Entrerrianos por el mundo
Sábado 12 de Noviembre de 2016

Una uruguayense donde todo funciona organizado

La bioingeniera Jorgelina Ramos se graduó en Oro Verde, pero decidió enfrentar otros idiomas y otras culturas, y entendió que su crecimiento profesional tenía destino en el extranjero.

Desde enero de 2013 y hasta hace pocas semanas, la bioingeniera uruguayense Jorgelina Ramos vivió en Manchester (Reino Unido) –donde se radicó para hacer un doctorado en la Universidad Metropolitana y trabajó e investigó en el área de Fisiología Muscular– mientras que actualmente pasa unos días de vacaciones en Senta –Serbia–, la tierra natal de su esposo–, en camino hacia el sudeste asiático, donde será su nuevo lugar de residencia, por cuestiones laborales.

Uruguay y "el abuelo" Aldo
—¿Dónde naciste?
Nací en Concepción del Uruguay
—¿En qué barrio?
En el barrio Santa Teresita
—¿Cómo era esa zona en tu infancia?
Muy tranquila, con muchas familias y calles de tierra –donde pasaba todas las horas que no fueran de escuela o sueño.
—¿Personajes?
—Una gran persona, no de mi barrio pero del barrio de mi abuela, donde me quedaba a dormir a veces los fines de semana. Era el "abuelo" Aldo, un señor que para mí a esa edad era viejo, canoso y con bigotes blancos. Venía seguido al almacén que estaba pegado a la casa de mi abuela y cuando nos veía jugar en la calle a mis amigos y a mí, nos compraba una bolsa con caramelos y nos repartía. Con el tiempo y las vueltas de la vida, su hija hoy en día es una querida amiga.
—¿Qué actividades laborales desarrollaban tus padres?
—Mi papá trabajó en Epeer, luego Edeersa y por último Enersa, además de ser profesor en la ENET N° 2 de Concepción del Uruguay. Mi mamá es ama de casa, daba clases particulares de Química y Francés, y trabajó varios años como asesora provisional.
—¿A qué jugabas?
—Éramos un grupo de chicos en mi cuadra, así que siempre encontrábamos algo para jugar: a la escondida, a la pelota, a trepar los árboles y andábamos en bici; hasta hicimos una murga un verano... tocábamos chifles, tambores –que eran ollas–, nos disfrazamos y paseamos por el barrio. ¡Linda época! Había que divertirse sin tanta tecnología y la verdad la pasábamos súper bien.
—¿Travesuras?
—No era de hacer muchas travesuras pero algo que me acuerdo era cuando llamábamos con una amiga por teléfono a gente que no conocíamos y hacíamos bromas, voces raras y esas cosas
—¿Leías?
—Sí.
—¿Qué géneros?
—Cuando era chica leía cuentos para niños, historias cortas, aparte del Anteojito –¡que era sagrado!
—¿Qué libros fueron influyentes en algún sentido?
—Ninguno que recuerde.
—¿Desarrollaste regularmente alguna afición?
—Escuchaba música, me gustaba cantar también y estuve en el coro de niños de la ciudad un año; después –como con la mayoría de las cosas–, me aburrí y volví a practicar deportes, más específicamente una de mis pasiones que era el básquet.
—¿Sentías una vocación?
—De pequeña quería ser abogada (risas), creo que había visto alguna película donde uno de los personajes lo era y me pareció interesante.
—¿Qué materias de la secundaria te gustaban?
—Matemáticas, Inglés, Francés –que mi mamá me enseñaba de chiquita– y Biología. Igualmente, la preferida era Educación Física.
—¿Qué leías en esa época además de los textos de la escuela?
—Me acuerdo que mi papá compraba regularmente la revista Parabrisas –¡que era sobre autos! (risas) Me encantaba leer y saber qué auto tenía cual o tal especificación, las comparaciones de prestaciones y los diseños. Aparte, cuando iba a lo de mi abuela leía la parte deportiva del diario –que lo compraba todos los días– y por ahí también revistas de chimentos... bastante variado.

"Cosas futurísticas"
—¿Qué imaginabas sobre la Bioingeniería antes de estudiar?
—Que era estudiar sobre cosas futurísticas y que iba a aprender sobre cosas que ni sabía que existían.
—¿Por qué estudiaste Bioingeniería?
—Porque era una carrera que me llamaba mucho la atención y porque incluye dos temas que me interesaban igualmente, la Matemática y la Biología. Aparte, al tener materias tan distintas entre sí, pensaba que podría ayudarme a no caer fácil en el aburrimiento (risas). Saltando de una materia a otra no iba a tener tiempo de aburrirme.
—¿Hubo alguien que durante la carrera fue importante o influyente?
—Sin dudas. Primeramente, rescato como en todos los aspectos de mi vida lo humano. He conocido personas que han sido –y siguen siendo– muy importantes en mi vida, así como también otras que me mostraron cómo no quería ser. Después, en lo estrictamente profesional una profesora que cuando conocí, recién había vuelto justamente de doctorarse en el exterior, me contó su experiencia y afianzó aún más mis ganas de salir a ver el mundo.
—¿Qué área te fue interesando a medida que avanzabas en los estudios?
—Más que nada la Biomecánica, pero también los sistemas embebidos aplicados a soluciones médicas.

