Ser humano
Una mujer de 32 años murió tras dar a luz a mellizas que nacieron a la intemperie, sobre piso de tierra en Chaco. Los pueblos originarios resisten al sometimiento, al hambre y a las enfermedades con que se los acorrala, año tras año.

Sábado 10 de Mayo de 2014

Hace tres semanas, una mujer de 32 años de la comunidad wichí murió en Chaco tras dar a luz a mellizas. Sus hijas no nacieron en un hospital, ni siquiera en la cama de una habitación: el alumbramiento fue a la intemperie, sobre el piso de tierra, sin un techo que la cobije. Se llamaba María y era madre de 10 hijos más, todos pequeños.
Previo al parto la mujer se descompensó y alguien atinó a llamar a una ambulancia, pero la asistencia nunca llegó. Las chiquitas nacieron y estuvieron largo rato junto al cuerpo sin vida de su mamá. La ayuda llegó recién luego de que una paranaense le pidió a un conocido que vive en Miraflores, a 17 kilómetros del paraje donde María vivía junto a su familia, que fuese personalmente al centro de salud a pedir que los auxilien.
Hoy las pequeñas están internadas en un nosocomio de Castelli, una localidad ubicada a 51 kilómetro del lugar donde nacieron, pero a su madre se le negó la oportunidad de vivir.
Una vez más, un integrante de alguna de las tantas comunidades aborígenes se encontró con la indiferencia de un sistema que les da un nombre y un apellido pero que vulnera sus derechos más esenciales.
Son muchos los descendientes de los habitantes originarios que viven en condiciones infrahumanas, librados a su suerte. No tienen sistemas de contención, más allá de las organizaciones no gubernamentales que aúnan sus esfuerzos y procuran brindarles los soportes que el Estado les niega o por lo menos no se preocupa en hacer efectivos.
Resulta paradójico que a la par de que se crearon organismos que tienden a la inclusión de estos pueblos se siga mirando para otro lado cuando esto pasa. Hablar de genocidio puede parecer exagerado y cada cual puede sacar sus conclusiones, pero si se toma la definición que indica que el término se refiere al “exterminio sistemático de un grupo humano por motivos de raza, religión o política”, bien puede encajar este vocablo para ponerle un nombre a esa realidad que se pretende invisibilizar.
En el siglo XIX los ingenios que operaban en las provincias del noreste necesitaron de los habitantes originarios para el trabajo duro en los campos y los esclavizaron. Sin embargo, ahora estas comunidades molestan al modelo de cultivos transgénicos. Son un estorbo para quienes se enriquecen con una actividad que arruina la tierra y arrasa con los montes nativos.
En la actualidad los pueblos originarios resisten al sometimiento, al hambre con el que se los acorrala y a la desnutrición; al mal de chagas, la tuberculosis y otras enfermedades, y también a la falta de atención médica; a las vejaciones, la humillación sistemática y los ataques; a la violencia y a las armas; a la miseria y la deshumanización que se les impone.
Las denuncias sobre asesinatos, violaciones y ataques a integrantes de las comunidades que viven en el Impenetrable chaqueño y formoseño son reiteradas, pero quedan impunes. En 2011 mataron al líder de los qom Mártires López y el caso hasta hoy no pudo ser resuelto.
En junio del 2013, hace ya casi un año, el papa Francisco recibió en el Vaticano al sucesor de López, Félix Díaz, quien le pidió que interceda ante la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para que se reúna con el sector y resuelva los conflictos de los pueblos originarios.
Nada ha cambiado. Los agresiones se siguen suscitando con una impunidad obscena. Incluso hay ONG que alertan sobre acciones que tienden a desbaratar su labor, robándoles a punta de pistola las donaciones que llevan.
Por suerte no bajan los brazos y siguen trabajando para revertir la indigna situación a la que son sometidos los habitantes originarios. La conmoción que provocó la muerte de María movilizó la sensibilidad social a tal punto que llegó ayuda de distintos puntos del país. Desde Paraná, la Fundación Propuesta Solidaria hizo una convocatoria que generó respuestas inmediatas en diferentes ciudades y provincias. Es una de las tantas agrupaciones que afortunadamente se multiplican y siguen trabajando para aportar esperanza frente a tanta desidia. En julio regresarán a los parajes de Techat, en Chaco, para llevar más ropa, comida, agua leche en polvo y juguetes para los chicos a los que les quieren robar la niñez, ante tantas miradas cómplices.