A Fondo

Un recorrido que nos describe

Lunes 02 de Marzo de 2015

Miguel Abel Zuttión / De la Redacción de UNO
mzuttion@uno.com.ar

 


Nadie puede dudar que los tiempos han cambiado y con ellos también un sinfín de acciones cotidianas que asumíamos, desde muy chicos, como buenas costumbres.


Los que transitamos los 40 pirulos, otros con más o menos en su haber, tenemos grabadas ciertas normas no escritas, pero sí presentes en nuestra niñez, que con el correr de los años se han perdido y vaya a saber uno porqué.


Traigo a colación toda esta introducción para expresar mi asombro y porqué no mi descontento con ciertas circunstancias que a diario nos pintan de cuerpo entero. Y aquí no quiero hacer culpable a los más jóvenes, lejos está mi narración de exponerlos y condenarlos. Sí, reflexionar sobre todo lo que se ha perdido y que la sociedad ha naturalizado, lo que antes, era tomado como una descortesía o una situación de mala educación. Será que lo aprendido con rigurosidad y mucho empeño por parte de nuestros padres no lo hemos podido transmitir, de la misma manera, a las nuevas generaciones.


Recuerdo, que en los viejos colectivos de la década del 80, los Ford 7000 o los Mercedes Benz 1114, que recorrían las calles de Paraná, con colectiveros que hacían malabares para cortar el boleto, recibir el dinero y dar el vuelto, abrir y cerrar la puerta, pero además, maniobras con esta unidades que tenía poco radio de giro –desconozco si tenían dirección hidráulica– pero sí mucho fileteado, parte de la moda de esos días.


Por esa época era un pecado, condenado por miradas propias y extrañas, cuando una mujer embarazada, señora o señor blanco en canas, o aquel que presentaba dificultades motrices abordaba el colectivo y los más chicos no cedíamos nuestros asientos. Eran situaciones comunes que llevábamos con mucho respeto, que pretendíamos replicar con acciones que nos enorgullecían y que los mayores nos inculcaban con toda seriedad.


Así puedo también decir que los varones le cedían el paso a las damas a la hora de descender del colectivo o al momento de subir en él, en otra de las tantas cualidades de caballerosidad y que a medida que uno iba creciendo adoptaba e imitaba para ingresar a esa destacada membresía que se heredaba con ejemplos concretos y muy nobles.


Los chicos de hoy, en muchos casos ignoran numerosas situaciones de convivencia que se han desvanecido sin explicación alguna. ¿Qué ha pasado? ¿Qué se hizo mal? Será que la cotidianidad nos empuja a naturalizar ciertas acciones que años atrás habrían sido reprobadas por nuestro círculo íntimo.


Y se me viene a la memoria un diálogo -diría yo común para esta época- en uno de los tantos recorridos de estas modernas unidades que forman parte del paisaje urbano paranaense. En el último asiento, una joven que no superaba los 25 años, sostenía una conversación telefónica con una amiga -una tal Boluda o Marce (entiendo que su nombre de pila era Marcela) y ante no más de cinco testigos casuales. En un viaje de regreso luego de una jornada larga, la charla en cuestión describía su romance (se dice ahora: touch and go).


En el largo contacto teléfonico, su relato desnudaba su vida privada y su interlocutora (Marcela), pedía más precisiones sobre la relación. La circunstancial pasajera describía con lujos de detalles su loca noche, sin percibir, o tal vez sí, que había extraños a su lado. Y que según ella terminó con un flaco (un tal Quique, si no me falla la memoria) que le rompió la cabeza y que la persigue en el Facebook y  la acecha en el WatsApp. ¿Qué tal? 


Muchas más precisiones no tengo, dado que en una esquina abandonó el recorrido y con ella la continuidad de la historia, que durante no menos de 20 minutos tuvo en vilo a los pocos pasajeros y hasta el propio chofer del interno, que ha esta altura no viene al caso.


No busco en este espacio idealizar el pasado, tampoco sacrificar el presente, para condenar el futuro.


En estas líneas busco trasladar mi experiencias, abordar un simple análisis para conocernos más profundamente como sociedad y saber que si estamos donde estamos, por algo será. Será hasta la próxima.

 

 

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