Homicidio
Martes 01 de Noviembre de 2016

Una testigo escuchó que a Alejandro Comas lo mataron "entre 20 personas"

La mujer contó la conversación que oyó entre dos jóvenes al día siguiente del crimen ocurrido en 2003. Citaron a otro testigo clave

Las malas decisiones u omisiones de algunos de los jueces que tuvieron en sus manos el expediente por el homicidio de Alejandro Comas, ocurrido en 2003, se sufren ahora en el juicio que se lleva adelante contra Héctor Rafael Albornoz. A más de 13 años del crimen, el Tribunal citó a declarar por primera vez, para hoy, a un hombre que podría aportar datos o corroborar lo que manifestaron otros testigos claves para la acusación. En la jornada de ayer, una mujer apuntaló otra versión: declaró que al día siguiente del hecho escuchó una conversación entre dos jóvenes, donde uno le manifestaba al otro que la noche anterior habían matado a un joven a puñaladas entre 20 personas, en el taller mecánico de un tal Romero ubicado en el barrio Paraná XVI.

El cuerpo de Comas fue hallado en la zona de bañados del barrio Paraná XVI, el 14 de junio de 2003, con 52 puñaladas y desnudo.

El viernes, en la primera jornada del juicio, la testigo Silvina Hollotte había incriminado a Albornoz, al recordar que aquella mañana lo vio al hombre, que era su vecino, junto a Lucas Núñez (un adolescente que luego falleció). Dijo que estaban ensangrentados, ebrios y riéndose porque habían matado a una persona.

Ayer, quien entonces era su pareja, Oscar Santiago Giménez, integrante del clan conocido como Los Chanos, declaró y ratificó lo que la mujer había dicho: que Albornoz y Núñez pasaron a pedir un cigarrillo, que estaban con sangre en la ropa y aducían haber apuñalado a un muchacho.

"Lo único que recuerdo es que estaban Tati y Lucas con sangre, que decían que habían matado a uno por el lado del bañado. Estaban remamados los dos, le avisamos en seguida a mi viejo que lo hizo detener a Lucas", recordó. El hombre había pedido declarar sin la presencia del imputado, "por miedo", y aseguró: "Albornoz nos hacía amenazar con otra persona". Además, contó que al día siguiente del crimen, el sospechoso "se fue del barrio y no apareció más".

El testigo contó que su padre también había visto a Albornoz y a Núñez en la misma circunstancia, y que la Policía lo intimidaba para que declarara porque de lo contrario lo implicarían a él en el homicidio. Sin embargo, pese a ser presumiblemente un testigo clave, nunca lo habían citado como tal. Por esto, el Tribunal dispuso ayer que el hombre, que se llama igual que su hijo, sea buscado para declarar hoy como testigo en el juicio, y se verá si recuerda algo de lo sucedido hace más de 13 años.

También declaró ayer María Inés Todoro, la mujer que en aquella época estaba en pareja con Albornoz. Ratificó en su declaración lo que había manifestado hace 13 años cuando fue citada a declarar: "Vivíamos al lado de Los Chanos. Un día llegó la Policía, estábamos durmiendo, lo esposaron a él (por el imputado), me revisaron toda la ropa y lo sacaron".

Sobre la noche del homicidio, ella dijo que su expareja había salido a cirujear, regresó como a las 22, "y no salió hasta el otro día".

La mujer aseguró que Albornoz "rara vez tomaba alcohol, era de tomar pero no de emborracharse, no había mucha plata que digamos".


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Testigo de una charla elocuente


La testigo que desvió la atención de Albornoz y apuntó las sospechas hacia otra hipótesis que no fue profundizada durante la instrucción de la causa durante más de una década, fue Estela Maris Selayes. La mujer recordó que en el año 2003 iba dos veces por semana al centro de salud Ramón Carrillo del barrio San Agustín, para atenderse por un problema de salud.

