Sobre el andamio, solo el silencio

Lunes 28 de Septiembre de 2015

Pablo Felizia / De la Redacción de UNO
pfelizia@uno.com.ar



Cada tanto me encuentro con una noticia que vuelve a presentarse como cosa común, pero al hacerlo voy en la búsqueda inmediata de las mismas palabras. Es instantáneo, como un acto reflejo, una defensa, una oración que rezo de despedida; un saludo anónimo y a lo lejos. El dato es lo que cambia como particularidad de la información brindada, pero el hecho parece suceder una y otra vez a lo largo del tiempo, así se repite constante esa muerte anunciada desde el andamio.

A juzgar por los datos aportados, esta vez el hombre tenía 52 años y trabajaba el sábado a tres metros de altura. Desde ahí cayó Ramón Alberto Méndez. El texto con la información que circula es corto, escueto y parece no alcanzar. Solo anuncia eso, la caída desde el andamio. Dicen que lo llevaron al Hospital Santa Rosa de Villaguay, pero por las heridas lo trasladaron a Concordia, aseguran que murió en el camino. Es ahí, en ese instante, cuando vuelvo a esas palabras que busco. De no hacerlo me embargaría una sensación de estar en falta, porque siempre entendí que un obrero de la construcción que muere en su trabajo representa a todos los albañiles posibles; esos que la mayoría de las veces se suben, por necesidad, a estructuras que se mueven y sobre tablas pasan las horas. 

Entre 1956 y 1958 Juan Gelman escribió en el libro El juego en el que andamos, dos poesías presentes, esas que junto siempre con la noticia. “Ni el vino fuerte de los mediodías/ tomado al viento./ Ni la escalera, el sol, el aire./ Sobre el andamio está de pie el silencio”, escribió entonces. 

Solo queda pensar en qué medidas de seguridad quedaron ausentes esa tarde del sábado, como tampoco estuvieron en cientos de tardes anteriores y esto es independiente de lo que haya ocurrido en verdad. La noticia aclara que al momento investigan lo sucedido, pero eso, más allá de la caída particular, ya fue escrito mil veces.   

Accidente en la construcción es otro de los poemas de ese mismo libro publicado por primera vez hace medio siglo atrás. “Ellos están encima ya del aire,/ alguno/ termina de silbar lo comenzado”, escribió Gelman y ese texto, apenas un puñado de palabras, termina como si fuera un epitafio que aparece otra vez cuando cualquier albañil cae desde el andamio: “En silencio construyen/ su eternidad: el pueblo que no olvida”.