A Fondo
Sábado 02 de Abril de 2016

Una media espera en Malvinas

“Dura piedra enternecida, por la sagrada esperanza”  (La Hermanita Perdida, Atahualpa Yupanqui)


Gerardo Iglesias/De la Redacción de UNO
giglesias@uno.com.ar


La media descansa sobre una piedra, la misma que la sepultó durante 30 años. La foto la muestra raída, descolorida, pero manteniendo su forma, la forma del pie que abrigó en el frío invierno del 82 en Malvinas. Su dueño la rescató tres décadas después, cuando la guerra se convirtió en un doloroso recuerdo para todos, en un viaje pacífico a las islas, repleto de emoción, vivencias y, porqué no, futuro.
Ricardo Lucero fue parte de aquel viaje de 2012 a Malvinas junto a otros excombatientes uruguayenses; 33 años antes fue miembro del Batallón 5 en Malvinas, una división alejada del pueblo, bien pertrechada y custodiando el horizonte. En trincheras protegidas por enormes rocas, en pozos sobre la tierra húmeda y fría. Y lejanas pero a la vez cercanas por pertenencia nuestra, de país, de nacionalidad.
La foto está ahí, se exhibe en las vigilias en Plaza Ramírez de Concepción. Y la media se muestra todos los días en la Sala Malvinas Daniel Francisco Sirtori, ese enorme museo que levantaron los excombatientes uruguayenses, manteniendo viva la memoria de sus compañeros, sin olvidos, con Malvinas en cada día.
Ricardo recordó cómo fue: “En el 2012 fuimos a Malvinas. Mi puesto estaba tapado por una enorme roca que el paso del tiempo tumbó”. Pero eso permitió también que se conservaran muchas cosas. Se inclinó sobre los escombros. Escarbó. Algunas cosas comenzaron a sentir el tenue calor del sol malvinense otra vez. Y esa media surgió, llevando a su dueño otra vez a la guerra. “Lo que pasó fue que empezó un bombardeo feroz y tuvimos que salir con lo puesto. Apenas pude salvar algunas cosas, el resto quedó ahí”. Ese resto fue  tapado por escombros, piedras y oscuridad, sinónimos de guerras en cualquier parte del mundo. Hasta que quedó en silencio todo a partir del fin de la guerra, la rendición y el regreso al continente. Lucero, como tantos otros excombatientes, retornó a la vida civil. Y su lucha sigue hasta hoy. Apostando, desde su tarea junto a los otros uruguayenses que pisaron el suelo malvinense, a mantener viva la soberanía argentina sobre Malvinas. La media está ahí. “La envolví en una bolsa. La apreté bien para que le salga todo el aire y, hecha un bollito la puse en el fondo de la mochila. Porque los ingleses no te dejan llevar nada”. La media hoy está en la Sala Malvinas de Concepción, rescatada 30 años después. La otra, la que completa el par, espera, allá abajo, reencontrarse con su hermana, haciendo el aguante hasta que nuestras islas regresen a casa. Cuando el par se complete, cuando Lucero (cuando todos) tenga su otra media, sabremos que Malvinas son nuestras para siempre.

“Seguirán las mil banderas del mar, azules y blancas, pero queremos ver una sobre tus piedras, clavada. Para llenarte de criollos. Para curtirte la cara hasta que logres el gesto tradicional de la Patria”. Atahualpa Yupanqui

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