Organización y respeto
—¿Cómo surgió la posibilidad de radicarte en el Reino Unido?
—Fue un poco al azar! Apliqué a una beca otorgada por la Unión Europea dos proyectos de doctorado y mi primera opción en realidad fue un proyecto en Lovaina (Bélgica). Cuando me contactaron, me habían elegido para la segunda opción que era justamente en Manchester. Igualmente, como el programa otorga un doctorado doble, estuve unos meses viviendo en Lovaina.
—¿Cuáles fueron las primeras impresiones en la cotidianeidad cuando fuiste a vivir?
—Lo primero es pasar a vivir en un sistema organizado, aunque burocrático –lo cual no hay que negarlo. Me sorprendí de que alguien te choque sin querer caminando y diga "perdón". Que todo sea "por favor" y "gracias", que en los negocios te atiendan con una sonrisa y mucha paciencia, que se respeten los semáforos, que casi no haya lugar a la improvisación porque todo generalmente funciona y bien –desde el transporte hasta, por ejemplo, el hospital, público y gratuito, donde tuve a mi hijo –que es un lujo.
—¿Cómo fue la experiencia de insertarte en el ámbito académico y laboral? ¿Hubo alguna anécdota curiosa?
—Fue progresivo y hubo muchas cosas que, al tratarse de investigación, pude manejar yo a mi tiempo. Por supuesto que hubo muchas normas a las cuales adaptarse como en cualquier laboratorio pero nada fuera de lo común. Lo que sí por ahí hacía, era que cuando alguno de los aparatos que usaba no estaba bien calibrado o no funcionaba, no esperaba a que lo envíen a los técnicos –lo cual llevaba semanas a veces–, metía mano como buena ingeniera y por suerte podía retomar el trabajo rápidamente. ¡Cuando les decía a mis supervisores me miraban sorprendidos! No estaban acostumbrados a "improvisar" alguna solución rápida. Una anécdota curiosa es que durante un tiempo, al principio, viví en el departamento que no ocupaba –se quedaba apenas un día en la semana– de uno de mis supervisores. Las mañanas de los jueves, después del desayuno y aún en piyamas, eran las reuniones con él y otro de mis supervisores, en mi "hogar", ya que los dos se quedaban a dormir allí los miércoles de noche. Después de la reunión partía al laboratorio con todo más claro. Era cómodo en su momento pero ahora lo recuerdo y pienso qué loca estaba (risas).
—¿Qué desarrollaste en cuanto a investigación?
—Mi investigación se basó, a grandes rasgos, en estudiar cómo se ven afectadas las propiedades contráctiles del músculo con la vejez y en presencia de distintas concentraciones de fosfato, más específicamente cuando el músculo se estira. Además, estudiamos el fenómeno de histéresis (ver Datos) en músculo y logramos adaptar un modelo matemático que simula esa histéresis. Un poco de Fisiología y Matemática juntas.
—¿Qué has conocido de Europa?
—Estando de este lado es fácil recorrer distintos países ya que es más común tomar un avión e irte por un fin de semana a conocer Europa. Por suerte lo pude hacer, igualmente me faltan conocer muchísimos lugares He visto espectáculos de música, teatro y deportes que en Argentina solo se dan en Buenos Aires; aparte de ir a ver al Manchester City –equipo del que me hice fan, sobre todo viviendo casi al frente del estadio. Al salir de la zona de confort –como le llaman– he aprendido mucho más de mí misma y viajar en sí es una de las actividades que más nos enriquece; ver y experimentar otras sociedades, culturas y costumbres. Ayuda a que seamos un poco más "abiertos" y ver las cosas desde otra perspectiva.

Serbia, en tránsito
—¿Por qué la mudanza?
—Estamos temporalmente en Senta –Serbia (ver nota y Datos)–, que es la ciudad donde nació y se crió mi esposo. Nos fuimos de Manchester a principios de octubre y mientras disfrutamos de unas mini vacaciones aquí esperamos algunos papeles para irnos al sudeste asiático por trabajo.
—¿Dónde lo conociste a tu esposo y cómo fue el encuentro?
—A Miloš (Milosh), lo conocí mientras preparaba papeles, traducciones y demás para aplicar a la visa para Inglaterra. Él fue becado dentro del mismo programa que yo y nos pusimos en contacto a través de e-mail y skype para pasarnos la información que íbamos recibiendo. Cuando llegué a Manchester, me fue a esperar al aeropuerto y eso ya me dijo mucho sobre él. Convivimos desde el primer día, ya que fuimos a parar al mismo departamento que nos ofrecieron para simplificar justamente el alquiler antes de llegar y bueno, así fueron dándose las cosas. Igualmente cabe aclarar que lo mío fue amor a primera vista (risas).

