La Provincia
Jueves 12 de Noviembre de 2015

“Yo quiero ser policía también”

La frase pertenece a Alex Cuscueta el joven de 15 años que fue revivido por el sargento Félix Fontana el 30 de enero de 2001. Quince años después Diario UNO organizó un reencuentro donde sobraron abrazos, agradecimientos y promesas. Diario UNO de Entre Ríos cumple hoy 15 años de vida y los festeja con un suplemento especial #UNO15años

Dina Puntín/ De la Redacción de UNO
dpuntín@uno.com.ar


Pocas veces se realiza un revisionismo sobre las noticias publicadas para saber cómo siguieron las historias. Suele suceder ante la desaparición física de alguien importante o para trazar el camino deportivo de una institución o dirigente político.

Pero esta vez fue la temática del 15º aniversario de Diario UNO el puntapié para hacerse un tiempo y mirar el archivo por mes y hasta por años, para analizar hechos y elegir -un poco al azar- qué volver a contar.

Así apareció en la pantalla de la computadora una tapa tierna y un título feliz: “Un policía salvó a un bebé de morir ahogado”. Allí se reflejaba la foto de una mamá mirando con amor a un pequeño saludable, de ojos grandes, que dirigió su vista al fotógrafo al momento del flash y levantó su piernita. Esa imagen decía tanto y generaba a la vez tantos interrogantes que fue la elegida para contar.

Conocer cómo siguió la vida del niño, del policía y repasar sus historias después de ese enero de 2001 fueron el eje de la búsqueda.
Ubicar sus domicilios y consultar su disponibilidad, las ganas, fueron el primer paso. A partir de allí la expectativa, saber si se habían encontrado en alguna oportunidad, si recordaban la historia, si la habían hecho parte de sus vidas. Las reacciones.
Las dudas se disiparon al momento de que el policía Félix Fontana y el adolescente Alex Cuscueta aceptaron la entrevista.
El lugar elegido fue San Benito, el feriado soleado del lunes 12 de octubre. En la casa verde de calle Urdinarrain, casi esquina Libertad, se volvieron a encontrar después de 15 años el policía héroe y el pequeño que tuvo una segunda oportunidad de la vida.
Del abrazo y las lágrimas fueron testigos mamá Carola, Pamela -tía que dio aviso de que Alex estaba sumergido en la pileta-, el abuelo Rolando, Iván (hermano menor) y el pequeño Joaquín primo de Alex que desde su cochecito seguía inquieto las acciones. También estuvo Rocío Vázquez actual pareja de Fontana.
Apenas finalizado el abrazo eterno de agradecimiento, emoción y muchas miradas, una frase cortó el silencio: “Yo quiero ser policía también”. De esta manera Alex resumió las incógnitas que llevaba Félix en el auto mientras conversaba con periodista y fotógrafo -durante el viaje desde Paraná- y se preguntaba si ese bebé sabría algo de él.
La noticia
Diario UNO reflejó el 30 de enero de 2001 la siguiente crónica: “Un bebé de 8 meses que casi se ahogó mientras jugaba con otro nene en una pileta familiar, fue salvado por un cabo de policía que lo alcanzó a socorrer”.
Todo comenzó a la siesta cuando el pequeño Alex José María Cuscueta se entretenía con su primito Leonardo Cuscueta en la pileta de su casa, ubicada en Perú 646, de Paraná. Al parecer, el nene más grande en un momento determinado hundió en el agua la cabeza del chiquito y lo asfixió.
Pasaron varios minutos hasta que Pamela Neto, de 15 años, tía de Alex, salió al patio y vio que el chiquito estaba morado, flotando en el agua.

