La Provincia
Sábado 23 de Enero de 2016

Unos se quejan del calor y otros trabajan bajo el fuego del verano

Las altas temperaturas continuarán en la provincia, al menos, hasta el lunes

Cuando el panadero Gabriel Toso abrió la puerta del horno, los 165º salieron de golpe. En comparación, la siesta en Paraná parecía un invierno.
Al policía Roberto Gonzalo Pérez, no le importaba ayer que el sol le pegara de frente toda la tarde, dijo que estaba acostumbrado, que observar desde la garita a la Peatonal es parte de su trabajo.
El chofer Oscar de los Santos de la Línea 8 de Paraná estaba preocupado por los viejos –ahora le dicen adultos mayores–, porque, aseguró, son los que más sufren en el colectivo. Así, mientras algunos se quejan de las temperaturas de estos días, otros le ponen el pecho. 
Ayer a la siesta el Servicio Meteorológico Nacional clavó 34,4º, pero esos nuevos sistemas que vienen en el celular apuntaba 38º en Paraná. Sobre el asfalto era imposible medirlo  y la mayoría –eran muy pocos– de los que andaban en la calle se hacían enseguida de una sombra en la búsqueda de un resguardo.
Botella en mano, prendas sueltas, algunos iban a trabajar, otros volvían a sus casas, los menos la pasaban genial con unos tereré en el medio de la Plaza 1º de Mayo. No había posibilidad de que un helado se mantuviera en su cucurucho y los más felices ahí estaban, bajo los acondicionadores de aire de las heladerías céntricas; parecían contentos. 
Pero mientras algunos bufaban por el calor, había otros que trabajan frente a él y, como dicen algunos, se la bancaban como corresponde. 
Según el Servicio Meteorológico Nacional el calor continuará hasta el lunes con máximas que rondarán entre los 36º y los 39º según la zona de la provincia: el sur es siempre más fresco. Pero –y este “pero” es esperanzador– el lunes por la mañana ya comenzará a estar inestable con probables precipitaciones, tormentas y una temperatura máxima que el martes rondará los 22º por lo menos en Paraná y en Gualeguay; 25º será en Concepción del Uruguay; 23º en Gualeguaychú; y en La Paz no bajará de los 34º al igual que en Concordia. Aunque –y este “aunque” es abrasador e inevitable– habrá que atravesar primero un fin de semana con una temperatura en ascenso. 
No hay crecimiento, desarrollo demográfico, ni urbano que pueda con la siesta. En Paraná, ayer, apenas había algunos que rondaban las veredas. Los colectivos esperaban por más pasajeros, la Policía custodiaba la calle y los panaderos prendían los hornos para dar inicio a su labor vespertina, oficios que no conocen de acondicionadores de aire ajustados en 24º.

Firme y de pie
El policía Roberto Gonzalo Pérez se puso firme para la foto. Ayer se subió a esa especie de mirador a las 14 y hasta las 22 ocupó su puesto. Tiene 22 años, el chaleco antibalas pesa cinco kilos y un kilo más suma la pistola en su cartuchera. A un costado, el policía Pérez llevaba una botella con agua. Pérez mira. Cuida que todo esté en orden, que no pase nada, que la tarde siga su curso sin inconvenientes. A Pérez le da calor el uniforme y hace cuatro meses que está en la calle. No siempre le toca ese mismo lugar, el de San Martín y cortada Venezuela, pero hace su trabajo, uno que le gusta: “Ya me acostumbré al calor, desde la escuela de agentes uno aprende de estas cosas”. Y Pérez sonrió, a las 15.40 de ayer, con un sol que le pegaba en la cara, una Peatonal vacía y más de 34,9º. 

El asfalto quema
Hace seis años que Oscar de los Santos es colectivero. Pasa ocho horas diarias  con un motor en funcionamiento a menos de un metro. Pero De los Santos sabe que son los viejos quienes peor la pasan con el calor. Le da miedo que alguno suba y se desmaye, es consiente, conoce el paño. De los Santos se lleva una botella con agua y una toalla que cada tanto se pasa por la cabeza para estar presentable. Su ropa, impecable, pero la camisa de cada jornada queda inutilizada para la próxima. De los Santos maneja un colectivo de la Línea 8 y sabe que es muy difícil que a los coches le pongan acondicionador. “El motor levanta mucha temperatura”, dijo. Y De los Santos sonrió para la foto, eran las 16.15 de ayer, por la ventana abierta entraba algo de viento que amainaba la temperatura.  

Más de 165º  
El panadero Gabriel Toso prende el horno a las 6, lo apaga a las 9; a las 17 está otra vez encendido y por varias horas más. Toso es feliz en su trabajo, uno que aprendió a los 8 años junto a su abuelo, su padre y sus hermanos. Toso conoce de otros hornos, los de leña que alcanzaban los 500º ¿500º? Sí, y estos nuevos superan los 200º. 
Toso tiene un termómetro de ambiente, lo mira cada tanto. Adentro de la panadería hacía 38º. “Puede llegar a los 40º, a los 44º en un día como hoy. Toda mi vida fui panadero”, dijo Toso que ya está acostumbrado, es el oficio que ama, uno que lleva adelante hace 38 años. Un golpe seco de calor pegó en las paredes. Y Toso sonrió para la foto, con el horno abierto a más de 165º en la tarde de ayer, a las 17.05, en su panadería de Perú e Italia.

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