Razones desde Abya Yala Sur para nombrar el continente
Dirigentes principales de nuestros países ya se refieren a este suelo con su antiguo (y futuro) nombre AbyaYala, como lo hacen muchos pueblos. Aquí los fundamentos, en una fecha especial.

Domingo 16 de Septiembre de 2012

Daniel Tirso Fiorotto / Redacción de UNO

tfiorotto@unoentrerios.com.ar

El día que nuestros pueblos se quiten los ropajes culturales impuestos por la invasión europea y reproducidos por el sistema, y vuelvan los ojos a la honda historia de Abya Yala, bajarán el volumen al ruido de los centenaritos para escuchar la música de los “mileniazos”.

Claro que cada cosa tiene su importancia y sería un error desenfocar, pero hay que decir que detrás de la celebración de migraciones recientes suelen ocultarse las persecuciones y muertes que les abrieron el paso.

Un centenario, un bicentenario, pueden tener un significado de alta relevancia para nuestra sociedad pero cobrarán sentido pleno en la medida que se ubiquen en la compleja historia de Abya Yala, la “tierra en plena madurez” que todavía clama porque empecemos el necesario proceso de descolonización y su fruto: la independencia. O mejor quizá, la interdependencia, el intercambio.

Al comentar la obra “Abya Yala, una visión indígena”, el presidente de Bolivia Evo Morales dijo que el libro toma “los sueños aún por realizar en muchas partes de este nuestro continente, nuestro Abya Yala, que somos todos”.

En un mensaje al presidente de Ecuador, la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú Tum manifestó: “Tengo la plena convicción, señor Presidente, que su gobierno y las fuerzas democráticas del Ecuador superarán con energía y determinación este momento y continuarán ampliando la ruta para la liberación de los pueblos de Abya Yala”.

Así, el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel le expresó al presidente de Costa Rica: “tome mis palabras como un aporte solidario de un hermano que desea lo mejor para el pueblo de Costa Rica y cada Pueblo del continente latinoamericano o como preferimos muchos llamar ABYA YALA, el ‘Continente de la tierra fecunda’”.

Las cinco velitas
En setiembre de 2007 la Organización de las Naciones Unidas firmó la declaración sobre los derechos de los pueblos indígenas.

El texto está cumpliendo sus primeros cinco años y es interesante para la reflexión y el compromiso con pueblos perseguidos, y en algunos casos víctimas de genocidio.

Es cierto que la declaración resulta por ahí chocante y desde alguna perspectiva parece cumplir el fin opuesto para el que fue redactada. Por ejemplo, dice: “Los indígenas tienen derecho, como pueblos o como individuos, al disfrute pleno de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales reconocidos en la Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de Derechos Humanos y las normas internacionales de derechos humanos”.

Párrafos como éste del artículo primero de la Declaración darían tela para varios tomos sobre los modos solapados de discriminar negativamente a los pueblos.

Algunos autores proponen tomar con cuidado las declaraciones de la ONU, porque en algunos casos, sostenidas en derechos y reclamos justos, llevan agua para el molino de la balcanización, la división estéril. Una cosa es la lucha por reivindicaciones históricas, otra es el aprovechamiento que el imperialismo pueda hacer de las fracturas, para exprimir a los pueblos debilitados.

Pero no son estos los propósitos de la presente columna, que toma el quinto aniversario de la Declaración para volver sobre los fundamentos de un homenaje a los pueblos antiguos de este continente: la devolución de los nombres antiguos, de honda significación para las culturas milenarias que subsisten y nos trascienden y de las que formamos parte.

Como hemos dicho, la novedad de estos años radica en que algunos jefes de estado ya no usan el nombre América sino Abya Yala, y eso coloca el asunto en un plano que promueve el debate. Hasta hace poco lo decían los congresos de pueblos originarios, hoy son muchos los que nombran Abya Yala al continente; el nombre se ha extendido como nunca, y hay presidentes incluso que, al usar el término, ayudan a la conciencia y la legitimación.

No es un dato para tomar así, a la ligera porque estamos ante un giro con implicancias severas y compromete.

Voz milenaria
Quitarle a Abya Yala el nombre impuesto (América) ayudará a poner fin al racismo, al colonialismo, a la prepotencia, como levantar una wiphala. Hay estudios que aportan términos con significados hondos y en algunos casos revisados, para el análisis de nuestros países de Abya Yala: pensamiento decolonial, interculturalidad, subalternidad, postcolonialismo… Lo cierto es que la identidad común de Abya Yala (América), con las diversidades culturales cruzadas por elementos comunes, da tela para el análisis y es un tema vivo en diversas disciplinas.

