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Domingo 28 de Agosto de 2016

Urtubey, el renovador que quiere ayudar a Macri

El gobernador salteño dice que la sociedad quiere una oposición que colabore con el Gobierno. Le baja el perfil a la elección legislativa del año que viene y pone en duda la inmediata definición de liderazgos en el Partido Justicialista


Por Carlos Matteoda
cmatteoda@uno.com.ar


Los militantes y dirigentes peronistas que el miércoles fueron a ver y escuchar a Juan Manuel Urtubey en las distintas actividades que realizó en Paraná lo hicieron con la expectativa que genera un eventual candidato presidencial, y si no tanto, cuanto menos la que genera un dirigente que está en la mentada renovación peronista.

Sin embargo, el sobrino dilecto del exministro del Interior Julio Mera Figueroa le baja las chances a esa renovación, la posterga, cree que el peronismo tiene que hacer un duelo. Verlo al salteño junto a Gustavo Bordet, otro de los gobernadores que se distanció del kirchnerismo, llevó a algunos a imaginar incluso una “fórmula” para 2019. En política todo puede imaginarse, pero el principal obstáculo para esos desarrollos es el mismo discurso de los mencionados. El entrerriano, se sabe, mantiene una distancia silenciosa de los K; mientras que Urtubey la milita un poco más.

Sin embargo, en un partido sin liderazgos definidos, tal vez no sea el 2019 la principal duda del votante peronista, sino la que siembra lo central del planteo del salteño: la idea de que al macrismo hay que ayudarlo a gobernar para ganarle después en 2019, mientras le baja tajantemente la expectativa a la elección legislativa intermedia.

En un reportaje cronometrado de 10 minutos, UNO intentó sondear en ese planteo, que incluye un apoyo irrestricto a la reforma electoral pensada por Macri y Rogelio Frigerio, con cambios que desarticulan algunas de las ventajas que el sistema les da a los grandes partidos, especialmente el Justicialista.

—Los que están afuera vinieron a ver a un candidato a Presidente. No sé si su postura coincide con eso.
—Creo que la sociedad argentina, a pesar de los problemas, quiere creer, queremos ser optimistas. Hay un porcentaje que tiene intacta su esperanza en que este gobierno pueda ir para adelante, y otro porcentaje que cree que tiene que haber alternativas superadoras, que puedan llevar Urtubey, el renovador que quiere ayudar a Macri.
El gobernador salteño dice que la sociedad quiere una oposición que colabore con el Gobierno. Le baja el perfil a la elección legislativa del año que viene y pone en duda la inmediata definición de liderazgos en el Partido Justicialista las cosas a mejor puerto; pero creo que la mayoría lo que quiere ver es el conjunto: un Gobierno que quiere ir para adelante y una oposición que colabora para que al Gobierno le vaya bien. Veo eso, que la gente lo que quiere es creer, y en ese sentido, algunos de los dirigentes del peronismo entendemos que debemos plantearle eso, poner el peronismo del lado de la gente para colaborar en esa construcción colectiva que nos permita tener una esperanza de que vamos a estar mejor, si no se hace difícil.

—Al ciudadano que no le gusta el rumbo del gobierno de Macri, pero tampoco pretende el regreso a lo anterior, ¿qué le queda?

—Todo lo que necesitamos es creer. Lo que el ciudadano a mi juicio necesita es tener elementos para creer. Cuando te convertís en escéptico no hay sistema político ni organización electoral que te pueda persuadir de que la cosa va para adelante. Advierto que hay gente con una profunda decepción, y nuestro desafío es que cualquiera sea la vertiente ideológica, podamos persuadir a la gente de que vale la pena creer, aún desde posiciones contrarias a las cuales desde hoy se gobierna a la Argentina.

—¿Con este planteo el peronismo puede aspirar a ganar la elección legislativa?

—Creo que sí. Hay dos miradas distintas. Un sector altamente politizado, híperinformado por decirlo de alguna manera, que plantea la necesidad de agudizar las contradicciones como forma de construcción política. Y hay una abrumadora mayoría de ciudadanos argentinos que lo que quiere es no ver a políticos peleándose entre ellos sino trabajando juntos para que al país le vaya bien, y cuando llegue el momento de votar, decidirá. Estamos transitando un proceso de cambio muy fuerte en la organización social argentina y si no lo advertimos podemos quedar a contramano de la gente.

—¿Ese proceso excluye a figuras del gobierno anterior?

—La gente pone a cada uno en su lugar. Aquellos que entienden que la forma de construir un país mejor es agudizar las contradicciones y crecer desde la confrontación, probablemente encuentren en esas personas a dirigentes válidos para el futuro. Otra gente que yo creo que es la mayoría, no los encontrará a ellos como alternativa de poder. (Hasta el momento Urtubey repite frases que seguramente dijo veinte veces en el día. Sin embargo, no parece no estar atento al reportaje, sino más bien tratando de encuadrar las respuestas. A partir de la siguiente pregunta dejó de responder en plural o en nombre de “la gente”)

—Usted volvió a ser candidato a gobernador de Salta en 2015 para evitar el regreso de Juan Carlos Romero. Quiero decir con esto que tomó una decisión fuerte, y por eso le pregunto a usted si iría en una lista con integrantes del gobierno kirchnerista. ¿Qué haría usted? No me responda con lo que supuestamente haría la gente.

