Los paranaenses y el casco: los hijos del rigor
Los cascos salieron a la calle. Pero hizo falta todo lo anterior: controles rigurosos, multas caras, secuestros de motos...

Jueves 18 de Septiembre de 2014

Evangelina Ramallo / De la Redacción de UNO
eramallo@uno.com.ar

 

 

 

 

No era tan difícil comprobarlo. Muestra de ello ya lo eran las cientos de personas que mensualmente ingresaban al hospital San Martín con lesiones producto de accidentes de tránsito. Pero incluso era fácil darse cuenta de qué se trataba. La gran mayoría de los internados en terapia intensiva llegaban a esa instancia por haber estado circulando en moto y sin casco. Los daños cerebrales se habían convertido ya desde hace tiempo en el principal motivo de muerte en jóvenes paranaenses. ¿Qué nos faltaba entonces para tomar conciencia?
Evidentemente aquello que tantas veces escuchamos decir al doctor Guillermo Grieve, jefe del Servicio de Terapia Intensiva del hospital San Martín de Paraná, era cierto. Se necesitaban controles verdaderamente exhaustivos y rigurosos para que los motociclistas cumplieran al menos con el hecho de cuidar sus propias vidas. Suena locamente llamativo. Precisamente la falta de uso de casco para la propia protección ha sido la principal infracción detectada en los controles efectuados por la Policía de Entre Ríos y personal de la Municipalidad de Paraná. ¿Será que efectivamente somos hijos del rigor?     
El escaso uso de casco ha sido motivo de colapso de la sala de cuidados intensivos en el principal nosocomio de la provincia. Para ser más precisos, en los últimos años entre el 30% y el 40% de los pacientes en dicho servicio han sido motociclistas que no llevaban protección al momento del accidente. Y si tenemos en cuenta que el hospital paranaense recibe pacientes derivados de diferentes puntos de la provincia, esta situación ha puesto al extremo su capacidad de atención.
Según los datos suministrados por Grieve en el último informe (de los que brinda trimestralmente) en la terapia internaron entre seis y ocho motociclistas con lesiones graves (el servicio cuenta con 11 camas). Entre dos y tres de esas personas pasaron luego a formar parte de la triste estadística de muerte joven (tenían entre 16 y 30 años). Más precisamente entre abril y junio de 2014 ocurrieron 23 accidentes graves en motos. Cinco tuvieron como desenlace la muerte.
Ante estos datos el pedido urgente era el de incrementar los controles en el uso del casco y de la velocidad. Impedir que viajen más de dos personas e incluso la prohibición de trasladar menores de 12 años en moto. Al mismo tiempo se ha solicitado en innumerables ocasiones más controles de alcoholemia, incrementar los precios de las multas e implementar programas educativos en las escuelas primarias y secundarias. 
A pocos días de iniciados los operativos de la Policía es notable el cambio. Usted mismo lo podrá corroborar. El panorama es otro al menos desde la simple observación. Los cascos salieron a la calle. En algún lugar estaban, aguardando para cumplir con su función: la de salvar la vida. Pero hizo falta todo lo anterior: controles rigurosos, multas caras, secuestros de motos...
Al finalizar setiembre se cumplirá un nuevo trimestre para el análisis. En octubre recibiremos las estadísticas provenientes del servicio de Terapia Intensiva. Gran parte de los primeros resultados saldrán a la luz. 
El deseo es que lo que hoy es posible observar se convierta en datos de una realidad mejor. Y más aún, que pronto los informes de Grieve dejen de tener sentido. Que en el nosocomio referencia de la provincia puedan ocupar esas camas con pacientes que requieren de tratamientos para superar enfermedades graves. Que el hospital San Martín sea noticia por su labor en la recuperación de entrerrianos que no tienen más alternativa que recurrir a su auxilio. Ojalá algún día dejen de ser necesarios tantos controles. Eso sucederá cuando la educación consiga vencer a la negligencia y que la racionalidad supere el obstáculo de la inconsciencia.