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Sábado 20 de Agosto de 2016

Vivió más de dos años conectada a un corazón artificial hasta que la trasplantaron

Marianella tiene 9 años y pasó 955 días dentro del hospital Garrahan hasta que finalmenente la operaron.

Marianella tiene 9 años y hoy puede sonreír con ganas. Afectada por una miocardiopatía, fue trasplantada con éxito en el Hospital de niños "Juan Garrahan", y ya se recupera en una sala común del centro de salud. Pero en el medio, vivió 955 días con un corazón artificial, lo que significó el caso pediátrico de mayor tiempo de vida con esa prótesis como puente al trasplante que se conoce en el mundo.


Marianella había sido conectada a un dispositivo de asistencia cardíaca ventricular el 18 de diciembre de 2013 cuando su corazón, afectado por una miocardiopatía, no dio más y debieron colocarle el aparato que le permitió sobrevivir.


Julio, papá de Marianela, habló este mediodía con los medios y se mostró feliz por el resultado de la intervención. "Estamos muy contentos porque le salvaron la vida a mi hija. Después de tres años aquí, en este hospital, no me alcanzan las palabras para agradecer", señaló.


Destacó además el trabajo de médicos y enfermeros del Garrahan. "Me hice amigo de mucha gente, incluso estoy jugando al fútbol para un equipo de acá".


El trasplante de la menor fue el número 51 del Hospital Garrahan (el 24 con corazón artificial previo) y se realizó en cuatro horas y 15 minutos, en lo que fue casi una carrera contrarreloj del equipo de cirujanos que debieron, en ese tiempo, remover el corazón enfermo de la niña junto al corazón artificial y, a la vez, conservar indemnes las estructuras cardiovasculares necesarias para implantar el nuevo corazón.


Se considera que el tiempo de isquemia límite para los trasplantes cardíacos es de 300 minutos y en este caso fueron 249 los necesarios para implantar el corazón donado y que comenzara a latir.


La mayor dificultad fue, paradójicamente, lo mismo que mantuvo la vida de Marianella hasta la llegada del tan esperado corazón. El Berlin Heart, que es el nombre técnico del corazón artificial al que vivió conectada por más de dos años y medio, tiene elementos de poliuretano que están en contacto con el corazón enfermo y también con el exterior, donde se conecta a la bomba mecánica que suple el trabajo cardíaco.


"En el tórax, con la presencia de esos tubos del corazón artificial, que son plásticos, se va generando todo el tiempo una reacción inflamatoria y de cicatrización, que dificulta mucho la extracción y la cirugía", informó el jefe de Trasplante Cardíaco, Horacio Vogelfang.


Los cirujanos Gerardo Naiman y Vogelfang destacaron: "Más allá del logro médico, que lo es, porque los chicos que están con asistencia de corazón artificial requieren muchos controles, un tratamiento anticoagulante que tiene que ser muy efectivo, los problemas de infección que son un peligro permanente, y muchas otras cosas, creo que lo importante acá es destacar la fortaleza que tuvo la familia para sostener con vida a Marianella y la fortaleza que tuvo para vivir todo este tiempo en el hospital".


La nena tenía seis años cuando llegó al Garrahan desde Córdoba luego de pasar varios meses en la terapia intensiva del hospital infantil de esa ciudad.Tanto Sandra como Julio, los padres, sabían que la única posibilidad de vida era el trasplante. Aunque pensaban que todo iba a ser más rápido.


El 18 de diciembre de 2013 fue conectada al Berlín Heart, un tipo de corazón artificial que tiene una hora de autonomía sin estar enchufado: ese era el tiempo que durante 955 días la niña tuvo para salir de su cama de terapia intensiva. Desde ese día, hasta el pasado 5 de agosto, exactamente a las 0:49, que recibió el órgano donado, la nena vivió en la terapia intensiva cardiovascular del Garrahan.


En estos años festejó tres cumpleaños en el Hospital, con tortas que preparaban las enfermeras y su mamá especialmente para ella.


También estudió con las docentes de la Escuela Hospitalaria que funciona en el Garrahan: tres veces por semana las maestras le daban clases en su habitación. Su rutina se completaba con la asistencia psicológica, las dos veces por semana en el gimnasio y los controles médicos estrictos para controlar que todo funcionara bien en el aparato que la mantuvo con vida hasta el trasplante.


"Yo dije que no iba a volver a Córdoba si no era caminando de la mano con mi hija, Dios me escuchó y ella va a vivir hasta los 70 años", afirmó Sandra, la madre.

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