A Fondo
Viernes 15 de Abril de 2016

Una mano frente al fenómeno del clima y la desidia

Pablo Felizia / De la Redacción de UNO
pfelizia@uno.com.ar


Desde mediados del año pasado ya había informes oficiales que advertían el fenómeno climático que hoy vivimos. Dicen los que saben que hasta ahora ocurrieron tres expresiones diferentes, pero relacionadas: la creciente de los ríos Paraná y Uruguay en diciembre y enero con alturas nunca vistas en 50 años; las tormentas de febrero disfrazadas de tropicales con vientos que alcanzaron los 160 kilómetros por hora, similar a un auto de carrera; y por último, una lluvia que empezó el 1° de abril a la noche y que salvo por algunas treguas y a juzgar por los pronósticos, todavía no terminó. Esta última etapa trajo consigo el aumento del río Gualeguay, que tanto en Rosario del Tala como en la ciudad homónima, su altura registró –y está previsto que registre– marcas históricas según la Dirección de Hidráulica provincial. 

La síntesis solo está hecha a partir de seguir las noticias climáticas y de alguna manera muestra la magnitud de El Niño, ese fenómeno que genera mucha humedad en algún lugar del mundo y una extrema sequía en otro. Desde octubre –quizás antes– ya se sabía que esto iba a ocurrir, a lo mejor no con todas sus características, pero sí con las crecientes y las tormentas. Sin embargo, no todas las medidas fueron realizadas para evitar que miles de familias abandonen sus casas a merced de un agua que entró y pudrió todo. Cuando crece el Uruguay, el Paraná y el Gualeguay, todo ese volumen termina en el Delta, zona de la provincia en donde se agudizó la problemática. 

Sin embrago y a pesar de aquellas tareas que no se hicieron, de los caminos que no se arreglaron y quedaron intransitables, de los arroyos sin sanear, de los pobladores a los que no se les avisó como corresponde, de los productores del campo que se la jugaron sin saber, de las obras que faltaron y entre otras situaciones que ahora parecen cotidianas, siempre queda la solidaridad de los pueblos. Una y otra vez, de forma rápida y precisa, organizados o por organizarse,y desde diferentes lugares del país, alguien da una mano para sacar del fondo al que ha caído frente al fenómeno de la desidia y del clima. Dicen que en La Paz son más de 130 las familias que perdieron absolutamente todo y el hecho se repite en otras ciudades.
 

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