Intenté empezar esta columna a las 9.30, pero a las 10.45 en mi cuaderno había escrito una sola palabra: bronca. Son varias las sensaciones que se cruzan y todas terminan en la indignación; así de simple y así de complejo.
Bronca
Hasta ayer por la noche tenía pensado tres temas diferentes, ninguno para escribirlo en primera persona del singular. Todo cambió a la mañana, a la hora exacta en que se entra a la escuela. Una de las opciones era destacar esa pasión por el fútbol que nos viste de celeste y blanco, la emoción de escuchar en un estadio a miles de personas gritar: “El que no salta es un inglés”. La segunda posibilidad era hacer una referencia a la última sesión del Concejo Deliberante de Paraná y la posición de algunos ediles ante el voto de los servicios esenciales. La última opción era decir algo sobre las virtudes y mezquindades del oficio en el que batallo por conmemorarse el día de hoy.
Pero nada de eso es importante ahora, o al menos no me importa a mí escribir sobre eso; y es así aunque no sepa bien como encarar esta columna que ya lleva 26 líneas y donde lo más contundente es la bronca.
A los dos niños accidentados solo los conocí por una foto que un periodista publicó en twitter; lamentable error que corrigió horas después al eliminar la imagen. Tampoco sé quién es el conductor del auto, más que por las publicaciones que realizaron medios de Internet durante la mañana de ayer y la oleada de comentarios que expusieron su perfil de la red social.
A las 10.45 escribí la primera palabra en el cuaderno azul donde llevo los apuntes diarios. La empecé manuscrita por la urgencia y como en una descarga; tal vez para sacarme de encima esto que tengo aunque ahora, ya sé, no voy a poder. Y no voy a poder porque a lo largo de la mañana y de la tarde volví a repetir como en una película una secuencia que inventé solo en mi cabeza: hay dos chicos que esperan cruzar Alameda de la Federación para entrar a la escuela y un conductor –se determinará en qué condiciones– los embiste una y otra vez.
Con la cabeza un poco más fría traté de buscar algunos datos; estadísticas. En 2013, según datos oficiales, murieron en Entre Ríos 200 personas en accidentes de tránsito; es casi un fallecido cada 44 horas.
Se puede ser más preciso o riguroso, pero ahora, visto a lo lejos, me gana el escepticismo: parecen solo números y no expresan lo que siento.
Me acordé, en el medio de la confusión, de la iniciativa que el 10 de junio se llevará adelante en el Puente Rosario–Victoria. Familiares de 40 fallecidos en la ruta van a pintar una estrella amarilla por cada uno a lo largo de la traza vial. Agregué esto porque quienes llevan adelante la acción transformaron la bronca y el dolor en una herramienta para dar pelea.
Pero ahora, con casi media nota escrita creo que no la levanto con nada; pido perdón por eso. Las noticias están, ilustran tapas y portadas; en todos los canales algo se dijo sobre el accidente; asesinato le llamaron algunos y masacre otros.
Pienso en la familia de esos niños y aunque sus padres no me conozcan y yo no los conozca a ellos, los acompaño como cientos de paranaenses que en la mañana de ayer nos quedamos aturdidos.
¿Con qué velocidad la Justicia –sí, con mayúscula– actuará ante este accidente? ¿Cuántos hechos similares más deberán pasar para que se tomen medidas correctas? Repito: en 2013 murieron 200 personas en accidentes de tránsito; todos los fines de semana el Hospital San Martín se llena de jóvenes con la cabeza rota por chocarla contra el asfalto al caerse de una moto. No alcanza con eslóganes al estilo: “Si bebe no conduzca”. ¿Cuál es la política activa y concreta para revertir esto? Faltan respuestas.
Sobre la injusta muerte de ayer he visto el escrache, el comentario posteado, las fotos, videos, entrevistas televisivas y los perfiles; pero siento que nada de eso alcanza.
La nota, al final, no es más que para expresar esto: una sola palabra que se sintetiza en menos de dos líneas. Un disgusto, una desilusión y un enojo compartido. Bronca, tengo bronca y no sé qué hacer con eso.