La chica, desesperada y a los gritos, le avisó a la madre de Alex lo que sucedía en el fondo de la vivienda. Carola Neto, de 19 años, llegó corriendo. Entre llantos y nerviosismo, tomó al pequeño en brazos y fue hasta la vereda a pedir ayuda.
El cabo Félix Fontana, como todos los días, estaba apostado en la entrada del Cementerio Israelita, a 25 metros de donde estaba ocurriendo el drama. Vio cómo la joven salió con el chiquito hasta la vereda y no dudó en acercarse a preguntar lo que pasaba.
Fontana agarró a Alex y le empezó a hacer respiración boca a boca. El bebé no reaccionaba de ninguna manera y la desesperación iba en aumento.
Por lo tanto, Fontana junto a la joven madre, tomaron el primer remís que pasó por allí para que los llevara hasta el hospital San Martín.
“En el camino, y mientras le seguía realizando tareas de resucitación sobre el abdomen y la espalda, el chiquito empezó a vomitar”, relató el cabo, ya en su puesto habitual frente al cementerio, con cierto aire de satisfacción en su rostro.
Según lo diagnosticado por los médicos del hospital Materno Infantil San Roque –donde fue trasladado posteriormente–, el pequeño tuvo un paro cardiorespiratorio.

El encuentro
Ya con 15 años -al igual que Diario UNO-, Alex esperó en la puerta de su casa la llegada de Félix. Junto a él su mamá Carola que fue la primera en abrazar al policía cuando este bajó del auto y le reiteró su gratitud.
Cómo describir ese momento donde un servidor público que salvó la vida de un bebé lo vuelve a ver 15 años después sano, adolescente y agradecido. Donde una madre no deja de llorar y de decir gracias, ante la sonrisa de la tía materna que fue quien dio la voz de alerta al descubrir al pequeño Alex semihundido en la pileta.
—Mamá Carola: Para mí es un orgullo que lo salvó un policía y que él quiera seguir la carrera. Pero en ese momento fue un susto muy grande. La tía fue la que lo vio, yo salí corriendo y él (señalando a Fontana) estaba de guardia en el cementerio, lo tiró al piso y lo empezó a reanimar. Paró un remís y siguió masajeando.
—Félix Fontana: Le hacía RCP (reanimación cardiopulmonar), le apoyaba los dos dedos en el pecho porque era bebé, mandándole aire por boca y presionando el estómago para que el aire vaya a los pulmones, porque los bebés casi siempre diafragman la garganta, no se ahogan con el agua, sí retienen el aire, entonces había que mandarle aire para que reaccione.
—¿Cómo fueron esos instantes?
—Siempre traté de mantenerme tranquilo porque había muchas personas gritando, vecinos, familiares. Y sabía que estaba vivo (expresa emocionado).
—Nunca se volvieron a encontrar. ¿Por qué?
—Mamá Carola: Me separé del papá de Alex y me vine para acá (San Benito). Pero tengo contacto con el hermano de él a quien le pregunto siempre para saber cómo anda (refiriéndose a un hermano mayor de Félix, también policía, que por cuestiones de la vida y la familia tienen poca proximidad).
—¿Cómo es Alex?
—Mamá Carola: Alex es el tercero de seis hijos. Tiene dos hermanas mayores de 18 y 16 años, después de él otro varón de 13, una nena de 10 y el más chico de 9 años. Está en segundo año de la escuela Mastronardi y me hace renegar para estudiar. El año pasado se llevaba todas. Le dije “Alex, te ponés a estudiar porque sino no vas a llegar a ser policía como querés”. Y después las sacó todas. Ahora se lleva siete y me dice: “Mamá quedate tranquila que las voy a sacar”. Pasa tiempo en la compu donde junta amigos. Juega al fútbol con el hermano en la canchita de ahí (señalando la esquina de su casa donde hay un parquecito) y es hincha de Boca.
Esa referencia hizo reír a Fontana. “Yo soy de Racing”, acotó y le preguntó a Alex: “¿Qué tal tu vida?”
“Bien”, respondió escuetamente Alex.
“¿Hacés deportes?”, indagó Félix generando un pequeño diálogo.

“No”.
Aprovechando el cruce de palabras entre los protagonistas, llegaron algunos requerimientos periodísticos a los que Alex siempre respondió con monosílabos.

—¿Te quedó algo de ese momento? ¿Algún recuerdo?
—No.
—¿Le tenés miedo al agua?
—No. Me gusta la pileta.
—Te das cuenta que volviste a vivir.
—Sí.
—¿Tenés muchos amigos?

