La copa se juega lejos del ambiente futbolero popular
A las canchas donde jugará la Argentina se ingresa con dinero o contactos. Y por aquí no son tantos los que integran esa lista.
Domingo 11 de Mayo de 2014
Carlos Damonte
Jefe de Redacción de UNO
dcaraffini@unoentrerios.com.ar
Se viene el Mundial de fútbol y la Selección jugará por los puntos a una distancia accesible para miles de entrerrianos. Esos que pueden agarrar el auto y recorrer 1.500 kilómetros deberían poder estar en las tribunas alentando a Messi y sus amigos sin mayores contratiempos. Pero no. Será imposible para la mayoría. Estar o no estar es mucho más que distancia territorial. Se trata de diferencias sociales que en estas épocas tan cercanas al inicio de la copa parecen irreconciliables. En definitiva, se llega con dinero o contactos. UNO informó que el tour de tres partidos con entrada, hotel y pensión completa vale 150.000 pesos. No hay que ser estadista para advertir que una elite puede oblar semejante suma para estar donde se monta el mayor espectáculo del más popular de los deportes. Y por contactos se llega siendo pariente de algún jugador, dirigente o barra. No hay muchas más opciones, al menos que yo sepa.
Acá, entre bambalinas, se supo de un ejemplo de ingreso al estadio por imperio de los contactos. La Asociación de Fútbol Argentino (AFA) fletará un vuelo chárter un día antes que se presente la Argentina en cada partido de la primera rueda exclusivamente para presidentes de clubes del interior del país. Y ahí hay una butaca para el titular del Club Atlético Patronato de la Juventud Católica. José Gómez, de él se trata, no se siente muy cómodo con la noticia. Como hombre de la política que es sabe que si sube a la nave le caerá encima la ira de propios y extraños. Y si no sube se perderá una extraordinaria oportunidad de ver a la Selección en vivo y en directo por el derecho propio que le asiste al ser un hombre de la AFA que conduce Julio Grondona. Por lo pronto desliza que no sabe qué decisión tomar pero avisa que está muy atareado como para detenerse a pensar en si volará a Brasil. Como quien dice, deja la situación para definirla a último momento. Y hace bien. Tiene poco más de un mes para tomar su determinación.
Al margen de las vicisitudes del pago chico, quien viaje a Brasil encontrará una marcada contrariedad social en torno a la copa. Son cosas de casi todos los días las marchas criticando las inversiones en estadios, caminos y demás servicios públicos destinados a la justa deportiva. Y para prevenir o paliar desmanes, las autoridades federales brasileñas decidieron el camino corto y pondrán toda su fuerza de seguridad al servicio de mantener la calma. La información disponible en este diario permite saber que en Brasil arrancó el despliegue de tropas en la que participan 30.000 miembros de las Fuerzas Armadas y que forma parte de los planes para garantizar la seguridad durante el Mundial de fútbol que comienza en 32 días. Se trata de la Operación Ágata 8, una movilización especial que realizan en sus 16.886 kilómetros de fronteras con otros 10 países suramericanos y que este año fue incluida en los planes de seguridad del Mundial.
De la seguridad interior se ocuparán unos 40.000 efectivos de la policía brasileña que deberán, entre otras ingratas tareas, sofocar cualquier intento de expresión popular que cuestione el gasto de dinero para llevar a cabo la cita ecuménica del balompié. A modo de cierre de la idea es posible que los pocos que lleguen desde Entre Ríos para alentar a la Selección se encuentren con un marco de seguridad pública impensado en estos lares. Y si José Gómez finalmente decide tomar el avión podrá ver de cerca si es verdad que en Brasil los dirigentes de los clubes no tienen contacto con las barras bravas.
Jefe de Redacción de UNO
dcaraffini@unoentrerios.com.ar
Se viene el Mundial de fútbol y la Selección jugará por los puntos a una distancia accesible para miles de entrerrianos. Esos que pueden agarrar el auto y recorrer 1.500 kilómetros deberían poder estar en las tribunas alentando a Messi y sus amigos sin mayores contratiempos. Pero no. Será imposible para la mayoría. Estar o no estar es mucho más que distancia territorial. Se trata de diferencias sociales que en estas épocas tan cercanas al inicio de la copa parecen irreconciliables. En definitiva, se llega con dinero o contactos. UNO informó que el tour de tres partidos con entrada, hotel y pensión completa vale 150.000 pesos. No hay que ser estadista para advertir que una elite puede oblar semejante suma para estar donde se monta el mayor espectáculo del más popular de los deportes. Y por contactos se llega siendo pariente de algún jugador, dirigente o barra. No hay muchas más opciones, al menos que yo sepa.
Acá, entre bambalinas, se supo de un ejemplo de ingreso al estadio por imperio de los contactos. La Asociación de Fútbol Argentino (AFA) fletará un vuelo chárter un día antes que se presente la Argentina en cada partido de la primera rueda exclusivamente para presidentes de clubes del interior del país. Y ahí hay una butaca para el titular del Club Atlético Patronato de la Juventud Católica. José Gómez, de él se trata, no se siente muy cómodo con la noticia. Como hombre de la política que es sabe que si sube a la nave le caerá encima la ira de propios y extraños. Y si no sube se perderá una extraordinaria oportunidad de ver a la Selección en vivo y en directo por el derecho propio que le asiste al ser un hombre de la AFA que conduce Julio Grondona. Por lo pronto desliza que no sabe qué decisión tomar pero avisa que está muy atareado como para detenerse a pensar en si volará a Brasil. Como quien dice, deja la situación para definirla a último momento. Y hace bien. Tiene poco más de un mes para tomar su determinación.
Al margen de las vicisitudes del pago chico, quien viaje a Brasil encontrará una marcada contrariedad social en torno a la copa. Son cosas de casi todos los días las marchas criticando las inversiones en estadios, caminos y demás servicios públicos destinados a la justa deportiva. Y para prevenir o paliar desmanes, las autoridades federales brasileñas decidieron el camino corto y pondrán toda su fuerza de seguridad al servicio de mantener la calma. La información disponible en este diario permite saber que en Brasil arrancó el despliegue de tropas en la que participan 30.000 miembros de las Fuerzas Armadas y que forma parte de los planes para garantizar la seguridad durante el Mundial de fútbol que comienza en 32 días. Se trata de la Operación Ágata 8, una movilización especial que realizan en sus 16.886 kilómetros de fronteras con otros 10 países suramericanos y que este año fue incluida en los planes de seguridad del Mundial.
De la seguridad interior se ocuparán unos 40.000 efectivos de la policía brasileña que deberán, entre otras ingratas tareas, sofocar cualquier intento de expresión popular que cuestione el gasto de dinero para llevar a cabo la cita ecuménica del balompié. A modo de cierre de la idea es posible que los pocos que lleguen desde Entre Ríos para alentar a la Selección se encuentren con un marco de seguridad pública impensado en estos lares. Y si José Gómez finalmente decide tomar el avión podrá ver de cerca si es verdad que en Brasil los dirigentes de los clubes no tienen contacto con las barras bravas.