camino. Lástima que la Justicia no trabajó con el mismo énfasis cuando su padre fue asesinado y no halló al culpable. Lástima que nadie lo vio cuando a los 12 años comenzó a consumir estupefacientes y, luego, a robar para conseguirlos. Lástima, también, que a nadie le importó esclarecer la última balacera que casi lo mata ni detener a los autores que siguen libres. Lástima que se exige ahora respetar los Tratados Internacionales y las Reglas de Beijing de las Naciones Unidas, cuando el problema se torna un escándalo mediático. Lástima que preocupe más proteger el derecho a resguardar la identidad del chico en cuestión (que está bien) antes que los derechos a la educación, a la salud, a una niñez y adolescencia sanas, que en el caso de Z P fueron violados desde siempre y nadie se escandalizó.
Ahora que Z P está adentro, todos estamos más tranquilos. Salvo que a alguno se le ocurra cargarle los feroces tiroteos de los últimos días en el Lomas del Mirador, Jauretche, Hijos de María y Paraná XX.
Entre algunos medios e instituciones crearon el temible monstruo. A pocos se les ocurrió pensar qué pasaba y cuál era la historia de  Z P ni observar que el pibe, como tantos otros, es el resultado lógico de un sector de Paraná postergado, sumido en la violencia y la disputa de bandas narco.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario