La Provincia
Miércoles 18 de Noviembre de 2015

Zapateros con más trabajo por precio de los calzados

La nueva temporada llega con aumentos y muchos optan por arreglar las sandalias del año anterior

El calzado es un fetiche por excelencia para las mujeres, y la posibilidad de comprar en cuotas facilita que muchas puedan surtirse de varios pares con cada cambio de temporada. 

En las vidrieras de los comercios de Paraná se exhiben las nuevas modas para las mujeres, que incluyen altísimas plataformas y mucho brillo en el calzado para las fiestas que se aproximan con motivo de las graduaciones, despedidas de año, Navidad y Año Nuevo.

Un par de sandalias de material sintético de calidad aceptable para usar todos los días se puede conseguir a unos 700 pesos en promedio, pero las de cuero, que suelen durar más, oscilan entre los 1.000 y los 1.500 pesos. En algunos negocios hay pares de marcas renombradas y de diversos modelos, que incluso son más costosos y rondan los 3.000 pesos.

Los zapatos de hombre no están exentos de esta tendencia, con clientes cada vez más coquetos y dispuestos a invertir en un artículo que les aporte elegancia. Un par de sandalias o de chinelas masculinas vale unos 900 pesos y unos mocasines de vestir rondan los 1.800 o los 2.000 pesos.

En este marco, cuando el bolsillo medio ve menguar su poder adquisitivo frente a los gastos que se ocasionan llegando a fin de año, los elevados precios que se registran en la actualidad en este tipo de productos, con subas que oscilan el 30%, repercutieron en una mayor demanda del trabajo de los zapateros, al menos en estos primeros días en que las temperaturas más elevadas invitan a desnudar los pies y muchas personas se encuentran con que el estado de sus sandalias de la temporada anterior requieren un remiendo urgente.

“Ahora que se empezó a sentir más el calor, tenemos más trabajo. Mucha gente trae varios pares juntos para ver si se pueden arreglar, pero hay algunos que ya no dan más”, contó a UNO Juan, quien se dedica a este oficio en un local de calle Uruguay en Paraná.

Asimismo, sostuvo que en los últimos años se ven más calzados de origen brasileño, cuya suela se desgrana con el uso, y arreglarlos a veces no conviene. “Vienen a preguntar el precio, porque por ahí cambiar una suela no vale la pena si no es un zapato de calidad”, opinó.

En coincidencia con esta tendencia, Alberto, zapatero de calle Don Bosco, comentó que antes se podían hacer composturas más sencillas, como cambiar un taco gastado, pero desde hace un tiempo la demanda pasa por tratar de salvar un calzado que sufrió otro tipo de roturas. “Esto se nota mucho en las zapatillas, sobre todo las de marca, que están más caras y quien no puede comprarse otro par las trae para que se las arreglemos”, indicó.

Costo del trabajo

Si bien los zapateros tuvieron que aumentar el costo de su trabajo por la suba de los insumos y los materiales que necesitan, como cuero, hilo o pegamento, en algunos casos sigue siendo conveniente recomponer un par de zapatos que comprar uno nuevo. “Las cosas que usamos para los arreglos van subiendo, pero no todo junto. Por ahí un mes sube la cola, que tiene componentes importados, y otro mes suben las suelas”, contó Juan. 

De todas maneras, los zapateros consultados advirtieron que los incrementos de la mano de obra y la labor que realizan fueron menores en proporción a la suba de las cosas en general. “No se puede aumentar más porque hay que mantener a los clientes”, concluyó Alberto.

 

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