¡Salud Hétor! Y gracias por tu sencillez

Miércoles 16 de Septiembre de 2015

Daniel Caraffini / De la Redacción de UNO
dcaraffini@uno.com.ar


La esquina de calles Santiago del Estero y General Urquiza ayer perdió su alma. Un pequeño cartel en la vieja puerta de madera advirtió al barrio que nada era igual, que ayer todo era distinto. Se fue El Hétor, sin dudas, uno de los personajes de Paraná más queridos, más sanos, más conocido y reconocido por generaciones que no solo pasaron por el lugar: compartieron momentos con los permanentes parroquianos, charlas de fútbol, de política, de café. 

El bar atravesó cinco décadas, y en todo ese tiempo dispensó lo que hoy es difícil de encontrar en otros lugares de reunión: un verdadero culto a la amistad, al valor y respeto por el otro, donde se comía bien, mucho y barato, como en casa, donde el tiempo se disfrutaba, y no pasaba.

Y así, imprevisto, se fue El Hétor. Tal vez porque no pudo soportar la reciente pérdida de su mamá, con quien vivía en la casona. Víctima de una enfermedad incurable detectada hace unos tres meses, la luchó y cuando parecía que se sobreponía, volvió a emerger con dureza y lo obligó a ser internado en el sanatorio La Entrerriana. Dolorido, su hermano Manolo –además, su vecino–, contó a UNO que permaneció unos ocho días en Terapia Intensiva, hasta que ayer, cerca de las 6.30, su cuerpo dijo basta. Familiares y amigos lo despedían ayer en la sala velatoria de Lampertti, y sus restos serán inhumados hoy a las 8.30 en el cementerio municipal de Paraná.

Generaciones de paranaenses y de estudiantes que llegaron a la ciudad no olvidarán las previas en las noches de viernes y sábados, o los sandwich de milanesa a 1 peso, las mesas reunidos en torno al televisor para ver los partidos de fútbol codificados, las charlas y discusiones de los grandes, por política, por fútbol o por la cantidad de huevos que lleva una tortilla. Porque el lugar fue un ícono en los años 90.

Su estilo bonachón no era apariencia; por eso fue tan querido y será también recordado, detrás del gran mostrador, pero yendo y viniendo al fondo para buscar la comida solicitada por los asistentes. Al mediodía o a la noche, hasta la madrugada, todos los días había motivos para juntarse, brindar o charlar. La mayoría eran clientes habituales, pero siempre –y aún hoy– aparecían aquellos ocasionales.

Segundo de cuatro hermanos –dos mujeres y dos varones–, Héctor nació en Aldea María Luisa, el 13 de abril de 1946. Desde allí vino su familia Schonfeld, cuando tenía 2 años. Nada resultó fácil: tuvieron varios emprendimientos, siempre bares, en varios lugares, hasta que finalmente encontraron su lugar en el mundo, en la esquina de Santiago de Estero y Urquiza. 

El Hétor se hizo cargo del bar cuando falleció su padre, a los 48 años, cuando tenía 16 años.

Y la simpleza, sencillez, respeto, fueron las mejores armas comerciales para enfrentar los cambios que los bares y restaurantes fueron imprimiendo en los últimos años. Siempre tuvo a sus incondicionales.

El año pasado, con motivo de los 50 años del bar, mantuvo una extensa entrevista con UNO, que también lo distinguió como uno de los Destacados 2014. Una de los interrogantes, en esa oportunidad, fue cuál fue la clave para mantenerse? “¡Qué sé yo! Tal vez que la gente se sentía cómoda”, contestó.

Y en relación a cómo se las arreglaba para evitar inconvenientes cuando los chicos coparon el lugar, contestó:

“Te adaptás, todos eran muchachos buenos, educados, si había alguno que se pasaba, los otros le decían que se dejara de romper las pelotas. En los 90 venían muchas chicas, acá se trata a todo el mundo de la misma forma, igualmente uno va descartando, como hace unos días que vino a uno a quien le dije: Andá nomás, porque a vos no te atiendo. Una fruta podrida pudre todo. Hay que cuidar el ambiente”.

El bar del Hétor ya pertenece a la identidad paranaense, forma parte de su ADN, es un exponente de hacedores, de trabajadores.

Y seguramente no será sencillo para sus amigos ver el lugar, ya sin él. 

“Si un día no abro, me preguntan: “¿Qué te pasó, estabas enfermo?”. Tan querido como fue, será recordado. Salud, Hétor! 


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Feliz con lo que hacía, su clave para perdurar

Al lado del vicegobernador, José Cáceres, Hétor ilustró la portada gráfica de Diario UNO de Entre Ríos entre los Destacados de 2014.

En la reunión, recordó: “Florencio Tisotto, Oscar Boldobé y Héctor Vicentín son los primeros que tuve de clientes y gracias a Dios viven todavía y de vez en cuando se dan una vueltita”.

“Nunca imaginé que el bar iba a estar tanto tiempo, pero los años van pasando, uno va conociendo amigos que se juntan a charlar. Es un lugar de encuentros. Han pasado deportistas, jóvenes que venían en los 90 a hacer la previa antes de ir al boliche. Tanta gente”, dijo.

Y uno de sus deseos para 2015, seguramente haya sido una de las claves, una de las prácticas permanentes en su vida, que le permitió mantenerse 50 años al frente de un bar, y cosechar el reconocimiento de todos: “Deseo seguir con esto, que me hace tan feliz”. No quedan dudas  de que eso era así.