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El hombre que cambió para siempre la historia argentina

Sin muchos homenajes oficiales, se recuerda un nuevo aniversario de la muerte del fundador del justicialismo y uno de los líderes políticos nacionales y latinoamericanos más importantes

Domingo 01 de Julio de 2012

Carlos Matteoda

De la Redacción de UNO
cmatteoda@unoentrerios.com.ar

Si viviera el General...


Cuántas veces en su vida el argentino promedio escucha aquello de “si viviera el General”, en la calle, la cancha, la escuela, en las marchas, los bares, las iglesias.“Perón, Perón, qué grande sos. Mi general, cuánto valés”. La misma melodía de la marcha, conocida incluso por los chicos más chiquitos, son huellas de ese hombre que determinó la historia argentina.


Y escribir hoy algo sobre Juan Domingo Perón es casi tan complejo como escribir de la Patria, tan amplio, todo es posible.


El recuerdo de quien fuera tres veces Presidente de la República Argentina, que falleció en el ejercicio del mando el 1º de julio de 1974; aquel hombre del que todos se consideran herederos ideológicos y exégetas rigurosos, mantiene una vigencia extraordinaria porque el pueblo argentino no permitió que quedara reducido a los mármoles y las placas de bronce. Amado por millones y odiado por otros, no tantos, el recuerdo de Perón se mantiene vivo en el corazón y el pensamiento de la gente, pese a los 38 años que se cumplen hoy de su desaparición física.


Solo imaginar el momento de su muerte intriga a cualquiera. Su cadáver aún tibio, con López Rega sacudiendo sus piernas reclamándole al “gran faraón” que despierte. Intriga pensar qué oscuro entorno rodeaba por esa época al más importante político de la Argentina, o qué necesidad tenía el General para aceptar ese entorno.


Aunque se hizo conocido como coronel y finalizó sus días como teniente general, lo recordamos como el General, el primer trabajador, aquel que se supo conquistar al pueblo argentino combatiendo al capital.


Casi todas las investigaciones periodísticas concuerdan en que durante junio ese hombre ya había sido salvado dos veces de la muerte por el equipo médico del Hospital Italiano que permanecía día y noche junto a él. Allí estaban, entre otros médicos residentes, el exsenador por el Departamento Victoria Carlos Garbelino. La salud de Perón era un secreto de Estado, pero recuerdan los viejos peronistas que el temor de que se muriera en cualquier momento se sentía en el aire. Fue otro de los tantos casos en el que el cerrojo informativo no logró engañar a la percepción de la gente.


El león herbívoro había regresado a la Argentina tras el infame exilio que debió soportar con un discurso conciliador y una determinación política que parecía excesiva para su castigada humanidad. Durante las últimas semanas de junio, esa imagen de inmortalidad del General se había desdibujado, circulaban muchas versiones sobre su debilitamiento que, tristemente, poco después quedarían confirmadas


A las 13.15 de aquel 1º de julio, la vicepresidenta María Estela Martínez de Perón -o Isabelita según su nombre artístico- daba la noticia al país: “Con gran dolor debo transmitir al pueblo de la Nación Argentina el fallecimiento de este verdadero apóstol de la paz y la no violencia”. Había muerto Juan Perón.


Según Carlos Seara, uno de los médicos que atendió al expresidente en sus últimas semanas de vida, al regresar de España Perón ya tenía un cuadro complicado: incipiente cáncer de próstata, pólipos, enfisema de pulmón, leve insuficiencia renal y una grave afección cardíaca. Sus últimas palabras, según el relato de la enfermera Norma Baylon, fueron “esto se acabó”, mientras los médicos trataban de recuperar el ritmo de su viejo corazón y José López Rega caminaba alrededor de la cama repartiendo humo de incienso y rezando por “el faraón”.


Había muerto el hombre que cambió la Argentina desde el ejercicio del poder, desde la conducción política, desde la sensibilidad social, desde un fantástico conocimiento de la situación mundial y desde su innegable condición de estadista. Atributos estos que ningún otro presidente argentino ha vuelto a reunir.


