José Amado / De la Redacción de UNO
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Al fin los candidatos rompieron el hielo y el tema del narcotráfico se coló en la campaña para las elecciones generales del mes que viene. Aunque propuestas para enfrentar este problema no se escuchó ni una sola. Debates sinceros para instrumentar medidas de fondo para prevenir las adicciones, tampoco. Ideas para acabar con el negocio de pocos a costa de la salud y la vida de miles, menos que menos.
La intendenta de Paraná y candidata al mismo cargo, Blanca Osuna,y el exintendente de la ciudad y ahora aspirante a regresar al palacio municipal (así está la renovación política) protagonizaron el entredicho. Osuna acusó en radio América a Varisco de tener laderos y financistas narcotraficantes, tras el abrazo entre el radical con el diputado y dirigente sindical peronista (así está la coherencia política) Hugo Vázquez. El episodio siguiente fue la amenaza de Varisco de ir a Tribunales por las presuntas calumnias y aprovechó para hablar de los baches. Y el tema de la droga quedó ahí, porque a ninguno le conviene meterse en camisa de 11 varas (así está la argumentación política). Los que están, porque deben explicar cómo el narcotráfico se expandió de manera tan grosera. Los que quieren llegar (y antes ya estuvieron) porque no lo van a querer o poder frenar (así está la esperanza política).
A todo esto, lo que sorprende no es la acusación de Osuna en sí misma. Que los vendedores de droga en la ciudad se han especializado como punteros o eventuales aspirantes a dirigentes gremiales o incluso jefes barrabravas, no es ninguna novedad. Además, el tema ya había salpicado a Gastón Grand antes de las PASO, cuando una caminata en el barrio Lomas del Mirador junto a personajes vinculados a Petaco Barrientos, y antes a Varisco cuando detuvieron a un hombre señalado como chofer de vehículos radicales. Aunque de choferes narcos el oficialismo tampoco puede hablar demasiado. Cada cual en su momento hizo su descargo y listo.
Resulta lamentable que un tema tan sensible se utilice como bombazos de campaña para que después en los hechos todos se olviden. Está claro que para sumar votos vale hasta que nos tomen por giles y hacernos “chocar con las obras” un mes antes de ir a votar. Pero una cosa son los baches y otra el dolor de personas y familias arruinadas por la droga.
Nos vienen diciendo hace mucho que la gente que se queja porque en su esquina se vende droga, vaya y haga la denuncia. Es obvio que nadie va a cambiar una declaración de este tenor por un balazo o su casa incendiada. Pero si alguien con responsabilidad institucional y custodia personal (por lo que debería tener menos temor) es quien sostiene públicamente saber de personas vinculadas al narcotráfico, tiene un deber mucho mayor de presentarse en la Justicia. Desconozco si a Osuna la han citado a presentar sus pruebas para abrir una causa al respecto de lo que mencionó. Si lo hace sería un acto ejemplar y no importaría en absoluto el contexto electoral, mientras la finalidad sea meter preso a quien financia una candidatura con dinero tan sucio.
Necesitamos un debate serio, que no se acaba con un camión de marihuana fuera del circuito. Los políticos están muy lejos de padres que diariamente buscan un futuro sano para sus hijos; de docentes que afrontan situaciones de adicciones e incluso violencia por las disputas de bandas que repercuten en el aula; de trabajadores de salud mental que reman contra la corriente; de vecinos que se juntan para que la droga no les gane el barrio. A un mes exacto de las elecciones, hoy son ellos y otros sin nombre la esperanza para hacerle frente a la droga.
Los narcos y las elecciones
25 de septiembre 2015 · 06:25hs















