A Fondo

Algunas tantas maneras de volver siempre al pago

Serie. Escritores, poetas y otras demencias encumbradas. El derrotero de Magdalena Pandiani de Chemín, historiadora y escritora entrerriana nacida en San Salvador y residente en Paraná. Su vida está plena por sus grandes cualidades humanas

Domingo 01 de Marzo de 2015

Carlos Saboldelli / Especial para UNO
csaboldelli@hotmail.com

 

Con una pila de enorme de libros, de encuadernaciones rústicas o encuadernadas, de diversos formatos y tamaños y de destacados espesores caminaba por calle Colón Rumbo a su casa. Claro que podría ser el caso de un lector compulsivo pero no….era material para ofrecer a sus alumnos. Quizás definir el perfil de esta escritora entrerriana, nativa de San Salvador y residente en esta ciudad, amerite otras precisiones. Pero sin dudas, que este ejemplo cotidiano define sin dudas su cualidad humana.


Hasta hace unos años, uno podía percibir por la ventana de la Biblioteca Provincial de calle Alameda de la Federación su andar vivaz y ocupado. Algún libro extraño con datos precisos, una biografía impensada, manuscritos indescifrables solían ser su autoimpuesta meta de rastreo arqueológico. Con una metodología casi monástica, ha sido capaz de desentrañar información en las recordadas encuestas “Lainez” (que contienen una recopilación de historiografía escolar y costumbres rurales, recabadas por maestras pero en manuscritos) únicamente con un cuaderno en el cual meticulosamente llevaba adelante, hija a hoja, renglón a renglón, ese maravilloso rastrillaje científico al cual es muy difícil abandonar una vez atrapado.


Con el mismo fragor, el detalle de algunas obras del Profesor Antonio Serrano o la colección inmensa del Fondo Marcelino Román, además de las colecciones del Museo Natural o citar de memoria palabras de Fiorentino Ameghino o Lemhann Nitsche.


Detenidamente, cada uno de esos relevamientos  usurpaban páginas de los cuadernos de apuntes, pero sobre todo ocupando la imaginación de la autora vaya uno a saber por cuáles de los confines de las historias que se encontraba trabajando. En esos trances, en esos maravillosos viajes de la literatura, de la ciencia y de la bibliografía andaba Magda Chemín, feliz entre los libros y las historias.

 

 

La felicidad espontánea

 


Más allá de esa actividad de investigadora (bajo la consagración indisimulable de la tenacidad), es profesora de Geografía y Licenciada en Turismo. En la primera de sus actividades, es autora de dos obras de consulta asidua en ámbitos docentes y educativos. Así, su “Geografía Elemental de Entre Ríos”  (primera edición de 1991) recorre la provincia en todos sus soles y en todas sus aguas: sus límites, su cultura, los ecosistemas. Cada curso de agua con su detalle y posibilidad de navegación. Las poblaciones indígenas, la industria, la actividad agropecuaria y cuanto detalle pueda uno imaginarse desde la urbe a lo recóndito.  Una obra de consulta no solo al usuario sino también para el curioso y el investigador.

 

Pero claro, los espíritus irrefrenables tienen eso de evitar los corrales. Al segundo nomás de esta obra nuevamente estaba en la revisión y en los nuevos datos, en las diferentes historias y paisajes. Y también con visiones innovadores a la ciencia geográfica tradicional que la llevaron a  encarar una nueva obra: “Geografía de Entre Ríos. Marco Natural y Artrópico” (1998). Lejos está la intención aquí del comentario de obras, pero en este caso posee el contenido analítico desde el turismo, el desarrollo, los puentes que integran a la provincia  hasta una selección de históricos artículos de la prensa donde se manifiestan en estos diferentes sentidos. Como si algo viniese a coronar  una obra de cuidados especiales y puntillosa elaboración, sus tapas estas bellamente ilustradas por  acuarelas de Sadí Genolet que engalanan el contenido del libro.

 


El cejo incansable de sus búsquedas la arrimó a la historia. Así es que ha participado (para beneplácito de su alumnado) en instituciones folklóricas contribuyendo con estudios sobre la estancia de José Hernández en Paraná durante la época de la Confederación, reconstruyendo sus hábitats y costumbres. También en estudios preliminares sobre las caleras, sobre la inmigración en costas del Paraná y del Uruguay, sobre caudillos entrerrianos y sobre la fundación misma del pago de San Salvador. En cuanto al acervo de las bibliografías, constituye una rémora del Funes borgeano ya que en los anaqueles insondables de su memoria conoce la existencia de libros y documentos en cada museo o biblioteca de la provincia.

 


Tal vez, más importante que toda esa sapiencia y conocimiento sea eso que pensaba de ella don Domingo Idelfonso Nanni.  En efecto, dice don Nanni en su libro “Mi pequeño mundo” “…la señora ha desplegado y lo hace aún, una destacada e intensa actividad docente. Es esta profesora de una proverbial humildad, abonada por una indisimulable generosidad en la transmisión de sus conocimientos por lo cual recibe el apoyo permanente de sus alumnos y amigos”.