Lo que ocurrió después, también es conocido. Leonardo Bettanín, diputado por la Juventud Peronista en el Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) escribía el 2 de julio un artículo titulado Dos países diferentes velaron al General Perón.


Uno era el de los pasillos, de los sillones. Los uniformes relucientes, la gomina y las invitaciones especiales. Era el país de las instituciones, de los discursos engolados. El país de la televisión y las declaraciones. Era la dirigencia argentina azorada y preocupada por la muerte de un presidente.


El otro el país de los oprimidos. De los humildes y desposeídos. La Patria anónima, el país del adiós silencioso, del llanto contenido. El país de la flor apretada contra el pecho durante horas, mojada por la lluvia, pero sostenida firme en las manos para terminar dejándola a los pies del cajón. Era la Patria despidiendo a su mejor amigo. El país de la tristeza y el dolor.


Hasta la decisión de cerrar las puertas del Congreso, cuando todavía miles esperaban para darle su adiós, fue una provocación inusitada al pueblo peronista. A la madrugada, cuando los “dirigentes” ya no estaban, le cerraron la puerta en la cara a la gente. Cuando desde los parlantes se reclamó silencio, las masas respondieron con la marcha, la misma que tantas veces fue cantada con rebeldía por los de abajo.


El regreso
Perón había vuelto al país el 20 de junio de 1973, porque le daba el cuero para hacerlo. Allí ocurrió el hecho conocido como la Masacre de Ezeiza. El 13 de julio renunció Héctor Cámpora para permitirle ser candidato. Perón ganó la Presidencia con el 62% de los votos contra el postulante radical Ricardo Balbín. Se convirtió en presidente por tercera vez en octubre de 1973 con su esposa María Estela Martínez como vicepresidenta.


El biógrafo de Perón, Enrique Pavón Pereyra, expone cómo Ricardo Balbín recordó palabras de Perón acerca de que no tenía heredero personal porque el heredero era el pueblo y, sin embargo, cómo un día después de que el cuerpo de Perón fuera depositado en la capilla de la residencia presidencial de Olivos, su viuda convocó a una reunión extraordinaria y convocó a Balbín.


Algunos creen que la figura del radical estaba destinada a tener un peso importante en el gobierno de Isabelita y que López Rega se encargó de evitarlo. Una de las razones era que Balbín sostenía que Perón le había dicho aquello de que su único heredero era el pueblo.


Con el tiempo el pueblo se dio cuenta de que reclamar esa herencia no era tarea sencilla. De allí el chiste de que si bien el único heredero de Perón era el pueblo, la escribanía fue el PJ.


“Frente a los grandes muertos tenemos que olvidar todo lo que fue el error, todo cuanto en otras épocas pudo ponernos en las divergencias; pero cuando están los argentinos frente a un muerto ilustre, tiene que estar alejada la hipocresía y la especulación para decir en profundidad lo que sentimos y lo que tenemos. Los grandes muertos dejan siempre el mensaje”, dijo Balbín frente al ataúd.


Mientras se encontraba el cuerpo en el Congreso, desfilaron ante el féretro 135.000 personas; afuera, más de 1 millón de argentinos quedaron sin dar el último adiós a su líder. Más de 2.000 periodistas extranjeros llegaron para cubrir las exequias.


Una de las tapas más recordadas por el periodismo argentino es la del diario Noticias del día siguiente a la muerte de Perón, cuya famosa bajada fue escrita por Rodolfo Walsh, encargado de la sección Policiales. El diario -aparecido en noviembre de 1973- vendió ese día 185.000 ejemplares. Estaba controlado por Montoneros y su director en ese entonces era el periodista y actual diputado Miguel Bonasso. Ese diario duró nueve meses y fue clausurado un mes después de la muerte de Perón.


Bajo un enorme titular que decía Dolor, Walsh escribió: “El general Perón, figura central de la política argentina de los últimos treinta años, murió ayer a las 13.15 horas. En la conciencia de millones de hombres y mujeres, la noticia tardará en volverse tolerable. Más allá de la lucha política que lo envolvió, la Argentina llora a un líder excepcional”.


