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Se impone la necesidad de cambio

Sábado 15 de Noviembre de 2014

Como sucede semanalmente UNO vuelve a plantear como consigna para sus lectores una cuestión popular. Porque por más que en Paraná se juegue casi siempre -por suerte quedan algunas excepciones- con canchas vacías, el fútbol y los clubes que son parte de la Liga Paranaense de Fútbol siguen despertando pasión. El diario de mayor alcance incitó a sus lectores para que envíen inquietudes para potenciar al más popular de los deportes en el ámbito doméstico.
Un sinfín de propuestas llegaron a la redacción proponiendo cambios de nombres tan necesarios, inevitables e impostergables como la variación profunda de la mentalidad dirigencial. Si es verdad que la Liga es de los clubes, son sus directivos los encargados de impulsar el cambio. En sus manos está la posibilidad de variar la ruta que viene conduciendo a fracasos continuos que no se logran maquillar con los logros individuales de Patronato, Atlético Paraná y Belgrano. El resto de los clubes no logra escapar de la mediocridad deportiva que los viene envolviendo de un tiempo a esta parte. Sus alegrías o desilusiones futboleras en el ambiente local o en la esfera de los deficitarios certámenes organizados por el Consejo Federal, dependen de la capacidad y el entusiasmo de un grupo de jugadores empecinados en lograr un triunfo que les permita trascender, al menos en los medios. Estos futbolistas amateurs y voluntariosos jamás tienen el respaldo de un proyecto institucional.
Hay muchas cuestiones por modificar y que están por encima de cualquier apellido. Aquellos que tomen las riendas de la Liga en marzo de 2015 deberán comprender la necesidad de no seguir contando con clubes carentes de infraestructura adecuada y de un sustento económico que le permita iniciar y terminar un competencia. No como en la actual temporada, donde por falta de cumplimientos de compromisos con la tesorería liguista varios equipos no fueron fixturados. El tema no es nuevo, es repetitivo. No cansa, pero fatiga.
No es mentira que los costos de organización de un partido de Primera son elevados. Entonces sería bueno que se debata la manera de abaratarlos y apelar al ingenio para poder cumplir con los mismos. Si no es viable, no es una deshonra decir: “No participamos”.  Dejar la categoría máxima y prestarle más atención a las divisiones menores.
El aporte del Estado siempre es bueno, pero no debe cargar con las incongruencias de algunos ilusos que amparan sus reclamos en el verso cada vez menos creíble de “brindar contención social”. Dónde está la contención, si en la mayoría de los clubes, por no decir todos, el que no paga cuota societaria, o no se compra la ropa y calzado: ¡No juega!
El cóctel dirigencial futbolero de Paraná, con escasos casos contrarios, incluye a aquellos que desde lo deportivo pretenden hacer una carrera política. Otros plantean a los juicios contra sus clubes como un problema, para luego transformarlos en un negocio del que son parte. Son pocos los que sacan plata de su bolisllo por amor a la camiseta.
Como asistente al fútbol liguista desde el año 1976 y luego en mi condición de periodista deportivo formado mayormente en las canchas del fútbol de la Liga Paranaense, soy partidario de un cambio profundo en que se prioricen las ideas por encima de los nombres.

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