Viernes 03 de Mayo de 2013
Esta es una historia menor, ocurrida en una fast food de Utah, en los EEUU. Nunca se hubiera conocido si la imagen no hubiera sido publicada en Facebook, donde se viralizó.
Lo que se ve a una nena besando una hamburguesa. Se llama Arianna, de 7 años y tiene autismo. Allí había llegado con su hermana mayor Anna Kaye MacLean, empleada de una aseguradora, y su esposo. La pequeña Arianna, la noche anterior, había dormido en la casa de Anna y ésta con su marido la llevaron a desayunar un local de comidas rápidas cercano.
Allí los atendió la empleada Lauren Wells, quien los saludó así: “Hola, bienvenidos a Chili’s; mi nombre es Lauren y seré su mesera”. Para entonces Arianna ya había hecho su pedido: leche chocolatada, una hamburguesa con queso y pepinillos y una orden de papas fritas.
MacLean observó sorprendido como su hermana comía las papas fritas, pero no la hamburguesa. Entonces le preguntó qué ocurría. “No, no la quiero”, respondió Arianna. “Está partida. Necesito una que esté arreglada”.
Lo que sucedía es que esta casa de comida por protocolo corta las hamburguesas infantiles por la mitad para asegurarse de que la carne se haya cocido bien. Por eso estaba “partida”, como dijo la pequeña Anna.
Cuando Wells regresó a la mesa, vio que Arianna estaba llorando y le preguntó qué ocurría.
MacLean no menciona la condición de su hermana a menos que la situación así lo imponga. Y esta era una de esas. Así que explicó discretamente a Wells que Arianna tiene autismo y dijo que quería pagar la hamburguesa adicional. En vez de dirigirse a MacLean, Wells se inclinó hacia la niñita y le habló directamente. Le dijo: “¡Oh, cielos! ¡Te traje una hamburguesa rota! Te traeré una nueva”.
Arianna dejó de llorar a los pocos segundos. MacLean estaba particularmente conmovida y dijo que la interacción de Wells con su hermana era algo que nunca había vivido antes. “La mayoría de la gente no sabe cómo interactuar con un niño con autismo por miedo y por falta de conocimientos, así que usualmente interactúan solo conmigo”.
Wells, la mesera, se graduó de la Universidad de Utah el año pasado. Se tituló en Psicología y espera hacer trabajo social con niños. También tiene un familiar con autismo y dijo que, aunque pensó que era posible que Arianna tuviera autismo, nunca asume nada.
“La traté como a cualquier otro niño que estuviera llorando, pero en su caso era diferente”, dijo Wells. Se acercó a su gerente, Brad Cattermole, quien le dijo que con gusto cambiarían la hamburguesa rota por una nueva.
También Cattermole fue a la mesa y habló con Arianna para ofrecerle otra disculpa. “Supe que te dimos una hamburguesa rota y lo lamento. Estamos preparándote una nueva, pero déjame traerte unas papas fritas mientras esperas”.
MacLean dice que la interacción fue especial. “Fue grandioso porque fue muy íntimo. El gerente no trató de ser ruidoso ni de que nadie más se enterara de su presencia. Fue muy, muy privado, muy íntimo”, dijo MacLean.
“Tratamos de que cada mesero se relacione individualmente con cada mesa y Lauren es asombrosa para establecer una conexión con nuestros invitados”, dijo Cattermole en una entrevista vía telefónica con CNN.
MacLean notó que, sorprendentemente, Arianna no estaba molesta por la hamburguesa. “Fue muy extraño porque usualmente eso hubiera provocado un colapso enorme”, dijo MacLean, y explicó que un colapso típico incluye berrinches, tirarse al piso y gritar; a veces se vuelve tan violento que podría lastimarse.
“Creo que lo que impidió el colapso fue que Lauren y Brad hablaron con ella. No hablaban conmigo, sino con ella”.
Pocos minutos más tarde, cuando llegó la nueva hamburguesa, Arianna la miró por unos momentos antes de exclamar: “¡Oh, te extrañé!” y besó la parte superior del pan.
MacLean tomó rápidamente una foto y la mostró a Wells, quien se alegró y, con una sonrisa de oreja a oreja, preguntó si podía mostrarle la foto a sus compañeros y a su gerente.
MacLean dice que reconoce el buen servicio cuando lo ve y decidió compartir su historia en la página de Facebook de Chili’s.
MacLean espera que esto ayude a que la gente reconozca que no todos los niños que gritan en un restaurante son malcriados incontrolables.
“Aunque nunca habíamos tenido una experiencia personal como esta, conocemos personas a las que les han pedido que abandonen el restaurante cuando su niño con autismo empieza a salirse de control. Es desgarrador”, dijo MacLean.
MacLean ha leído los cientos de los comentarios a su publicación en Facebook; algunas de las personas que comentaron reconocieron que nunca habían pensado en algo así cuando encontraban a un niño gritando en un restaurante.
Ella espera que la próxima vez que vean a un niño comportarse de una forma un poco diferente simplemente piensen: “Tal vez tiene autismo; tal vez haya algo más de lo que se ve a simple vista”.
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