Lunes 04 de Agosto de 2014
El famoso cráter, que se encuentra a unos 30 kilómetros de la localidad Bovanenkovo, cautiva a expertos por su tamaño -más de 60 metros de diámetro y 20 de grosor en su boca, por lo que se podría acceder en helicóptero- y por el hecho de que, por el momento, es imposible ver el fondo.
"El cráter confirma que el cambio climático es real. Lo extraordinario es que este fenómeno a toda vista natural haya ocurrido en un espacio de tiempo tan corto, ante nuestros ojos", aseguró a EFE Leonid Rijvanov, doctor en Geología por la Universidad de Tomsk (Siberia).
Normalmente, los fenómenos geológicos son resultado de procesos de cientos o miles de años, pero los "agujeros negros", como también son conocidos los cráteres aparecidos en la península de Yamal, que significa "Fin de la Tierra" en lengua aborigen, son relativamente recientes.
"Son consecuencia directa del calentamiento de nuestro planeta que está provocando que se derritan los hielo perpetuos que cubren la tundra siberiana. Aunque no es algo catastrófico, ya que Siberia es un lugar muy sensible a los cambios", refirió.
Pero hay otras opiniones sobre los tres misteriosos fosos gigantes que aparecieron repentinamente en el norte de Siberia.
Las hipótesis iniciales que se barajaron del origen de los tres enormes agujeros, uno de ellos llega hasta 70 metros de profundidad, incluyeron de todo, desde meteoritos hasta extraterrestres. Incluso hubo quien los relacionó con una conspiración conectada al fracking.
Según la página web LiveScience, algunos expertos creen ahora que los extraños fosos pueden ser un tipo de sumidero permafrost, es decir, serían agujeros que estaban bajo una capa de hielo permanente, algo más característico de las regiones más frías o periglaciares, como es la tundra.
Este tipo de agujeros en el suelo suele ocurrir por algún tipo de colapso de la capa superficial. En declaraciones a LiveScience, Vladimir Romanovsky, geofísico de la Universidad de Alaska Fairbanks, asegura que los fosos de Siberia fueron causados por el agua de deshielo del permafrost.
Romanovsky añade que de alguna manera, en lugar de succionar el material colapsado dentro de ellos, estos agujeros parecen haber empujado el material fuera. Las imágenes de los agujeros muestran suciedad en su interior, como si se tratara de una explosión.
El primer gran foso fue descubierto en el norte de Siberia a mediados del julio. El agujero, que fue encontrado por los pastores de renos, fue de aproximadamente 80 metros de ancho. En ese momento, la prensa mundial dirigió su atención hasta la zona, conocida como “El Fin del Mundo”.
Desde el descubrimiento de la primera sima, se han encontrado otros dos agujeros. Uno en el distrito y otro en la Taymyr.
Otro científico, Chris Fogwill, de la Universidad de New South Wales, en Australia, ha sugerido que el primer hoyo fue creado cuando un montículo de tierra se hundió de forma repentina sobre la capa inferior de permafrost.
Los investigadores enviados a investigar la primera formación han tomado muestras de suelo y agua para determinar cuándo se formó el agujero.
En el cráter hay una concentración más alta de lo normal de metano, pero en un máximo de un 9,8%, por lo que es muy inflamable. En tanto, los niveles de radiación también eran normales.
El calentamiento global
Se cree que cuando esa capa de hielo perpetuo estuvo más cerca de la superficie de lo habitual debido al calentamiento es cuando se produjo ese intrigante agujero.
"Como la superficie es casi impermeable, la presión del gas aumentó y en esa situación pudo haber ocurrido un escape", se asegura.
Los expertos recuerdan que la temperatura del hielo perpetuo siberiano es de unos 10 grados bajo cero, mientras el gas está a unos 30 grados centígrados, por lo que esa parece la versión más factible del fenómeno aparentemente de ciencia ficción.
Por de pronto, en la misma región de Yamalo-Nenets se ha encontrado otro de esos agujeros, aunque su diámetro es menor que el anterior, 15 metros, y en el fondo del mar de Bárents existen cientos de ellos, según los expertos.
La coordinadora del programa ártico de Greenpeace Rusia, Yevguenia Belakova, señaló a Efe que el metano tiene un efecto invernadero mayor que otros gases y que su presencia es otro factor que contribuye en gran medida al cambio climático en el Ártico.
En lo que todos están de acuerdo es en la necesidad de enviar una expedición científica permanente para estudiar la zona -ya que podría haber "bolsas de gas", que serían muy peligrosas si se detectan en zonas habitadas o yacimientos de hidrocarburos-, con el fin de predecir la formación de estos agujeros negros.