Pero volvamos a las razones para usar el nombre Abya Yala heredado, con algunos elementos ya tocados en este espacio.

Diremos en principio que durante siglos muchos pueblos llamaron América a este continente. Y otros Abya Yala.

El nombre está en debate
Sobre “América” existe abundante bibliografía en torno de la vida y la obra del florentino Amérigo Vespucci. Las discusiones son largas, muy interesantes, y muchos datos difusos dificultan a veces la comprensión sobre la magnitud de su obra y sus atributos personales. Sin embargo, cuando estamos a punto de ingresar a la historia personal de Vespucci advertimos que si este navegante reuniera los mejores valores o los peores vicios de la humanidad, nada de eso incidiría en el debate. Es que en el continente vivían millones cuando desembarcaron unos navegantes de otro continente, entre ellos probablemente Vespucci.

No hay razones para que un continente con 40.000 o muchos más años de historia propia, con culturas diversas y con antiguas sabidurías compartidas, lleve el nombre de una persona de otro continente, cualesquiera fueran sus méritos, por el solo hecho de haber navegado y contado a sus vecinos lo que vio.

Legado de los kuna
Los estudiosos han registrado varios nombres que podrían abarcar a gran parte del territorio, nombres surgidos en el seno de idiomas de civilizaciones milenarias de estas tierras, no desde una oficina en un continente invasor. Pero fuera de los ámbitos académicos, un encuentro de antiguos pueblos sacó a la luz un nombre un tanto escondido, Abya Yala, que usan los kunas y fue tan transparente, genuino, desinteresado ese rescate, que si los miembros de los pueblos kunas señalaron el nombre, fueron miembros de otros pueblos, los aymaras, distantes pero no menos antiguos en este suelo, los que tomaron esa expresión y la hicieron propia y la difundieron.

Abya Yala ocupa un lugar por su propio peso, sin imposiciones desde el poder, sin atropellos, y ha esperado siglos en silencio para que los pueblos comencemos a saborear serenamente, desde el pie, sin intervención de poderes económicos, financieros, corporativos, religiosos, estatales o políticos.

Abya Yala es un nombre que viene del seno de comunidades sufridas, de trabajadores orilleros, y alcanzó gran arraigo por varias razones.

Por un lado, la contundencia de los testimonios sobre el significado de Abya Yala, tierra en plena madurez, tierra de sangre vital, y el uso que le dan pueblos de la zona central de nuestro continente. Por otro lado, la aceptación del nombre entre otros pueblos, en especial los del altiplano, lo que originó un hecho histórico en sí mismo y bien representativo de la actitud de las culturas de este continente: en vez de imponer un nombre desde su idioma, estos pueblos saludaron el nombre surgido de otro idioma, de pueblos muy distantes.

Entonces, el nombre es bello, su significado profundo, su origen genuino, y fue recibido con simpatía por pueblos distantes que ya usan el nombre Abya Yala sin dudas, sin discusiones, como un regalo de la madre tierra, y sin herir a nadie, sin presentar batalla.
Abya Yala tiene a favor su origen en este vasto territorio, su significado profundo y apropiado, su cuna en un pueblo sometido y empobrecido por el invasor, su antigüedad, su limpieza de cualquier forma de invasión o atropello, y además la aceptación de comunidades antiguas (incluso algunas muy distantes entre sí) que pasaron siglos en la resistencia a la invasión europea y que hoy se sienten cómodas con el nombre tomado de los pueblos Kunas.

Nuestra América
América es un nombre que cortó el ombligo, ya se independizó de su cuna en el navegante europeo, y está impregnado de amor, poesía, luchas, unidad. Pero todo lo que el término generó con vida propia no alcanza a curar los males de su origen en una violación.

No negaremos que cuesta ese “desprendimiento”, habrá que trabajarlo mucho, y la expresión Abya Yala ha esperado, con la serenidad y la paciencia propia de nuestros
pueblos, de modo que no interrumpirá el duelo.

Abya Yala encontrará lógicas resistencias entre quienes, por su temperamento, se aferran a lo que tienen en el momento y son renuentes al cambio.

El nombre de nuestro continente es Abya Yala. Eso significa sepultar, lisa y llanamente, el nombre América derivado de su origen violento, imperialista, genocida; y guardar en el corazón el nombre América que tomó voz propia, bella, seductora, independentista, popular. Renegamos del nombre América por su origen, no por las condiciones propias que adquirió gestado con identidad por el talento y el valor de nuestros mayores.
 

Abya Yala es una bella flor que nos fue conquistando no con espadas y sermones de ocasión sino con el silencio y el perfume de este suelo, para siempre.

