Corrupción
Miércoles 16 de Noviembre de 2016

Una sana envidia

La Argentina es un país donde a la institucionalidad muchas veces no se la respeta, es más, cada vez que se puede se la pisotea con actos de corrupción y dislates de todo tipo por parte de las autoridades. Si bien podríamos hablar de lo mejor o peor que estamos hoy desde el punto de vista financiero, económico y social, creo no menor destacar el tema institucional.

Ustedes recordarán cómo se pelearon en campaña Mauricio Macri, Daniel Scioli y Cristina Fernández de Kirchner. Hubo un legítimo ganador y la pelea no se detuvo, porque la discusión pasó en cómo se debía cumplir el acto de traspaso de mando, si era en Casa de Gobierno o en el Parlamento. La verdad que fue penoso cómo la expresidenta y las nuevas autoridades profundizaron sus diferencias en este sencillo pero emblemático acto. La transición no se logró, ni siquiera para que se entregara la documentación o informes sobre la situación del Estado. Una verdadera vergüenza la postura de los kirchneristas y macristas que se pelearon como nenes de jardín.

Miremos un poco qué pasa en el mundo, el acto eleccionario más reciente es el sucedido en Estados Unidos, donde en la campaña "literalmente hablando" se mataron con acusaciones cruzadas, desde acosador, abusador, borracho, misógino, infiel, incapaz, títere, burócrata, manipulable, etc. Y no sé cuántas cosas más se espetaron en una campaña que será recordada como la de menor calidad de propuestas y proyectos, y donde prevaleció la violencia verbal y desacreditaciones personales.

Pero en la democracia de Estados Unidos, que no es un ejemplo mayor, al menos no se jode con la institucionalidad. Terminó el acto eleccionario consagrando a Donald Trump como presidente, y a los pocos minutos recibió las felicitaciones formales de la rival Hillary Clinton. El actual presidente Barack Obama también estuvo muy activo en la campaña en favor de los demócratas, pero una vez consumada la derrota, convocó a la Casa Blanca al ganador -como debe ser- respetándose la institucionalidad.

Tal vez en su interior no se pueden ni ver, pero debieron bajar sus orgullos y diferencias y saludarse para todo el mundo luego de una reunión de una hora. Cuánto tendremos que aprender sobre el respeto a las instituciones, porque si entendemos que no somos capaces de saludar a un adversario - no un enemigo- menos entenderemos el acto más importante en un país que es el de gobernar para todos.

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