Veinte años es mucho tiempo
Cuando nuestra selección dé el puntapié inicial para comenzar su participación en Brasil 2014, se estarán cumpliendo también dos largas décadas de un luctuoso hecho que los paranaenses no debemos olvidar: la desaparición de Héctor Gómez y Martín Basualdo.

Miércoles 11 de Junio de 2014

Me veo tentado de afirmar, parafraseando a John Lennon, que la vida es aquello que sucede mientras esperamos el próximo Mundial. Varios acontecimientos de nuestras biografías suelen quedar en la memoria íntimamente relacionados al evento futbolístico por excelencia, que se presenta como una evidencia incontrastable del paso del tiempo. “¿Cuatro años ya? La puta madre”, suele ser la frase que muchos lanzamos cuando una nueva Copa del Mundo interrumpe nuestro letargo.

En estos días el fútbol, preocupación excluyente y protagonista por excelencia de todas las conversaciones, es también la medida del tiempo. La facilidades que brindan las nuevas tecnologías, particularmente YouTube, son el complemento ideal para curiosos y nostálgicos que, como yo, nos martirizamos de vez en cuando con el partido de cuartos de final frente a Alemania en 2006 o gozamos con los penales a Inglaterra en 1998.

Yendo un poco más atrás, vemos a Maradona sonriente, saliendo de la cancha escoltado por esa blonda enfermera minutos antes de que le corten las piernas, y es imposible no preguntarse y repreguntarse qué hubiera pasado en aquella copa si Diego seguía. Y de vuelta, casi por asociación libre, una evidencia abrumadora: mientras el Diez daba esos pasos en tierras norteamericanas, el otro 10, en algún lugar de Rosario, miraba el partido con tan solo 7 años. Y Agüero, Di María e Higuaín, que como yo recién habían empezado la escuela, ni siquiera deben haber podido pronunciar correctamente la palabra efedrina.

“Puta, cuántos años”, pienso de nuevo.

Pasaron 20 años y es mucho tiempo, casi una vida. Basta hacer aquel simple ejercicio para tomar conciencia de la cantidad de agua que corrió bajo el puente, ya sea en lo individual o en nuestra historia colectiva como país. Y no es de fútbol de lo que quiero hablar en esta oportunidad. Porque cuando nuestra selección dé el puntapié inicial para comenzar su participación en Brasil 2014, se estarán cumpliendo también dos largas décadas de un luctuoso hecho que los paranaenses no debemos olvidar: la desaparición de Héctor Gómez y Martín Basualdo, quienes el 16 de junio de 1994 fueron vistos por última vez en esta ciudad.

Los dos jóvenes salieron de La Floresta esa mañana de otoño y ya nadie los volvió a ver. Según se supo después, habían ido primero a la sede del Instituto de Obra Social de la Provincia de Entre Ríos (Iosper), donde buscarían leche para el hijo recién nacido de Héctor. Desde allí tenían previsto asistir a una entrevista de trabajo, a la que no se pudo establecer si llegaron a concurrir. Desde entonces, nada más se supo de ellos.

La causa judicial que investiga su paradero no reunió datos suficientes y fue archivada. La madre de Martín, Isabel Basualdo, viene luchando para poder establecer qué sucedió con su hijo, conocer el paradero de sus restos y lograr que la Justicia actúe y reúna pruebas para hallar a los responsables.

Existen indicios de que los jóvenes fueron víctimas de violencia institucional y que miembros de la Policía entrerriana estuvieron implicados en su desaparición. Sin embargo, el paso del tiempo y el silencio fueron aliados de la impunidad, llevándose la posibilidad de arribar a la verdad y hacer justicia.

Veinte años, a pesar de lo que dice el tango, es mucho tiempo, sobre todo cuando se habla de una ausencia. Por eso sería importante que, más allá de la fiebre mundialista, podamos detenernos a recordar a Gómez y Basualdo y exigirle a las autoridades judiciales que hagan su trabajo. Para que sus familiares, y particularmente la incansable Isabel, tengan de una vez por todas a dónde llevar una flor en los próximos aniversarios.