Dos caras de la tercera edad
Hoy por hoy. Opinión.

Sábado 19 de Septiembre de 2015


Marcelo Comas/De la Redacción de UNO
mcomas@uno.com.ar


Son dos ancianas que viven en casas contiguas en una calle cualquiera de la ciudad de Paraná. No se trata de personajes ficticios, más bien personas de carne y hueso que nos muestran dos casos bien disímiles de cómo un adulto mayor afronta sus últimos años de vida. Es que cada una con sus herramientas y recursos construye un universo paralelo viviendo sola con su alma, sus recuerdos y los retazos de un pasado que seguramente fue mejor. 
La más moza demuestra jovialidad, lucidez y una vida social más activa. Su tiempo lo reparte entre los quehaceres domésticos, el esparcimiento y los fines de semana con familiares. Tiene un especial cuidado por su apariencia, desde el peinado hasta el maquillaje, que corona con sus mejores prendas. Despliega una energía que no encaja con una mujer de su edad y hasta se le anima a las fiestas de disfraces con amigas. Son ellas las que le prestan el oído y están para contenerla, y seguramente con las que mayor tiempo comparte. La contracara es su vecina de al lado: los años la llenaron de arrugas y encorvaron su cuerpo. Está sumergida en otras épocas y la senilidad está acabando lentamente con sus recuerdos. Sale en contadas ocasiones para cerciorarse de las condiciones climáticas o para entablar una charla pasajera con algún vecino de la cuadra. Nunca retacea el saludo, más allá de que se trate de un desconocido y ello quizás represente un riesgo sabiendo que pasa todo el día sola. Atraviesan por una misma etapa de la vida, pero atravesadas por diferentes condiciones y recursos para enfrentarla. 
A su manera buscan relacionarse con el entorno y sostenerse en un contexto de soledad motivado por diferentes motivos. Al parecer, ninguna está abierta a recomponer su vida sentimental a pesar de que  la capacidad de amar no se pierde cuando uno envejece. Y para ello fundamentan que en detrimento de la pasión toman más fuerza otros sentimientos, como la ternura, e incluso que en estas relaciones los momentos compartidos se vuelven cruciales para el vínculo, como también el acompañamiento y el apoyo mutuo. Otro de los aspectos importantes de este recorrido está vinculado a la relación con los familiares, quienes giran a su alrededor como satélites, siendo el gran sostén de apoyo para sortear los momentos más difíciles. No me pregunten por qué, pero conecté esta reflexión con la inesperada y evitable muerte de una octogenaria en la zona del exhipódromo de Paraná, que estando sola -como era habitual- no pudo escapar de las llamas que consumieron su casa en pocos minutos. Sucede que ante el primer vistazo uno las imagina débiles, desamparadas e indefensas ante un accidente. Este análisis busca (en buena medida) indagar acerca de la manera en que sus hijos/as y el entorno familiar elabora el tránsito de esas personas hacia la vejez. Y todas las dificultades que se presentan cuando sus seres queridos tienen la cabeza puesta en los problemas cotidianos.  
La última encuesta de hogares porteña muestra que  creció el número de mujeres mayores de 60 años que decide vivir sola; ocupan el 61,7% de los cada vez más hogares unipersonales porteños. Es decir que cuatro de cada 10 hogares de este tipo está habitado por mujeres adultas mayores. Sin estadísticas oficiales para corroborar esta tendencia, en la capital entrerriana se advierte una mayor cantidad de abuelas que eligen la soledad por haber enviudado, por necesidad o porque no les queda alternativa. Y allí se plantean estas dos historias mínimas que pretenden representar a una franja social que va en pleno ascenso.