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¿Evidencias de viajeros en el tiempo?

Fotos y documentos dan elementos para el análisis y el debate. Imágenes para la polémica, claro, susceptibles de ser interpretadas según la creencia previa del observador

Lunes 10 de Noviembre de 2014

Gustavo Fernández / Especial para UNO
gusfernandez@yahoo.com.ar

 

 

 

 


Dominio propio de novelas y películas de ciencia ficción, la posibilidad de viajar en el tiempo ha sido un tópico desconsiderado por los científicos “serios” hasta tiempos muy recientes, en que, de forma un tanto tímida y estimulados por las reflexiones, más filosóficas que metodológicas de algunos referentes “mediáticos” del academicismo –como Stephen Hawking- se animaron progresivamente a especular sobre él. Una especulación que, empero, es muy sugestiva. De la “imposibilidad” expresada en textos y congresos hace veinte años, a la certeza experimental que –claro que solamente a nivel de partículas subatómicas- el mismo no solo es posible: también es probable. Hoy en día, cualquier docente universitario les dirá que el viaje en el tiempo es “imposible”. En términos de la física clásica –es decir, esa física que nos rige a usted y a mí- y solo ocurre en el esotérico campo de la física cuántica. Y hasta allí llevaría razón. Lo que no impide que uno recuerde, con cierto cinismo, que si la contundencia petulante de dos décadas atrás que lo postulaba como “imposible” en cualquier orden del universo puede mutar, hoy, a este relativismo de paradigmas, uno (yo) tiene todo el derecho a pensar que es posible que en otros veinte años peguemos un nuevo “salto cuántico” y se nos diga, como quien no quiere la cosa, que sí, que en ocasiones, aún en la “microfísica” nuestra de todos los días, puede ocurrir.
Pero hay un camino paralelo que lleva a reflexionar sobre este tema. Porque un ejercicio de humildad nos debería dictar que la “seguridad” que viajar en el tiempo es imposible, hoy, no garantiza que lo sea eternamente. ¡Cuántas veces la pedantería científica ha tenido que aceptar que lo que consideraba imposible en un siglo era la realidad cotidiana en otro! Volar, vivir más de sesenta años, vehículos sin tracción a sangre, desintegración controlada de la materia… Todo ello concurre, entonces, a otro planteo:
¿Y si encontráramos “pruebas” que demostraran que en algún momento alguien viajó en el tiempo?
Eso, es lo que repasará la crónica de hoy.
Que, básicamente, podemos dividir en dos grupos. Uno, el de los “Ooparts”, llamados así por ser la contracción de las siglas en inglés “out of place artifacts” (“Artefactos fuera de lugar”), es decir, objetos manufacturados o de producción mecanizada hallados en estratos geológicos o históricos absolutamente ajenos a lo que se muestra. Se trata de uno de los grandes temas “malditos” de la ciencia, y se han tejido innumerables especulaciones sobre ellos, desde ser la huella de visitantes extraterrestres hasta, precisamente, objetos dejados o perdidos por viajeros en el Tiempo. En lo personal, adhiero absolutamente a esta segunda posibilidad. En cuanto a la primera, muchos de ellos son demasiado “humanos” en su hechura y funcionalidad: es difícil imaginar que visitantes extraterrestres que olviden un martillo (de usarlos) y que estefuera tan similar a los empleados por nuestra propia cultura. Superadas las evaluaciones correspondientes, las imágenes muestran los más significativos, algunos de ellos, inclusive, popularizados en largometrajes documentales o programas de TV especializados.
Pero hay un segundo grupo, que surge de la paciente revisión y observación de fotos antiguas. Personajes que por sus características, o por los elementos que emplean y se ven en las imágenes están, obviamente, “fuera de lugar”. Parecen estar usando teléfonos móviles –en tiempos en que los aparatosos equipos domiciliarios de “discar” o, más aún, pedir la llamada a la operadora, eran de por sí el último grito de la moda tecnológica– o acusando vestimentas fuera de época. Imágenes para la polémica, claro, susceptibles de ser interpretadas según la creencia previa del observador. Pero si generan polémica –sea cual fuere la conclusión final- es porque de por sí ameritan nuestra atención.

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