 

 

Vuelvo a mi pago sin golpear

 


Es inherente al ser humano el volver. Regresar en cualquier forma a esos rincones y patios, a los jazmines y a los viejos. A las esquinas y ochavas, a esas construcciones de ladrillos pelados y techos de chapa, a los vecinos en la vereda y a los pibes en la calle. Cierto es que a veces los años y el progreso atentan en los hechos, pero los recuerdos siempre están para hacer de equilibro. La Profesora Chemín parece nunca abandonar su terruño bello, esa tierra cálida en la cual comenzó su historia.

 


Nativa de los pagos de San Salvador ha escarbado intensamente en busca del rescate y reconstrucción de la historia de esa ciudad. Así, ha contribuido con la biografía de personajes históricos y del teatro (desde Crispín Velásquez hasta Osvaldo Dragún), con aportes sobre los cultivos del arroz (recordemos que es San Salvador la Capital Nacional del Arroz) pero sin olvidar al taipero y buscador de agua que anónimamente trabajan el suelo; también con historias de campo y aparecidos escuchadas al azar y sustentadas con la investigación y la visión intensa de pintores, artesanos y literatos de la zona.


Todo eso le ha valido el reconocimiento como “Hija dilecta de San Salvador” por el Concejo Deliberante de la ciudad en abril del año 2013, mediante la Resolución Nº 8/2013. Pero dos hechos (aclaro, a juicio propio) son quizás los que profundizan mucho más el surco de su pertenencia. La primera de ellas, constituye nada menos que la elaboración del libro San Salvador (1998) donde la autora recopila absolutamente toda la historia del lugar, incluso desde el proceso fundacional. Recuerdo aún y todos los que tratan con ella, sus anécdotas sobre “Don Salvatore” que era el primer adquirente de tierras y habitante del sitio, dando nombre luego al pueblo.


Pero en segundo término y por fuera del ámbito literario, un gesto que ilustra la importancia de la trascendencia. Porque a veces, cuando uno viaja suele proveerse de suvenires y otros pertrechos de recuerdos y evocaciones. Sin embargo, transitando por Salta la Profesora Chemín volvió a San Salvador con un retoño del histórico Algarrobo Abuelo ubicado en la Posta de Yatasto. El retoño cumplió con su misión y reverdeció aquí, quizás por los cuidados, quizás por las devociones. Pero seguro también porque para plantarlo se eligió nada menos que una escuela, la Nº 1 “José María Texier”. Ha sido incluido como Árbol Exclusivamente protegido por el Municipio de San Salvador.


Así, va ella con sus historias y anécdotas sensibles. En las casonas de sus abuelos, en los senderos enmarcados de flores y plantas y en los adoquines de los  recuerdos. Seguro que es inevitable eso, pero más bello es volver de esa forma, con la contribución de la literatura, de la historia y de la investigación.


Algo así como aquella letra del Polaco Goyeneche (Vuelvo al Sur), en esa instancia de volver de los exilios: Vuelvo al sur. Vuelvo al Sur, Como se vuelve siempre al amor. Vuelvo a vos,  Con mi deseo, con mi temor.  Llevo el Sur,  Como un destino del corazón. Soy del Sur, Como los aires del bandoneón. Sueño el Sur, Inmensa luna, cielo al revés. Busco el Sur,


El tiempo abierto y su después. Quiero al Sur, Su buena gente, su dignidad. Siento el Sur, Como tu cuerpo en la intimidad. Vuelvo al Sur, Como se vuelve siempre al amor. Vuelvo a vos, Con mi deseo, con mi temor.

 

 

Siempre por hacer

 


La profesora Magdalena Pandiani de Chemín nunca se retira de la investigación y el estudio. Sus alumnos (de todas las épocas, que son varias decenas) vuelven a ella y su sapiencia. Los investigadores golpean la puerta de su casa en busca de apoyatura y sus amigos, a la espera de su calidez y recepción. Dicen que la fortuna de los hombres reside en hechos simples y en elementos sensibles, quien sabe. De lo que estoy seguro es que a muchos eso los hace felices.


Una vez cada año, si alguien acierta pasar en el momento preciso por aquella casona donde vive, por la ventana de su hogar que augura la Navidad puede verla (laboriosa) armando el arbolito de Navidad, con animales autóctonos, cursos de agua dibujados a imagen de los cauces entrerrianos y hasta con especies botánicas de la zona.


Adolescentes, hombres,  mujeres y muchos pibes que la conocen pasan por ahí. “Chau, Magda” saludan al pasar; ella responde entre sus libros y natalicios, atrapándolos para siempre con su sonrisa espontánea y buena.

 

 

 


Vuelvo al sur


Vuelvo al Sur,
Como se vuelve siempre al amor.
Vuelvo a vos,
Con mi deseo, con mi temor.

Llevo el Sur,
Como un destino del corazón.
Soy del Sur,
Como los aires del bandoneón.

Sueño el Sur,
Inmensa luna, cielo al revés.
Busco el Sur,
El tiempo abierto y su después.

Quiero al Sur,
Su buena gente, su dignidad.
Siento el Sur,
Como tu cuerpo en la intimidad.
Te quiero Sur,
Sur, te quiero.

Vuelvo al Sur,
Como se vuelve siempre al amor.
Vuelvo a vos,
Con mi deseo, con mi temor.

Quiero al Sur,
Su buena gente, su dignidad,
Siento el Sur,
Como tu cuerpo en la intimidad.

Vuelvo al Sur,
Llevo el Sur,
Te quiero Sur,
Te quiero Sur...

¿Te gustó la nota?

Dejá tu comentario