Senta, como "la hermana melliza de Entre Ríos"
Actualmente, Jorgelina Ramos se encuentra en Senta –provincia autónoma de Vojvodina, en Serbia (ver Datos)–, de donde describe su impresión sobre el lugar –que asemeja con su tierra natal–, la guerra de los Balcanes que arrasó a ese país y la dramática situación de los refugiados que sacude a toda Europa.
—¿Cómo describís a Senta?
—A la vista es como la hermana melliza de Entre Ríos: mucho verde, llanura con apenas algunas lomadas, ríos, la gente es muy amable y amistosa y la comida lo mejor, todo orgánico. Aquí cada casa tiene su huerta y aquellos que tienen espacio suficiente para cultivar frutas preparan su propia bebida con alcohol, como un brandy, que se llama rakija. Puede ser de ciruelas, duraznos, damascos y es una bebida social que se toma a toda hora cuando alguien va de visita a lo de un familiar o amigo... algo como el mate para nosotros. Igualmente aquí traje el mate que comparto con mi esposo –ya es adicto– y algunos se han animado a probar. Una curiosidad de esta ciudad es que 75% de los habitantes son húngaros, así que se hablan los dos idiomas, húngaro y serbio. Voy aprendiendo serbio, hablo y entiendo bastante, pero del húngaro sé decir apenas tres palabras.
—¿Observaste secuelas evidentes de la guerra de los Balcanes?
—En Senta no, pero en Belgrado –la capital– sí y muy evidentes. A modo de memoria para no olvidar la guerra se han dejado edificios destruidos por las bombas en el centro de la ciudad. Cuando los vi sentí escalofríos... Una cosa es ver fotos o imágenes por televisión y otra cosa es estar en el lugar y ver con tus propios ojos lo que quedó. Obviamente te hace pensar cómo habrá sido ese momento, qué sintieron y cómo sobrevivieron.
—¿Relatos?
—Varios que me ha contado Milos. Y lo que los locales cuentan desde su perspectiva, que es diferente –como es de esperarse– a lo que las grandes potencias dieron como explicación de por qué bombardearon tal o cual lugar. La tergiversación de información a través de los medios es una forma de manipulación muy sencilla. Hay una historia que particularmente me acuerdo, que es cómo escaparon la tía y los primos de mi esposo –quienes en ese momento eran niños– desde Sarajevo –actual Bosnia. Un vecino los alertó de que debían dejar su casa ya que en una hora las fuerzas estarían allí buscando serbios, así que armaron un bolso y escaparon como pudieron hacia Senta. El tío de mi esposo estaba en otro lugar. El final es que su tía y primos se instalaron donde estaba viviendo mi esposo con mis suegros y cuñado, con algo de ropa y nada más. Triste historia. Sin embargo, lo que más me llama la atención es que después de semejante situación la gente aquí vive tranquila, sonriente, como si nunca hubiese pasado nada. Es increíble la fortaleza que tienen.
—¿Te impactaron situaciones relacionadas con los refugiados, más teniendo en cuenta que en el Reino Unido no son aceptados?
—No son aceptados salvo alguna que otra excepcional circunstancia, por ejemplo los menores de edad con familia radicada hace varios años en Reino Unido. Incluso hoy en día para los mismos europeos es incierto con qué derechos y obligaciones van a poder o no seguir residiendo allí. En Serbia es distinto, la frontera permanece abierta para los refugiados así que pasan por aquí buscando llegar a Hungría –cuyo referéndum dio como resultado un 98% de la población negándose a recibir refugiados– o a Croacia y así seguir repartiéndose por el resto de Europa. Lo que vi de mis varios pasos por la frontera Serbia-Hungría, es que entre ambas aduanas –en un descampado inmediatamente antes del alambrado húngaro– los refugiados han armado grandes carpas –provistas por la ONU, creo– y permanecen allí, a la espera. Es y será un gran problema para Europa, sobre todo teniendo en cuenta que son en su gran mayoría hombres jóvenes los que se movilizan –no familias, como se informa o fuese esperable– y al estar indocumentados no puede determinarse si son realmente refugiados o terroristas escondidos en la muchedumbre. Es todo un tema aparte.

Datos
La histéresis es la tendencia de un material a conservar una de sus propiedades, en ausencia del estímulo que la ha generado, fenómeno del cual se pueden encontrar diferentes manifestaciones.
Manchester es una ciudad y municipio metropolitano del condado de Gran Manchester en Inglaterra, con una población de aproximadamente 465.000 habitantes.
Su economía está en gran parte basada en los servicios y –desde 2007– es la de más rápido crecimiento en el Reino Unido, con una inversión extranjera solo superada por la capital, Londres.
Senta es un municipio y una ciudad serbia de la provincia norteña de Voivodina, situado junto al río Tisza. Según el censo de 2011, la ciudad contaba entonces con 18.397 habitantes.

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