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Crecimiento económico y equidad social

Hay un logro histórico donde el Gobierno actúa para redistribuir el ingreso en favor de los más carenciados que no es inocuo ya que genera oposiciones  

Sábado 17 de Noviembre de 2012

Roberto Schunk (*)
Colaboración Especial
reschunk@gmail.com

En un trabajo reciente (2012) denominado Cambio estructural para la Igualdad, disponible en Internet, la Comisión Económica para América Latina (Cepal), organismo dependiente de la Organización de Naciones Unidas (ONU), demuestra con datos fehacientes que en el ciclo económico-político abierto en 2003 la Argentina logró superar un dilema histórico de los países latinoamericanos: la dificultad de generar un elevado crecimiento económico acompañado con equidad social. De acuerdo a la Cepal, nuestro país fue el de mayor crecimiento económico de los últimos años entre las naciones consideradas de América Latina y al mismo tiempo fue el que más avanzó en la redistribución del ingreso, pese a no ser, cabe agregar, de los más beneficiados por los precios internacionales de los productos básicos (los países que producen hidrocarburos -Venezuela- o minerales -Chile-, se vieron aún más favorecidos).


En efecto, la tasa de crecimiento de los ingresos por habitante del total de la Argentina en el período 2003-2011 rondó el 7% anual, mientras que los ingresos medios del 70% de la población, excluyendo del cómputo al 30% más rico, alcanzó un ritmo de expansión superior al 9% por año, más de dos puntos porcentuales por encima del promedio general. Ello significa que Argentina alcanzó alto crecimiento con inclusión social, es decir, las mayorías participan en los frutos de la expansión económica. En cambio, para citar un ejemplo, durante otro lapso de crecimiento de la Argentina (1990-1997), también se logró una tasa de expansión económica importante, pero de carácter concentrador y excluyente, como bien muestra la información de la propia Cepal. Estos datos pueden corroborarse con otras publicaciones, como la información del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales de la Universidad Nacional de la Plata, disponible asimismo en Internet.


Esos análisis no hacen más que confirmar técnicamente el impacto que han tenido en el lapso 2003-2011 las políticas activas de los gobiernos kirchneristas, que también se refleja en niveles históricos de consumo (turismo, compras de automóviles, construcción, energía, etc.). Entre esas políticas vale recordar, al solo efecto ilustrativo, la incorporación de 3,3 millones de personas al empleo, la ampliación de la cobertura jubilatoria en 2,3 millones de adultos-mayores, los 3.350.375 niños que reciben la asignación universal por hijo, los 1,4 millones de personas que accedieron a diversos programas (Argentina Trabaja, Repro, etc.), la reactivación de la negociación colectiva de trabajo, del salario mínimo, entre muchos otros programas imposible de detallar aquí.


Pero ese logro histórico de crecimiento con equidad, donde el Gobierno actúa para redistribuir el ingreso a favor de los más carenciados, no es inocuo, genera también fuertes oposiciones. El hecho de que crezcan más rápido los ingresos de los sectores populares en relación al 30% más rico, significa que buena parte –no todos– de estos últimos grupos reaccionan y buscan defender su posición históricamente privilegiada. Ello se aprecia claramente en la actitud de algunos de esos grupos de altos ingresos frente a las políticas del Estado ante la actual crisis internacional. Las convulsiones de una economía mundial especulativa e inestable han llevado al gobierno nacional a establecer controles sobre el uso de las divisas y administrar el comercio exterior para evitar pérdidas de reservas internacionales en medio de la crisis. Pero estas medidas, tan necesarias para la defensa del interés nacional, han provocado malestar en los sectores de mayores ingresos, acostumbrados a un consumo suntuario sin limitaciones (incluyendo viajes el exterior y compra irrestricta de dólares para atesoramiento).


Por todo ello, es bastante claro que las manifestaciones de un sector muy minoritario de la sociedad tienen su origen en el notorio avance del proyecto redistributivo de los últimos años. Si a esto le sumamos los controles coyunturales comerciales y cambiarios por la crisis internacional, la desaceleración del crecimiento y la instigación permanente de las grandes multimedias que están luchado para no perder el monopolio mediático, podemos tener un panorama de las razones de la magnitud del cacerolazo organizado del pasado jueves.


De todos modos, la sensación que queda, luego de ver gran parte de los testimonios de los manifestantes, es la confirmación del rumbo adoptado y la necesidad de profundizarlo, cada vez más “unidos y organizados”. Ello porque el trasfondo de la protesta, que en la superficie no era clara ni uniforme, se puede resumir en el intento de cuestionar la redistribución del ingreso, calificándola de “clientelismo”, viejo recurso de la derecha conservadora. Humildemente, creemos que eso no es clientelismo sino reparación social y además sostenemos que la integración de los sectores populares redunda en beneficio de todos, porque la sustentabilidad a largo plazo del crecimiento depende en buena medida de la capacidad de integrar a las grandes mayorías en el proceso de desarrollo. En ese marco, es claro que todavía tenemos desempleo y compatriotas en condiciones de pobreza. Por esas cacerolas, y no las “vip”, hay que seguir avanzando en la profundización del modelo.

(*) Ministro de la Producción de Entre Ríos, con la colaboración de Leandro Rodríguez.
 

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