Violencia
Viernes 11 de Noviembre de 2016

Violencia

Entre Ríos fue tapa de todos los diarios del país y nota principal en los noticieros de los canales nacionales. Los asesinatos de mujeres se dieron de forma masiva durante todo un fin de semana en esta parte de un país que sufre la violencia machista como un mal congénito que parece agravarse con el transcurrir de los meses.

Hemos sido criados en esta cultura donde se sabe que la violencia hacia las mujeres existe en todas sus variantes desde tiempos inmemoriales y que, por eso mismo, pasó a ser parte de la "normalidad" de una vida diaria aceptada incluso hasta por muchas mujeres.

El tiempo de lucha hacia la igualdad de los géneros comenzó hace muchos años en varios aspectos vinculados a los derechos de la mujeres, faltan enormes trayectos de un camino que todavía promete avances. Un camino que está en constante evolución hacia un destino que nos equipare a mujeres y hombres en todos los aspectos de la vida donde necesariamente debemos tener las mismas oportunidades y libertades.

Pero el camino parece haber llegado a un cuello de botella, donde la violencia se ha convertido en un nudo gordiano imposible de resolver.

Da toda la impresión de que el comportamiento de los hombres ha retrocedido a niveles irracionales que ni siquiera pueden ser comparados con el comportamiento animal.

Jamás se han visto niveles de agresividad tan grandes como los que hoy están presentes todos los días en cualquier lugar del país, donde las mujeres son apuñaladas, baleadas, descuartizadas, incendiadas, empaladas, tiradas a la basura en bolsas luego de ser violadas, golpeadas o humilladas. Todo por la sencilla razón de que hubo hombres que sin dudarlo las consideraron de su propiedad, que se asumieron a sí mismos como superiores, con derecho a ejercer violencia sobre ellas, autores de sus propias reglas. Hombres que dictaminaron que ellas no habían obedecido como ellos esperaban y que fueron ellas las que provocaron su violencia. Hombres que las culpan de sus propias muertes.

El problema es más grave, se expande por la periferia detrás de cada crimen, porque hay demasiados hombres, y muchas mujeres, que piensan de esa misma manera sin importar que las mujeres a las que se refieren hoy son cadáveres. Son vidas cortadas de cuajo. Ahora serán nada porque un hombre las mató.

Las campañas contra la violencia de género y los femicidios surgieron para combatir un estado de agresión y muerte cada vez más fuerte que se multiplica desde hace un tiempo en las pantallas de televisión.

Ante una cultura machista milenaria, esas campañas buscan concientizar y cambiar mentalidades. Son la reacción necesaria para tratar de encontrar algo de protección ante la violencia sin medida y sin razón. Esas mismas campañas son las que les han dado el coraje a las mujeres agredidas para que denuncien a sus golpeadores.

Se buscó que el Estado a través de la Justicia o la Policía las proteja.

Uno de los tantos dilemas que se presentan ahora es si esas denuncias no empeoraron la gravedad de una situación que demandaba otro tipo de intervención. Machos agresivos y denunciados se sienten humillados en público por una mujer y reaccionan peor que los animales salvajes.

La pregunta surge irremediablemente. ¿Qué otra cosa puede hacer una mujer si la única herramienta que dispone es esa? ¿No lo denuncia para que no la mate? ¿Tiene que esperar pacientemente el siguiente golpe y rezar para que no pase de ahí? El cambio cultural está en marcha, y mucho se debe a estas campañas. Mientras tanto, la Justicia y la Policía deberán mirar bien a los ojos a esa mujer que está denunciando a un golpeador, y tomar cada detalle con la seriedad que demanda la situación que esa mujer está planteando. No prejuzguen y préstenle la debida atención, porque todavía la están viendo con vida.


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