En el aniversario de la declaración de los derechos de los pueblos antiguos de este suelo, digamos Abya Yala y estará todo dicho.

Los pueblos de Panamá
“¿Cuál es la razón de seguir llamando ‘América’ a nuestro continente? Su verdadero nombre es Abya Yala, que significa Tierra de Vida-madre tierra. América es un nombre impuesto, de aquéllos que invadieron nuestro continente, pues este continente tiene su propio nombre desde siglos”, eso dice Mario Agreda que le dijo Takir Mamani (Constantino Lima).

“Todo fue en una ‘visita’ a las autoridades Kunas de la isla de Ustupu, en el llamado Panamá, donde se realizó una reunión con los sabios y ancianos de la comunidad, y todas las autoridades de las islas Kunas. Recuerdo que entre todos ellos estaban los Saylas jefes de los Kunas, uno de ellos de 72 años, el otro de 76 años. No sabían español, y un hermano de la comunidad hizo de intérprete, y entre muchas cosas que se tocaron una de ellas para mi fue la mas importante y de mayor relevancia y fue referente a nuestro continente. Entre lágrimas de profundo sentimiento, lanzaron fuertes críticas contra la colonización, y el anciano Kuna dijo: ‘No tenían ni tienen ningún derecho alguno usurpar lo nuestro, pues los abuelos de esta región han estado transmitiendo generación tras generación, de que nosotros también tenemos el privilegio de haber recibido un mensaje y que tenemos la obligación de transmitir a todos las hermanas y hermanos de este continente y ahora en este momento hablamos a una persona como tú; que el verdadero nombre de nuestro continente es Abya Yala. Y esto era en lengua Kuna, pero cada pueblo lo utilizaba en su propia lengua’.

Breve historia, pero que dota de un gran contenido actual y de futuro; el hermano Constantino vive actualmente en el Kollasuyu-Bolivia y vaya desde este humilde escrito nuestra gratitud por su legado”, concluyó Agreda.


 

El testimonio de Constantino Lima
El diccionario escolar gunagaya-español ofrece definiciones de palabras gunas o kunas, y allí se lee sobre Abiayala: “territorio salvado, tierra de sangre, tierra madura, continente americano”.

Y luego: “Para una mayor definición conceptual, se da la unificación de términos enteros. Ejemplos: Abiayala (Abia + Yala), Gunayala (Guna + Yala); gunadule (guna + dule); sagladummad (sagla + dummad); igwawala (igwa + wala); dulegaya (dule + gaya)”.

En la presentación de la obra se lee: “el diccionario escolar, gayamar sabga, obra que nace del proyecto de la Educación Bilingüe Intercultural (EBI) Guna, constituye una contribución de calidad al proceso de implementación de Educación Bilingüe Intercultural que ejecutan los Congresos Generales Gunas con el financiamiento del Fondo Mixto Hispano-Panameño. Es una obra pensada y elaborada desde los Congresos Generales Gunas y estructurada desde bases lingüísticas actuales sólidas”.

“Desde que los Congresos Generales Gunas iniciaron el proyecto de “Nan Garburba Oduloged Igar” Implementación de Educación Bilingüe Intercultural), nos dispusimos a trabajar en una dirección: primero unificar las bases de lectura y escritura, y continuar con la estandarización de dulegaya. Hasta ahora, el proceso no ha sido fácil. En sus comienzos, exigió una prueba de madurez y jerarquización de intereses de los profesionales dedicados a quehaceres lingüísticos. El nivel de madurez de los lingüistas nos permitió llegar a consensos muy importantes sobre la escritura y el alfabeto gunas.

Priorizamos la formación de niños, y nadie se aferró a sus ideas por más bellas que fueran. Fue un triunfo de todos los gunas, de los Congresos Generales que, mediante sus sagladummagan, estuvieron guiando los debates. Desde que consensuamos las bases de la escritura, el camino ha sido largo, hasta llegar a los frutos más sazonados”.

“La lengua del pueblo gunadule no es un dialecto; es un idioma con su propia estructura gramatical. Se la conoce como gunagaya / gunagagga | dulegaya / dulegagga. La escritura de la lengua guna es una sola, pero cada región mantiene y conserva su peculiaridad al hablar o al leer. Sucede lo mismo con el español: se habla distinto en Méjico, en Argentina, en Cuba o en Panamá”.

Pueden hallarse referencias al pueblo como gunadule o como kunatule, pero lo cierto es que el diccionario (gayamar sabga) deja claro que los pueblos gunadule, o los kuna, usan Abya Yala o Abiayala para nombrar el continente, como le contó al mundo el aymara Constantino Lima.