A Fondo
Viernes 13 de Noviembre de 2015

Voto y conciencia

Alfredo Hoffman / De la Redacción de UNO
ahoffman@uno.com.ar


El 22 de noviembre se definirá el futuro de la Argentina. El elector decidirá cómo quiere que sea ese país luego del 10 de diciembre. Se puede suponer que las votaciones de las PASO y fundamentalmente de la primera vuelta tuvieron motivaciones comunes en un vasto sector del electorado que depositaron al principal postulante de la coalición de la derecha neoliberal proimperialista en el umbral mismo de la Casa Rosada.

Por lo que se escucha y se lee, las razones del voto por Mauricio Macri y en contra del candidato del justicialismo pueden haber sido: la reprobación, y en algunos casos el hartazgo, hacia ciertos modos de la administración del kirchnerismo, su uso de la propaganda oficial y las cadenas nacionales, las cataratas de denuncias de corrupción comprobadas o no, su discresionalidad para determinadas designaciones en el Estado, la soberbia con que la Presidenta supuestamente pronuncia sus discursos y otras circunstancias más relacionadas con la forma que con las cuestiones de fondo. Estas razones están debidamente amplificadas y en reiteradas ocasiones también son distorsionadas por los medios de comunicación más poderosos que desde hace tiempo juegan en favor de los opositores al gobierno.

Por otro lado, el crecimiento del sufragio a favor de Macri también puede explicarse por el rechazo hacia medidas que sí son de fondo. Por ejemplo, las regulaciones en la compra de dólares y en el comercio y la economía en general; la implementación de programas de desarrollo y ayuda social; la sanción de leyes de igualdad y una perspectiva desde los derechos humanos en una serie de políticas públicas. Estas motivaciones, como las del párrafo anterior, también están influenciadas por operaciones de asignación de sentido para nada inocentes. Eso y no otra cosa es lo que se produce cuando se decide llamar “cepo” a los controles en la venta de divisas o “planeros” a los beneficiarios de una asignación universal.

Hay otras razones de fondo para criticar al kirchnerismo; por caso: el modelo extractivista, los avances sobre los recursos naturales; el escaso avance hacia un sistema industrial que supere el mero ensamblaje de productos importados, la falta de debate sobre el aborto, la persistencia de condiciones de vida indignas para miles y miles de personas; pero estos temas no aparecen en la agenda de los medios, ni de los candidatos, ni en la opinión pública en general.

Si se mantiene la tendencia y son ciertas las encuestas que muestran en ascenso a Macri, el 22 serán todavía más los que voten respondiendo a aquellos estímulos fabricados en usinas de marketing político y medios de comunicación, que imponen una agenda que privilegia la forma sobre el fondo; lo accesorio por sobre lo determinante. La fórmula de estímulo-respuesta dio resultado hasta ahora, se tradujo en votos para Macri, con la gran ayuda de los errores reiterados del oficialismo, de sus dificultades para trazar ejes discursivos definidos y de las mil y un internas del Partido Justicialista. Pero todavía quedan algunos días para reforzar las razones del voto a Daniel Scioli y hacer que muchos tomen conciencia de lo crucial de esta elección, tan crucial que el voto en blanco es un lavado de manos. Ni la corrupción es exclusiva de un partido determinado, ni mejorará el país con menos cadenas nacionales. Porque además de las razones de la geopolítica, de la defensa de las empresas y servicios públicos, de las visiones de uno y otro lado sobre el uso de las fuerzas de seguridad, y de muchas otras cosas, es necesario esclarecer que lo que se juega es la continuidad de la intervención del Estado para contener a los sectores más desprotegidos o su entrega a las fauces del libre mercado. Si gana la segunda opción, las consecuencias son conocidas: la pobreza estructural, los récord de desocupación, el abandono de millones de argentinos a su propia suerte, el exilio como única salida.
 

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