—Mirá,... yo no creo en la lógica de la unidad a cualquier precio. En Salta generamos un proceso de renovación política que hizo que la gente no vuelva atrás nunca mas, y creo que hay que hacer lo mismo en la Argentina. No me gusta personalizar, lo que quiero es que la lógica de trabajar más cerca o más lejos de un dirigente tenga que ver con lo que pensamos cada uno. Y hay dirigentes que lamentablemente se han convertido en una expresión conservadora, donde la razón de su existencia política tiene que ver con tratar de mantener “los logros del pasado”. El peronismo no es conservador, sino revolucionario, y hay que serlo.
—¿Cuál sería la consigna para el peronismo en la elección del año que viene?
—Lo primero que hay que entender es que no hay una elección nacional, hay 24 elecciones diferentes en cada uno de los distritos de la Argentina. Debemos salir de la lógica del centralismo no solo en la evaluación de los acciones de gobierno sino también de la construcción política. Uno de los problemas que tenemos es no entender para donde va la sociedad.
—¿Y para dónde va?

—Yo me corro de la tarea de la representación y trato de verlo desde el ciudadano normal, sin mayores responsabilidades (políticas) y observo que el año que viene lo que se va a discutir en Argentina son representantes de cada provincia en el Congreso Nacional. La idea de construir una especie de estructura nacional en una elección de distrito solamente es funcional a una Argentina más centralista. Lo que el año que viene va a permitir que el peronismo sea competitivo en Entre Ríos es lo que el gobernador Bordet, y la dirigencia que lo acompaña, puedan expresar. Lo mismo pasará en Salta conmigo y en otras provincias. Muchas veces se entiende que la elección es nacional pero se considera solamente la de la provincia de Buenos Aires, y esa es solo la elección de Buenos Aires.

—¿No va a existir entonces un modelo de oposición nacional, al estilo de la “liga de gobernadores del PJ”, por ejemplo?

Esa fue una respuesta idónea en un momento determinado de Argentina. Enamorarse de la herramienta a veces genera mucho olor a naftalina. Hoy la complejidad es distinta. Es cierto que los gobernadores tenemos hoy una posición de mayor visibilidad, lo que nos obliga a actuar con mayor responsabilidad. No tengo problemas en admitir que lo que hagamos aquellos que tenemos mayor responsabilidad institucional y que somos peronistas, va a marcar algunos rumbos; pero me parece que no son tiempos de generar organizaciones política, sino de trabajar cada uno en su lugar y fortalecer nuestras posiciones.

—La reforma electoral que usted apoya no puede ser vista como un riesgo para el peronismo, que muchas veces se favoreció de los
mecanismos actuales? ¿Le cambia la vida a la gente como para asumir ese riesgo?

—Sería presuntuoso decir que le cambia la vida a la gente. Sí creo que hace mucho más amigable el sistema y permite que la gente vuelva a creer en el sistema político, lo que no es un dato menor. Cuando la gente empieza a alejarse del sistema político, no solo porque no le da respuesta en la gestión sino porque no es transparente en los mecanismos de acceder al poder, vamos generando una brecha que no le hace bien a nadie. Aparte de estar en la mesa nacional del Partido Justicialista, yo presido el PJ de Salta y digo, si voy a ganar una elección solamente porque detento una posición de poder previa, mi nivel de mediocridad hace que yo no me pueda llamar peronista. El peronismo no puede atarse a los privilegios de tener una posición de poder importante, que por cierto ya no la tiene, entonces no tenemos qué defender.

—¿Si el peronismo no gana la elección legislativa en la mayoría de las provincias, se podría decir que esta reforma electoral abrió el camino para la victoria del PRO (Cambiemos)?
—De hecho ya ganó el PRO con el sistema de voto papel. Al final del camino, los sistemas electorales pueden mejorar su confiabilidad, pero no hacen ganar a unos o a otros, está claramente demostrado. Si hay una estructura de poder que se consideraba imbatible fue el peronismo bonaerense, y fue derrotado, y con sistema de boleta tradicional. Si después vuelven a perder, no se si hay que echarle la culpa al sistema de voto sino a que no saben representar a la gente.
—¿El peronismo debe hacer su duelo?

—El peronismo viene la peor derrota de su historia, nunca antes tuvo una derrota como esta. Cuando perdimos en el 83 (Urtubey tenía 14 años) el peronismo no fue desplazado del poder, estábamos afuera. No ganamos la Presidencia, pero sí se ganaron importantes provincias como Santa Fe, Córdoba o Mendoza. La siguiente derrota fue la de (Eduardo) Duhalde a manos de (Fernando) De la Rúa, en la que se ganó la provincia de Buenos Aires y la mayoría de las otras, menos el gobierno nacional. Pero en la elección del año pasado se perdió el gobierno nacional, del que fuimos desplazados, al igual que fuimos desplazados de la mayoría de las provincias. Evidentemente hicimos las cosas muy mal; pretender que no pasó nada es una ingenuidad porque sí pasó, entonces creo que hay que respetar el duelo después de esta derrota. A algunos les va a llevar más tiempo y a otros menos, pero tratar de impostar procesos de renovación acelerados, nuevos liderazgos expresos, o lo que sea, es no respetar los tiempos que requiere la democracia. Tenemos que hacernos cargo primero de lo que nos pasó y después construir otra cosa.
-Muchas gracias
-No, gracias a vos.
(Se apaga el grabador)
-Te faltó decir que en Entre Ríos el peronismo ganó. -Sí, … pero raspando.

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