—Más o menos.
—¿Vas a bailar?
—A los cumpleaños de 15.
Recortes de la vida
Carola lleva una carpeta con todos los artículos periodísticos que reflejan este episodio.
Mirando esos recortes de la época, se produjo un diálogo entre Fontana y la mamá de Alex. “Recuerdo que tu esposo -silencio, traga saliva y enjuga algunas lágrimas- vino y me preguntó ‘¿usted es el que salvó el nene?’, ‘sí’ le contesté, ‘yo soy el papá’, me dijo y me abrazó. Esa fue la alegría más grande que tuve, más que la medalla de reconocimiento que me dieron posteriormente. Después nunca más lo vi”.
“Al año de Alex me separé del papá y nos vinimos a vivir a San Benito y seguimos acá. Ellos tienen contacto con su papá, van a la casa de sus abuelos. Igual que los primos vienen a verlos. El papá sigue viviendo en calle Perú, al lado de donde tuvimos la desgracia con suerte”, le contó Carola a Fontana y agregó: “De chiquito siempre le conté todo y, cómo será, que hasta en la escuela me pidieron que lleve los recortes para mostrarlo y hablar de la noticia de su salvación. Siempre estamos difundiendo la labor policial”.
Como Fontana no guardó nada de ese día, aprovechó para leer las crónicas. Tras un breve instante describió la imagen que aún perdura en su mente: “Me acuerdo verla correr a la madre con él en los brazos, desnudo, los ojos eyectados hacia afuera, la boca abierta, no pudiendo respirar, sin moverse. Cuando lo toco, le pongo los dedos en el cuello siento un leve pulso, que después no sentí más. Traté de mandar aire y todo lo que podía para sacarlo. Y empezó a llegar gente que decía ‘déjalo que ya está muerto’ -otra vez el nudo en la garganta.
—¿Usted pensó en algún momento que lo perdía?
—No. Tenía esperanzas de revivirlo.
—¿Es creyente?
—Tengo mi creencia. No como la mayoría, pero sí creo. En ese momento sabía que él estaba ahí. Cuando paró el remís y subimos, ella -por la mamá- gritaba. Entonces traté de concentrarme en Alex nomás. El alivio más grande fue cuando tomó aire y me vomitó -se ríe-, hasta se me hizo caca y pis arriba del uniforme -carcajea entre lágrimas- pero ahí respiró y yo pensé, ‘ya está’. Lo dejamos en el hospital San Martín porque desde donde estábamos (calle Perú) era más fácil llegar rápido por el tránsito. Ahí lo recibió el doctor Víctor Paz.
—¿Había intervenido en situaciones similares?
—Había hecho cursos pero nunca había implementado la técnica de reanimación. Él fue mi primera experiencia. Después tuve otros hechos pero nunca tan graves. Todos los policías tenemos la obligación de estudiar porque es parte de la carrera y se rinde cada cuatro años, también se dan cursos de especialización para estos hechos lo que sería la parte urbana, una reanimación por ataque cardiopulmonar, heridos, accidentes.
—Después de ese episodio imagino que lo cuidás como oro.
—Mamá Carola: Sí. Hasta a las hermanitas mandé a la pileta para que aprendan a nadar. A él le encanta el agua, igual siempre le digo que tenga cuidado. Lo que sí le quedó como una secuela en el oído, siempre sufre de dolor. Pero nada más.
—¿Qué te gustaría decirle a Félix?

—Estoy orgullosa por el gesto de amor que tuvo hacia mi hijo.

Buenos deseos
Entre lágrimas y voz quebrada, Carola destacó que nunca imaginó el reencuentro.
Que se alegró muchísimo cuando de Diario UNO le propusieron reunirlos. “Desde ese día que nos llamaron estábamos ansiosos por el reencuentro”, precisó.
“Para mí es la oportunidad de decirle gracias por salvarme la vida”, añade Alex entre su gran timidez.
Por su parte, Félix le expresó: “Dios te dio una oportunidad. Seguramente algo grande tiene para vos”. 

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