Un día que estaba esperando, observó que había cerca suyo dos jóvenes, uno morocho y otro colorado, y escuchó la conversación que mantuvieron: "Estuvimos en el cumpleaños de José, el Negro, que trabaja en un taller mecánico en el Paraná XVI", le contó uno y siguió: "Había un show en el dormitorio, todos teníamos que apuñalar a un puto, éramos como 20 en el cumpleaños". Asimismo, por lo que Selayes pudo escuchar, era el cumpleaños de Romero, y el morochito dijo "menos mal que la Negra no estaba drogada y me sacó del lugar".

La mujer dijo que el chico que contaba lo sucedido tenía una venda en la mano porque estaba lastimado. "Te impacta la saña de esas personas, lo contaba con tanta tranquilidad", expresó la testigo.

Selayes la llamó a Ramona, la madre de la víctima, dos años después para aportar este dato a la causa.


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Otras declaraciones bajo la lupa


También se destacó ayer el testimonio del policía José María Liberatori, quien trabaja actualmente en Inteligencia de la Departamental Paraná, y en el año 2009 desde el Juzgado que tenía la causa lo instruyó para reactivarla. Este oficial fue el que introdujo los testimonios de Hollotte y Giménez, claves contra Albornoz: recordó que iba asiduamente al asentamiento de Los Chanos porque tenían problemas de balaceras y amenazas constantemente, que entabló confianza con la mujer y que esta le contó que había declarado en el caso Comas, pero no había dicho la verdad por temor a Albornoz. Así fue que le contó lo que vio aquella mañana, y la llevó a declarar al Juzgado.

También declaró Luciana Ibarra, quien se presentó como la mejor amiga de la víctima. Recordó que trabajaba con la gestión del entonces gobernador Montiel y que estaba en un viaje por un acto de gobierno cuando ocurrió el crimen. Relató cómo se enteró del hecho y manifestó que no entiende por qué la llamaron a declarar: "Yo no tengo nada que ver, no sé nada, hasta el día de hoy le llevo flores a la tumba, pero no se por qué me citaron". La mujer había declarado hace muchos años que Comas tenía un cumpleaños aquella noche, en el que estaban dos hombres y dos mujeres, pero ayer no lo recordaba bien.

Gustavo Monzón fue otro de los testigos, quien mantuvo una breve relación con la víctima hasta el día del homicidio. Contó que se conocieron en el culto de San Cipriano, en la casa de Ángel Pérez, donde "bajaban espíritus a través de girar".


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La autopsia reveló la saña en el homicidio


El médico forense Luis Moyano fue quien acudió al lugar donde apareció el cuerpo de Alejandro Comas y luego realizó la autopsia. Pese a los 13 años transcurridos, recordó el trabajo realizado:

"De las 52 lesiones, había mortales como la herida de arma blanca en la arteria el pulmonar, otras como de defensa y otras que no causaban la muerte sino que producían dolor, tipo tortura, como las de la cara, y son varias. Fueron todas lesiones vitales", aseguró.

En este sentido, agregó: "Las heridas superficiales eran largas, las otras punzo cortantes, y otras contuso cortantes, que fracturaron dos costillas".

Al forense le llamó la atención que el cuerpo de la víctima no tenía sangre en el interior, y que tampoco se haya visto en el lugar de los bañados donde fue hallado, pero estimó alguna causal al respecto: "En el lugar la cantidad de sangre era poca, puede ser que le dieran muerte en otro lado y que trasladaran el cuerpo. Lo que no tuve en cuenta es que el terreno es arenoso por lo que pudo haberse desangrado ahí y penetrar en la arena".

"Tenía las medias limpias, había dos zapatillas, un DNI, un arma blanca con punta y filo idónea para producir esas lesiones", recordó el médico.

Consultado sobre otro caso similar en el que le haya tocado trabajar, Moyano refirió el de una chica que era cajera de supermercado que fue asesinada por su pareja con 57 heridas punzo cortantes producidas con una tijera.

Las características del crimen de Comas no encuentra muchos precedentes, al menos en la región.

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