La Provincia
Viernes 17 de Julio de 2015

Vecinos de Predolini recordaron los bailes en la calle y los tranvías

Mirada urbana. Contaron la historia de un barrio que nació entre tambos y quintas. Trajeron al presente las carreras de bicicletas, el carnaval, la fe y la timba. Una zona tranquila donde una día apareció un yacaré en la vereda  

Pablo Felizia / De la Redacción de UNO
pfelizia@uno.com.ar


Donde hoy está el barrio Predolini de Paraná, antes había tambos y quintas con árboles frutales. Era una zona rural a menos de 20 minutos del centro. Con caminar sus calles, esa geografía parece impensada. Tiene asfalto, cloacas, agua potable, gas natural, cruzan las líneas de colectivo, hay comercios y todo hace pensar que la urbanización lo pasó por arriba y lo transformó. De aquellas épocas hay olivos que resisten entre las veredas. Vecinos de la zona recordaron los bailes en las esquinas, el carnaval, el nacimiento de la parroquia Santa Ana, las escuelas y los tranvías que pasaban por Almafuerte. 

El barrio está delimitado por Almafuerte, Garrigó, Cochrane y su continuidad hasta Artigas. Se trata de un lugar tranquilo en general, así lo reconocen sus vecinos. 

En algunas actas firmadas por escribanos que datan de 1950 y principios de la década siguiente, aún aparece el apellido Predolini con la caligrafía de las máquinas de escribir. La familia era la dueña de las tierras donde hoy se levanta el barrio. Tenían campos, estancias y así los recuerdan hoy. Los lotes costaban desde 500 a 1.500 pesos, según el tamaño, y para entonces era un dineral.  

Una de las vecinas con más años en la zona es Margarita Cristina Narváez de Grinóvero y hace seis décadas y media que camina esas mismas veredas. “Una parte era de los Predolini, después estaban las tierras de Gazzano y los Bala, donde ahora está Paraná V”, contó a UNO. 

Entonces las calles eran de tierra, no todas estaban abiertas y, a diferencia de otros barrios de la capital, este fue conformado por el paso del tiempo y la construcción de las viviendas que se dieron de a poco.  

En aquella época había un aguatero y se llamaba  Camilo, un hielero de apellido Moreira y un lechero que llegaba en carro todas las mañanas. 

Al principio no era una zona donde vivían gitanos, pero hace años llegaron con sus carpas y colores, después levantaron sus casas y ya se quedaron para siempre; así también le aportaron una identidad particular al lugar. 

Si alguien pone Predolini en un buscador de Internet, entre las últimas notas no aparecen accidentes fatales de tránsito o balazos inesperados. Hay una que da cuenta de la aparición de un yacaré de 40 centímetros y meses de vida en Las Lechiguanas, una de las cortadas internas. Alguien lo llevó hasta allí y lo dejó libre; un vecino lo encontró y pudo devolverlo a una zona de islas. Fue a principios de mayo de este año. 

Pero también, las noticias hablan de que en esa zona vivió Priscila Hartman y de que su muerte aún espera justicia.   

Boliches y antenas

Los vecinos con más años recordaron los bailes y los encuentros en la calle como momentos que se perdieron a lo lejos.  Había una quermés, y un carnaval con baldazos de agua que duraban hasta tarde.

Hubo dos luchas que en la zona no se olvidan: la primera fue cuando lograron el cierre de los boliches Forever y Laberinto; dos galpones para nada preparados y cuyas ondas sonoras y peleas callejeras posteriores a la jarana modificaban los tranquilos amaneceres de domingo.  

La segunda fue más profunda y evitaron que no se instalara una antena de telefonía bajo los fundamentos de contaminación y los perjuicios a la salud. Cuenta la leyenda que además de hacer vigilia en el lugar donde iba a instalarse, un vecino que ya falleció se tiró al piso para que el camión que llevaba los materiales desistiera en avanzar por las calles de Predolini. 

Alberto Peréz y Orfelia Fernández también son dos de los vecinos  que más conocen el barrio. Él llegó a los 22, hoy tiene 68. Contó cómo logró pagar el terreno en cuotas con un sueldo de empleado municipal. 

