Espectaculos
Domingo 08 de Mayo de 2016

Una mujer que dice ‘basta’ y empieza a vivir de verdad

Betiana Blum llega a Paraná para darle vida a la protagonista de “Yo amo a Shirley Valentine”, un ama de casa que desespera y da un vuelco a su rutinaria vida. La cita será el domingo 15, en el Teatro Municipal 3 de Febrero

Shirley pela papas y habla con la pared para no enloquecer. Es una mujer harta de una vida rutinaria en la que su marido casi no le habla y donde ella es la madre, la esposa, la vecina; pero ya no recuerda quién era Shirley Valentine. Cuando una amiga la invita a Grecia, deja todo y huye sin imaginarse lo que le espera en ese viaje que la llevará a recorrer –también a los espectadores– las preguntas que pueden sacarla de una vida “sin vivir” y llevarla a la plenitud de ser nadie más que ella misma.

Yo amo a Shirley Valentine es una comedia mundialmente aclamada, escrita en 1986 por el prestigioso autor británico Willy Russell. Gira en torno a la maravillosa experiencia de un ama de casa que aprende a encontrarse a sí misma. La versión protagonizada por Betiana Blum y dirigida por Valeria Ambrosio arribará a Paraná el domingo 15, a las 21, en el Teatro Municipal 3 de Febrero con el auspicio de Beneficios UNO.

UNO dialogó con la consagrada actriz que visitará nuevamente la capital entrerriana para traer la historia de esta heroína de entrecasa. 

—¿Cómo ha sido la gira por el país y la recepción del público?
—Debutamos en Córdoba capital el 19 de febrero e hicimos siete funciones a sala llena en el Teatro Real, una sala inmensa. Lo mismo pasó en el Teatro Coliseo de La Plata y también en Rosario. Tuvimos muy buena recepción del público, la prueba es que la gente se pone de pie y te agradece. Así es como cada vez confirmo que no me equivoqué al elegir esta obra, porque a la gente le hace bien y la disfruta.

—¿Cómo llegó esta obra a sus manos y qué la decidió a hacerla?
—A esta obra me la ofrecieron hace muchos años, se iba a estrenar en Buenos Aires y yo en ese momento no elegí hacerla, elegí otra cosa. Pasaron muchos años y se convirtió en un clásico, porque tiene vigencia. Entonces la volví a leer hace dos años y me di cuenta de que ahora era el momento ideal para que yo la llevara al escenario, porque me parece un canto a la vida, una obra muy divertida y que también toca el corazón y te lleva a la reflexión a través del humor. Me gusta que la gente se divierta y lo pase bien en un espectáculo, pero que también se lleve algo lindo para su vida.

—En este sentido, ¿qué aspecto de la dramaturgia es el que le llegó al corazón?
—A mí me parece importante, o mejor dicho, necesario que reflexionemos cuando entramos a la vida adulta y empezamos a tomar responsabilidades como padre de familia, madre de familia, como abogado u oficinista, lo que sea que hayamos decidido y logrado hacer. Es necesario darse cuenta que esos roles, obligaciones y horarios no nos deben comer la sensación de estar vivos. Sino, la vida es una rutina donde día a día ya sabés exactamente qué es lo que vas a hacer y qué te va a pasar. Además, la comunicación directa cada vez se usa menos, ahora estamos con lo teléfonos y todos estos aparatitos tecnológicos nuevos, entonces la gente está alrededor de una mesa y no charla entre sí, tiene los ojos clavados en los teléfonos. Y esta obra te da a entender que podés hacer siempre lo que quieras sin la necesidad de perder la conciencia de que estás vivo y que la gente que te rodea también lo está.

—¿Cómo está encarada la obra?
—Es una obra en dos actos y tres cuadros, con una puesta de Valeria Ambrosio y cuenta con multimedia, así que la gente va siguiendo parte de la historia a través de las imágenes y de la música original de Diego Monk. Es un espectáculo teatral con todo, no es un unipersonal en el que una se para delante del público y simplemente se pone a hablar. 

—Sin embargo, está sola sobre el escenario.
—Sí, me toca hamacarme a mí. Esta obra está planteada así, y lo que dice es fantástico, entonces elegí hacerla. Pero no es que yo elija generalmente unipersonales, me gusta y prefiero trabajar en equipo. Si bien estoy sola sobre el escenario, el planteo de la obra hace que no se sienta como un unipersonal.

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