A Fondo

Los padres confundidos

Miércoles 25 de Marzo de 2015

Edgardo Comar / De la Redacción de UNO
ecomar@uno.com.ar

 

 

En mi rol de padre, como lo serán muchos de los lectores,  a veces cuando acompañamos a nuestros chicos a practicar un deporte pensando que les estamos haciendo el bien, en más de una ocasión nos equivocamos y los terminamos lastimando. El rectángulo de juego se convierte en un campo de batalla para los que están alrededor y el niño o niña comienza a sufrir. Muchas veces, la presencia del adulto en vez de ayudar perjudica.


En la mayoría de los casos, cuando los niños dan sus primeros pasos les compramos la pelota de fútbol y una camiseta, imponiéndole la práctica de un deporte que ni siquiera sabemos si les gusta o no.


Lo recientemente expuesto es apenas el principio de una sucesión de equivocaciones de aquellos que sueñan con ver mañana en su hijo a una de las grandes estrellas mundiales, capaz de asegurarle un futuro que ellos no pudieron lograr.


No hace falta saber mucho de fútbol para saber que en un nivel profesional pierde su esencia el deporte para pasar a ser un negocio. Por el contrario, al fútbol infantil debe vérselo como una diversión para los chicos. Tiene que ser un lugar donde el niño va a hacer amigos, a aprender a convivir en grupo, entre otras tantas cosas que podemos enumerar.


Un padre, por la necesidad de ser el hincha número uno de su hijo, termina muchas veces cargando a su chico con una responsabilidades que lo priva de un bien que es mucho más importante que cualquier resultado: la libertad de jugar, de sonreír.


Siempre es bueno que los padres acompañen a sus hijos cuando tengan que JUGAR. Lo que no es bueno es que lo llenen de indicaciones, le reprochen ante una jugada fallida, insulten desde afuera al árbitro por haber sancionado algo que ellos consideran injusto, se fastidien con el técnico porque dispuso el cambio de su gurí o intercambien epítetos con los padres del ocasional adversario. 


Si le marcan cosas que debe hacer en la cancha no harán más que inhibirlo. Si el nene pateó la pelota afuera con todo el arco a su disposición no es que lo haya querido hacer así; tiene tiempo para aprender y mejorar. Si insultan al encargado de impartir justicia provocarán que el niño se sonroje. Si el directo técnico dispone la salida de su hijo es para que ingrese a la cancha un amigo.


El papá o mamá que está del otro lado del alambrado puede ser el progenitor de un compañero de colegio o de juegos de su chiquito. Compartir debe ser lo importante en los niños.


Otra actitud que contribuirá a la felicidad de su hijo es que cuando un encuentro llega a su fin no se le emita como primeros conceptos: “ganaron” o  “perdieron”. El “¿Te divertiste?” es aconsejable por encima de cualquier guarismo.     


Contar hasta diez o mil si es necesario se impone antes que cualquier reacción que haga sentir ídolo a los hijos en el triunfo y fracasado en la derrota.

 

 

¿Te gustó la nota?

Dejá tu comentario