“El colectivo que llegaba era la Línea 1, de color rojo y la parada estaba en Ayacucho y Churruarín. Hasta allá había que ir. Después pasaba el tranvía. Era el que salía del Parque,  pasaba por Almafuerte y volvía. Me parece que la Línea era la 5, porque la 3 iba del Cementerio Municipal al Puerto y la otra atravesaba la estación del ferrocarril”, señaló Pérez. Férnandez contó que aún aparecen en algunas calles las marcas de los rieles. 

Para muchos, vivir en el barrio es una suerte, a pesar de la voracidad del tránsito en sus avenidas. De sus orígenes quedan pocos vecinos en la zona, pero aún se trata de un pequeño espacio de la ciudad que guarda su propia historia.

Donde crecieron  deportistas y varios personajes de la cultura

En el barrio Predolini vivió José Luis El Loco Marzo, los vecinos también mencionaron a El Zorro Grinóvero de la Fórmula Entrerriana, dijeron que allí nació Paola Monzón quien fuera  reina del Carnaval de Gualeguaychú, como así también uno de los músicos de Los Príncipes y al ajedrecista Sergio conocido como El Chino, entre otras personalidades de la cultura y el deporte.  También contaron de las carreras de bicicletas que se corrían entre sus calles y que eran impulsadas por el ciclista Chiecher. 

En Predolini estaba el Club Los Andes con cancha de bochas, salón de baile y mucha timba. A la zona pertenece la escuela Magnasco, la parroquia Santa Ana levantada con el esfuerzo de los propios vecinos y su institución educativa. “Debe hacer unos 60 años que está la iglesia y empezó como una capilla pequeña”, contó Margarita Cristina Narváez,vecina del barrio. 

También recordó junto a su marido a personajes como Gardelito, que cantaba en el centro, un tal Tuco que escribía versos, y un Gonzalito; toda gente decente de la calle, de codo sobre un mostrador de bar. 

La vecina Isabel Martínez, por su parte, llegó al barrio en 1952. “Fue cuando murió Eva Duarte”, contó, y agregó que en aquel entonces sus hermanos habían conseguido trabajo en un barrio nuevo, el histórico San Martín. También rememoró los bailes, el carnaval y dijo: “Además del Loco Marzo, acá vivió la Pulga Ríos y el Tata Bogado, que jugó en Boca. Creo que después lo vendieron”.

La mujer recordó que sus padres le pagaron a los Predolini, 10 pesos al mes por el terreno de su casa.

Una rotonda o descanso para poder cruzar 

En la vecinal del barrio Predolini contaron que una de las necesidades que más urgen es una rotonda, o algo que permita cruzar con tranquilidad las tres esquinas que se abren sobre Santos Domínguez. 

Griselda Cristina Alba es la presidenta, y dijo que en el barrio hay unas 1.000 viviendas. “No es una zona con grandes falencias, porque tiene todos los servicios, más allá de algunos pozos y caños que están reventados”, dijo a UNO. También contó que desde Desarrollo Social de la Provincia ayudan a las familias más necesitadas con frazadas y zapatillas. 

En el barrio está la Unidad Municipal Nº 3, pero a veces hay basura que se acumula en varias calles y pasan semanas hasta que se juntan como en Santos Domínguez y Las Lechiguanas o sobre Garrigó.  

“A veces juntan algunos de los minibasurales, como el que hay frente a la iglesia, y al ratito está de nuevo lleno de basura”, destacó Alba.  

En su casa dispuso un salón para que funcione como vecinal. Allí hacen apoyo escolar para jóvenes de Primaria y Secundaria todos los jueves; tiene costura los viernes a las 16; y los martes hay actividades manuales para chicos. Pero los miércoles, y se trata de una iniciativa convocante, cortan el cabello gratis y van chicos, grandes, varones, mujeres. 

“Mucha gente viene y trabaja para hacer todas esas cosas”, destacó la vecinalista.  

Entre otros proyectos, hoy hacen indumentaria para los quirófanos del San Martín y del San Roque. “Recién empezamos. Hay vecinas que ayudan. Algunas lo hacen en el salón, otras en sus casas. A nosotros solo nos proveen los materiales. Lo hacemos por ayuda social”, remató. 

 

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