Marcelo Comas / De la Redacción de UNO
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La precarización laboral al palo
Una de las principales banderas de este gobierno ha sido la defensa de los derechos de los trabajadores. Evitar el trabajo informal, que tiende a la precarización, se fijó como una de las principales premisas, pero que no siempre se cumple en la realidad. A pocas cuadras del centro de Paraná, en oficinas ambientadas especialmente, UNO pudo comprobar -a partir de testimonios anónimos- la existencia de un call center clandestino. Se pueden contar con los dedos de una mano los call center que funcionan en la capital entrerriana. Se trata de oficinas acondicionadas, con un formato similar al de los ciber, donde un grupo de operadores pasa la mayor parte del tiempo hablando por teléfono. Se trabaja en turnos rotativos de cinco horas. Muchos aceptan la oferta laboral como un medio de subsistencia que les permita seguir estudiando. Sin embargo, los ritmos del trabajo, la continua presión de parte de los supervisores por mayor productividad y la mecanización de la tarea conducen a un inevitable desgaste mental. El emprendimiento que funciona bajo la fachada de un estudio jurídico revela que a veces la posibilidad de control del Estado es limitada. Sin una denuncia formal de los empleados, más allá de que las irregularidades sean fáciles de comprobar, no es mucho lo que se puede hacer para evitar que los derechos de los trabajadores sean vulnerados. Según los operadores que allí se desempeñan durante el horario laboral son moneda corriente el hostigamiento, la exigencia desmedida, aunque el oscuro entramado también muestra una faceta aún más preocupante: se creó un sistema por el cual los contratos son creados a medida del empleador, lo que alimenta la informalidad en medio de condiciones laborales poco favorables, que convierten a esa tarea en lo más parecido a una nueva forma de esclavitud.
Los 260 empleados que allí trabajan, en tres turnos rotativos, no ofrecen un servicio, ni comercializan un producto, sino que a diferencia de otros emprendimientos de este tipo deben cumplir un objetivo que consiste en cobrar deudas a una determinada cartera de morosos. Previamente se lleva a cabo una operatoria, en la que el estudio de abogados compra ese paquete de deudores a diferentes entidades crediticias, quienes ya saben de antemano que no las van a poder cobrar. Con esa información en su poder, la sociedad instruye a sus operadores para que en buenos términos logren “recaudar” una determinada cantidad de dinero por mes. Y no tienen reparos en llevarlo a la práctica.
Les garantizan que van a estar en un ambiente relajado, casi como en una familia, y por si fuera poco, un salario digno. Ese mundo de fantasía se termina de esfumar cuando se logra acceder al puesto. De entrada, reciben entre 200 y 300 casos, con deudas que rondan los 30.000 pesos. La peor expresión del sometimiento que padecen se refleja en el tiempo de descanso que tienen permitido durante la jornada laboral: 10 minutos repartidos en cinco horas de trabajo y que se tienen que ocupar de una sola vez.
Un punto que parece absurdo en el proyecto de ley que intenta regular la actividad, refleja un poco la precarización en los ritmos de trabajo de un teleoperador. El proyecto recientemente cajoneado establece una pausa entre llamada y llamada de 15 segundos. Lo que en cualquier sector de trabajo aparece como accesible, en el caso de los call center, la pausa entre llamado y llamado no lo regula el laburante sino una máquina, lo que implica que muchas veces los trabajadores no pueden tomar ni 15 segundos de descanso entre una comunicación y otra. Y son sancionados económicamente si demoran la atención, si el tiempo de las llamadas es largo, o si no se logra retener a un cliente que quiere dar de baja un servicio. También les descuentan sueldo si se les ocurre tomarse 5 minutos más de descanso para ir al baño o incluso cuando el cliente se arrepiente de la compra meses después de la llamada telefónica.
Estas condiciones hacen que haya una alta rotación de trabajadores. Generalmente son las mismas empresas las que buscan que se vayan para que nuevas camadas de trabajadores mantengan una “alta productividad”. Y aunque muchos se largan en la carrera de conseguir otro trabajo, generalmente caen nuevamente en otro call center y la historia vuelve a repetirse.















