Dicen que manejar es como portar un arma
A pesar de que los paranaenses nos conmovemos ante hechos trágicos, no somos capaces de mejorar nuestras conductas.

Sábado 09 de Agosto de 2014

Vanesa Erbes/ De la Redacción de UNO

verbes@uno.com.ar

 

En una grosera generalización se puede asegurar que los paranaenses manejan mal y no respetan las reglas de tránsito. No es una novedad.

Y aunque cada vez que ocurre una tragedia la mayoría sale a opinar qué se debería hacer para evitar los accidentes en los que mueren personas, sin el menor atisbo de autocrítica, la situación no cambia.

Pasaron poco más de dos meses de la muerte de Juan Manuel Martínez Zurbano, el nene de 6 años que fue atropellado el 6 de junio en calle Alameda de la Federación cuando estaba por ingresar a la escuela Del Centenario, y la situación parece seguir igual. El chico pereció en el acto, tras ser chocado por Silvio Díaz, quien manejaba drogado y alcoholizado.

Y no solo en Paraná ocurren estas cosas. La semana pasada en Crespo un menor de 7 años falleció tras ser embestido por el conductor de un Dodge Polara. El menor se dirigía a la escuela y según algunos testimonios fue impactado cuando realizó una maniobra para evitar a una motocicleta que se conducía zigzagueando, y cuyo conductor se dio a la fuga. Según se explicó, el automovilista que transitaba por el lugar no pudo evitar impactar con el menor.

Las historias se repiten, pero no solo mueren personas por ser atropelladas. En la madrugada del 24 de enero de 2010 un hecho causó gran conmoción en la capital provincial. La tragedia comenzó con un incidente vial entre dos vehículos: un Suzuki Fun conducido por Leandro Fornero, a quien acompañaba su amigo Franco Arnedo; y un Peugeot 306 que manejaba Lisandro Agustín Fernández, acompañado por Rubén Emmanuel Gómez y Nicolás Lencina. Los vehículos transitaron juntos durante varias cuadras, mientras sus ocupantes se insultaban y realizaban recriminaciones, hasta que en la esquina de Moreno y De la Torre y Vera, Fornero bajó del coche y se acercó al Peugeot. Allí se produjo el desenlace fatal, cuando en medio de una escaramuza Fornero recibió un disparo de arma de fuego en el pecho y cuatro fuertes golpes en la cabeza, propinados con una llave cruz. En tanto, su compañero Arnedo, declaró que se salvó de milagro, dado que el menor que llevaba el arma intentó dispararle a quemarropa, pero la bala no salió.

Este hecho me vino a la memoria el sábado, mientras circulaba en bicicleta por calle Alem, y pasando Monte Caseros un automóvil que estaba estacionado arrancó, sin percatarse de mi presencia. No me atropelló de milagro y en medio del susto mi primera reacción fue insultarlo.

La respuesta del conductor, un señor entrado en años que iba acompañado de su esposa, fue acelerar el auto y cruzármelo literalmente delante de la bicicleta.

En medio de esta violenta situación, la mujer me devolvió el insulto y lo primero que se me vino a la mente fue el caso de Leandro Fornero.

Debo confesar que me asusté. Fueron segundos en que mis piernas no respondieron y mi corazón se aceleró. Cuando pude recuperarme, opté por mirar a esa gente en silencio, esquivar el coche y proseguir mi marcha. Pero grande fue mi sorpresa cuando tipo repitió la maniobra: volvió a acelerar y a cruzarme el auto. Por suerte arrancó y siguió y el hecho solo queda en el plano anecdótico.

Sin embargo, hay que reflexionar acerca de la capacidad emocional que tienen ciertos sujetos para estar frente al volante. Y preguntarse, ya que muchos establecen la analogía de que manejar un vehículo es como portar un arma, si no vendría bien incluir algún examen psicológico entre los requisitos que se piden a la hora de otorgar el permiso para poder conducir un auto.

Es una opción que debería pensarse; válida si se piensa en los datos y las conclusiones que aporta la organización Luchemos Por la Vida: “Argentina ostenta uno de los índices más altos de mortalidad producida por accidentes de tránsito: 22 personas mueren por día, hay casi 8.000 muertos por año, y más de 120.000 heridos anuales de distinto grado, además de cuantiosas pérdidas materiales. Esta cifra es significativamente elevada si se la compara con los índices de otros países, en relación a su población y número de automóviles circulantes”. A lo mejor es una alternativa, entre muchas, que podría implementarse en un intento por revertir estos nefastos índices.