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Por favor, a Juan y a Priscila déjenlos en paz

Juan Manuel tenía 6 años y fue víctima de Silvio Díaz; Priscila tenía 22 años y fue asesinada según se alerta desde la Justicia, por Facundo Bressan.

Lunes 10 de Noviembre de 2014

Javier Aragón / De la Redacción de UNO
jaragon@uno.com.ar

 

 

Juan Manuel tenía 6 años y fue víctima de Silvio Díaz; Priscila tenía 22 años y fue asesinada según se alerta desde la Justicia, por Facundo Bressan. Mientras se espera la sustanciación de ambas causas, en las redes sociales y por la acción de algunos abogados, se pretende por todos los medios, tratar de desviar la atención con verdaderas cortinas de humo.
La causa Díaz recién se pudo elevar a juicio, porque la defensa dilató con distintas medidas y planteos, algunos hasta insólitos, la posibilidad de agilizar la investigación.
Como si esto fuera poco, intentan imponer la idea de que la víctima es el propio Díaz que supuestamente fue agredido por personal policial o que desde el Estado no se le brinda la atención necesaria para un tratamiento de las adicciones, llegando al dislate de amenazar con hacer una presentación, no ya en la Justicia -donde le rechazaron todos los planteos dilatorios- sino ante el Inadi.
Para la familia del gurí que murió el 6 de junio en Alameda de la Federación, todo esto es repugnante y comienza a rozar la falta de ética, ya que la defensa debe asistir, ayudar en una causa, no entorpecerla o “enchiquerarla”.
En la jerga de tribunales hay abogados denominados saca presos, que lo único que les interesa es cobrar lo que sea, tomando acciones muchas veces reñidas con la moral. Lo que digo, lo referenció hace un tiempo el propio Procurador General de la Provincia Jorge García, o el ministro de Gobierno de Entre Ríos, Adán Bahl que repudió ciertas acciones de determinados letrados en causas resonantes.
El problema es que hay personas que comienzan a creer que Díaz es el perjudicado por un sistema que lo está investigando y lo lleva a encerrarlo en contra de todos sus derechos y garantías. Hay que decirlo con todas las letras: esto no es así. Hoy el detenido debe ser contenido por el Estado, pero partiendo de la base que él mismo reconoció ser responsable de una muerte injusta, de ir manejando un auto a 134 kilómetros por hora, alcoholizado y drogado. Y que no le importó un carajo saber que con su descontrol podría matar a un inocente.
Eso no importa, parece ser que para algunos hay que prestar la mayor atención a los aparentes golpes que sufrió en la detención y minimizar lo que hizo. Una cosa no quita la otra y si bien no se debe tolerar que a un privado de la libertad se lo agreda, no debe derivar esto en que se alivien o minimicen las responsabilidades por sus comportamientos delictivos.
El otro hecho que conmocionó a Paraná es el crimen de Priscila Hartman. No sé por qué motivos, desde hace días, en las redes sociales se empecinan algunos en mancillar el buen nombre y honor de la víctima. La verdad es que son lamentables y de muy baja estofa los comentarios que hablan de que la víctima, sí, la víctima, era poco más una prostituta que vendía drogas a los poderosos políticos de San Benito.
Para estas despreciables personas solo falta decir que Priscila es responsable de su crimen y que el acusado del hecho es la víctima. Una locura por donde se la mire.
Por respeto a la joven asesinada cobardemente con saña, que no se puede defender; a sus familiares y por el bien de la causa, deberán reflexionar por lo que hacen tratando de defender lo indefendible.
Para finalizar, el expediente es bien claro, Facundo Bressan admitió ante las entrevistas judiciales que él fue el que se realizó las lesiones en el cuello.
Habrá que dejar de perder tiempo en las estrategias que buscan confundir a la población con situaciones irreales y ficticias y preocuparnos todos para que Juan y Priscila descansen en paz, sabiendo que los responsables de los hechos purgan sus responsabilidades como debe ser.

 

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