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Darle piola al Barrilete

Lunes 24 de Noviembre de 2014

Alfredo Hoffman / De la Redacción de UNO
ahoffman@uno.com.ar

 

 

 

El 2001 fue un año bisagra. Fue el año de la eclosión de un modelo económico y social. Ese modelo se solía sintetizar con una multiplicidad de frases y metáforas del estilo de: “Estamos mal pero vamos bien”; “cirugía mayor sin anestesia”; “teoría del derrame”; “siempre hubo pobres” y tantas otras que el lector recordará mejor. Ese modelo hegemónico tenía su sustento en una concepción de las relaciones humanas bien individualista y poco solidario, que se puede explicar con otra expresión significativa: “Sálvese quien pueda”. El paisaje urbano era el de las fábricas cerradas, abandonadas, y las cuadras y cuadras llenas de hombres y mujeres que hacían cola durante horas para buscar trabajo. Buscar trabajo, en la mayoría de los casos, como empleados de cadenas multinacionales de supermercados o como vendedores de bienes y servicios, sin aportes jubilatorios, sin obra social, sin ningún tipo de legalidad ni estabilidad. Y así y todo, los ciudadanos se aferraban a esos escasos puestos laborales en oferta como a una tabla de salvación en medio del océano.
Tal era el escenario de Entre Ríos, sobre todo de Paraná, en aquel 2001. La maldición de los bonos federales, en una ciudad de marcada dependencia de la administración pública en gran parte de su economía, sumó nafta al fuego. La ecuación no podía ser más terrible: siempre hubo pobres, decían, pero aquí los pobres eran cada vez más pobres y la clase media cada vez más estrecha.
En aquel año bisagra, la respuesta de los excluidos y los desclasados fue la organización: asambleas, trueques, piquetes, fábricas recuperadas. Algunas veces en forma desordenada, impulsiva y de corto alcance. Y otras con el suficiente ímpetu, espíritu solidario y perseverancia como para mantenerse en el tiempo. Estos fueron quienes conformaron colectivos sociales que desempeñaron y todavía desempeñan un rol clave en la sociedad.
Entre esos últimos estaban, en agosto de aquel año bisagra, quienes se agruparon con las consignas de posibilitar una oportunidad laboral a familias vulnerables, de ofrecer un espacio de contención a gurises en situación de pobreza, de mendicidad o de calle y, por si esto fuera poco, dar vida a un medio de comunicación que dedicara espacio al análisis de estas problemáticas y la narración de historias vinculadas a ellas. Así nació Barriletes; primero una revista y después una asociación civil. Aparecieron, entonces, los hombres, mujeres, jóvenes y también niños y niñas que recorrían las oficinas y las calles del centro ofreciendo un ejemplar de esa publicación que le dejaba un ingreso digno en un contexto de crisis. Esa escena todavía se puede observar en estos días.
Con el paso del tiempo, la prepotencia de la constancia y la capacidad para gestionar recursos, Barriletes creció y multiplicó sus actividades, siempre en la línea de tres ejes: comunicación, trabajo y expresión. Hoy, en la sede de Santo Domínguez 964, tiene la biblioteca comunitaria “Esos otros mundos”, numerosos talleres para grandes y chicos (batucada, música, cerámica, manualidades y un largo etcétera) y, desde marzo de 2010, la radio comunitaria Barriletes (FM 89.3 – http://radiobarriletes.blogspot.com.ar/).
El miércoles 19 de noviembre, un montón de gurises vinculados a las actividades de este colectivo participó de la marcha por el Día Mundial para la Prevención del Abuso Infantil. En la puerta del centro de salud Illia, en el barrio Paraná V, se instaló una radio abierta que transmitió por la frecuencia de la 89.3. Hubo músicos populares (María Silva, Mariano Martínez, Ale Vitas, Guadalupe Abero), palabras de militantes sociales reconocidos por su trabajo cotidiano en la materia, marionetas, batucada y mucha alegría. Una buena cantidad de personas marchó por las calles de la zona, pasó por el frente de la asociación civil y regresó a la puerta del dispensario. Allí lanzaron globos negros al aire y se quedaron con globos blancos en la mano para llevarse a sus casas.
Horas después, durante la madrugada, manos todavía anónimas ingresaron a la casa de Barriletes forzando una ventana. Fueron derecho al estudio de la radio y se llevaron valiosos y costosos equipos, fundamentales para la transmisión y puesta al aire. Con equipamiento alternativo mínimo, los barrileteros iniciaron una transmisión de emergencia a través de internet. Seguramente es solo un obstáculo que estas personas sabrán sortear, como lo hicieron con muchas otras barreras que aparecieron a lo largo de 13 años. Pero la situación no deja de indignar a quienes valoramos el trabajo con la mirada puesta en el otro y no en uno mismo, el trabajo de los que no ven al otro como medio sino como fin, el trabajo de los que se plantaron ante el sálvese quien pueda y, con mucha piola, empezaron a remontar una oportunidad.

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