¿Qué más decir? Tal vez que solo puede morir quien puede ser olvidado, y que por eso el General no podrá morir, porque no puede ser olvidado. Y esa es, tal vez, la razón por la cual aún hoy, 38 años después, su muerte sigue asombrando.

El día que se llevó en sus oídos la “más maravillosa música”


Por Alberto Hugo Emaldi

La joven historia de la Argentina tendrá para siempre subrayado el 1º de julio de 1974, porque ese día fallecía el tres veces presidente constitucional; el general Juan Domingo Perón, hace 38 años.


Aquel lunes nublado del primer día de julio del 74 las noticias llegaban lentas, pero llegaban, y pasadas a las 10 se informaba que el estado de salud del histórico líder atravesaba momentos muy difíciles cuando un paro cardiorrespiratorio hacía suponer un desenlace inevitable.


Pero fue a las 13.15 de ese día cuando se produjo la noticia que millones de argentinos y argentinas no querían escuchar. Había fallecido Perón y otra historia comenzaría a escribirse.


El sentimiento de orfandad de esos millones ante la desaparición física de su líder fue el común denominador de esa jornada y de los días que vendrían. Nadie imaginaba, sin embargo, que al duelo y a la sensación de orfandad le seguirían los años más tristes y sangrientos que haya vivido la Argentina cuando el odio le pasó por el medio.


Aquel primer día de julio del 74 moría Perón y junto con él quedaban congelados los sueños de una Argentina unida y pensada en la cabeza y el corazón del propio Perón, que ya había hablado que “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”.


Cuando el 12 de junio de ese mismo año y en su último contacto con su pueblo Perón había dicho: “Yo sé que hay muchos que quieren desviarnos en una o en otra dirección, pero nosotros conocemos perfectamente nuestros objetivos y marcharemos directamente a ellos, sin influenciarnos ni por los que tiran desde la derecha ni por los que tiran desde la izquierda”, estaba dejando un mensaje.
En aquella Plaza de Mayo -marcada por diferencias que tanto dolor costaron- el General también advertía: “El gobierno del pueblo es manso y es tolerante, pero nuestros enemigos deben saber que tampoco somos tontos”.


La despedida de ese 12 de junio en la Plaza fue inolvidable cuando Perón dijo a los presentes: “Les agradezco profundamente el que se hayan llegado hasta esta histórica Plaza de Mayo. Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino”.


Hoy, a 38 años de aquella fecha esos y otros mensajes de Perón cobran vigencia. En un mundo que viene cambiando en forma acelerada, las palabras de Perón siguen teniendo una importancia indudable para ir encontrando el camino de la Argentina justa, libre y soberana que soñó el General cuando alumbró al peronismo.

Homenaje en la Casa del Partido Justicialista a las 10
Desde el Consejo Departamental Paraná del Partido Justicialista informaron que hoy a partir de las 10 se realizará en la Casa del Partido un homenaje Perón a 38 años de su desaparición física.
“Es sin dudas uno de los grandes líderes populares nacionales y latinoamericanos. Su obra de gobierno, su pensamiento y su doctrina son un legado insoslayable para las nuevas generaciones, y él vive en cada joven que se suma a militar en el proyecto nacional y popular que nuevamente dirige los destinos de la Patria”, se indicó en un comunicado.


“Las banderas de Justicia Social, Soberanía Política e Independencia Económica vuelven a tener vigencia y son un horizonte para la Argentina y los países hermanos de la Patria Grande que trabajosamente tratan de romper las cadenas echadas por el neoliberalismo y los gobiernos cómplices de los 90. Un camino que nuestro país emprendió de manera ejemplar a partir de la llegada de Néstor Kirchner al poder en 2003, y que continúa Cristina en la Nación, el compañero Sergio Urribarri en la provincia y la compañera Blanca Osuna en nuestra ciudad”.


“Por eso decimos que a 38 años del paso a la inmortalidad del General Perón, sigue viva su imagen, su palabra y su obra en el corazón y en el pensamiento de nuestro pueblo y así lo recordaremos, como el líder que volvió a gobernar su país tras años de cruel exilio, que se llevó la maravillosa música de sus compatriotas y cuya desaparición física lloraron los humildes de la Patria (...)”, se indicó.

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