La Provincia
Martes 27 de Enero de 2015

Una familia unida para crear la pelota del sóftbol paranaense

Los hermanos Sacks desarrollaron un proyecto que mejoró el nivel de la competencia. Un artículo deportivo que ayudó a sustituir la importación. Relatos del sueño que empezó como un hobbie  

Marcelo Comas/ De la Redacción de UNO

mcomas@uno.com.ar

 

La familia Sacks estuvo desde siempre ligada al sóftbol, ya sea en actividades propias del juego o acompañando desde afuera, aunque su espíritu inquieto y de innovación los llevó por otro camino. Esa misma pasión por el deporte les permitió analizar desde otra perspectiva cuestiones referidas a la evolución de la competencia. Siguiendo esa lógica percibieron que en uno de los partidos de categorías infantiles las pelotas de seguridad (de 11 pulgadas) empezaban a dañarse en la costura. Un pequeño detalle, si no fuera que la única forma de conseguirlas era cada vez que un conocido del ambiente viajaba a los Estados Unidos por razones personales.

Mientras tanto, los entrenadores salvaban ese contratiempo dándole la bola a sus jugadores para que hagan lo posible para remendarla en sus casas. Esto motivó a los hermanos José y Sergio Sacks a desarrollar un núcleo que respetaba la fisonomía de la pelota de 11 pulgadas que usaba en los partidos su hijo Iván para aprender los primeros pasos del deporte. “Comenzamos en 2000 a desarrollar un núcleo con la forma de las pelotas que usaban los niños y con la ayuda de una empresa que nos fue aportando datos. Así llegamos a la petroquímica de Estados Unidos que nos desarrolló los químicos para hacerlo. En 2002 la Asociación Paranaense de Sóftbol (APS) aprobó esta pelota, que era blanca en su momento, como pelota oficial para todos los torneos nacionales. También la adopta la Confederación Argentina de Sóftbol y en todo el país se comienza a jugar con esta pelota. Nos faltaba resolver la Primera División”, dijo Sergio en diálogo con UNO. Los Sacks no podían concebir que el deporte que iba camino a convertirse en ícono se tuviera que jugar con pelotas usadas.

Desde el lanzamiento de la primera pelota oficial, aprobada en 2002 por la APS y que también hizo suya para los torneos nacionales la Confederación Argentina de Sóftbol (CAS), cambiaron muchos detalles que la identificaron en su nacimiento. Cambió la calidad de la costura, el hilo, el cuero de poliuretano que antes se producía en Corea y ahora se lo importa desde Chile. La aceptación del producto fue la prueba más difícil de superar para los entusiastas emprendedores, porque empezaba a pesar el prejuicio del ambiente del sóftbol acostumbrado a utilizar elementos procedentes de USA. La mayoría opinaba desde el desconocimiento: “La pelota viene de Estados Unidos, ¿cómo se va a hacer en Paraná?”, decían en voz baja. Pero cuando la empezaron a usar, no se rompía y duraba más partidos, naturalmente se fue adoptando para los torneos oficiales. En 2004 con el desarrollo de pelotas para Primera División se logró el reconocimiento unánime, instalando definitivamente la marca South de elementos deportivos para la práctica del deporte del bate.

 

Un proceso de varias etapas

La marca que nació de la necesidad de mejorar la competencia late con fuerza en la casa familiar de avenida Almafuerte. Allí diariamente Sergio, José y el menor de la dinastía, Iván, discuten nuevas ideas para mejorar el producto. La pelota South empleada en diferentes categorías del sóftbol paranaense presenta características que la hacen única. En todo su proceso de confección y elaboración atraviesa por diversas etapas, hasta llegar a la venta al público y casas de deportes. Sus creadores cuentan que todas pesan lo mismo, con una tolerancia de +/- 3 gramos, en un rango mayor de error que el estipulado por el reglamento internacional. “El pitcher siente cuando le das una pelota pesada y una pelota liviana”, analiza Sergio. Una de las facetas que la distinguen está constituida por el desarrollo de una técnica del pegado del cuero posterior al cocido.

“Hay varios procesos tercerizados, por ejemplo, el corte del cuero. Nosotros diseñamos el troquel y lo fabricamos en Buenos Aires. Luego se lo entrega a un serigrafista, que tiene la máquina. Todo lo cosemos nosotros”, comentó Sergio. Aseguró que el primer paso del proceso de fabricación prevé la mezcla de productos químicos, que demanda entre 11 y 12 segundos. Luego se coloca el líquido en una matriz, donde se forma el núcleo y se continúa con otra hasta completar cuatro moldes. Cuando se llega a la cuarta matriz se obtiene el producto terminado, empezando nuevamente el proceso para lograr una pelota nueva. “La mitad de los químicos son fabricados en Argentina y la mitad son importados”, afirmó.

Una vez que se fabrica el núcleo, se le aplica un adhesivo, también desarrollado por los hermanos Sacks y finalmente se procede a la costura de la pelota. “Con un gancho se cuelga en el horno, fusiona el adhesivo pegándose al núcleo. Ese proceso es irreversible: y eso es lo que hizo tan buena y tan durable a la pelota”, detallaron.

 

Todos los modelos

En la actualidad South Argentina posee cuatro modelos de pelotas de sóftbol y para febrero se lanzará dos modelos de pelotas de béisbol. Diferenciadas por pulgadas, las bolas para el deporte del bate son las siguientes: 11 pulgadas de seguridad (categorías menores); 12 pulgadas (para colegios); 12 pulgadas oficial (para cadetes, femenino y lanzamiento lento); y 12 pulgadas oficial para Primera División.

Como una forma de ampliar el mercado, los Sacks vieron en el diseño y fabricación de pelotas de béisbol una buena oportunidad de crecimiento. “Hace tiempo nos vienen pidiendo porque no consiguen, entonces desarrollamos dos modelos: una para la Liga oficial y otra de entrenamiento que la usan categorías menores”, sostuvieron.

La producción de South se destina principalmente a los clubes de Paraná y a negocios que venden elementos deportivos. “Primero fue un hobbie mientras teníamos otro empleo. Desde 2012 me dedico a esto exclusivamente; es un orgullo que nuestra sea utilizada en torneos panamericanos y mundiales. Además es una salida laboral”, confió Sergio Sacks.

Los hermanos Sacks transmitieron como una herencia sus conocimientos Iván, que promete mantener vivo el legado. Sostienen que con la comercialización de la pelota “no alcanza para vivir”, por ello en 2005 decidieron importar guantes de bateo fabricados en China, cascos, bates y bases. Todos estos productos son diseñados en base a modelos que los Sacks solicitan desde Argentina. “Desde 2012 tomamos la distribución de Rawlings, que es la firma número 1 a nivel mundial”, explicó el empresario.

Consultado por el precio indicaron que las pelotas cuestan 90 pesos, en tanto, las de béisbol tendrán un valor de 80.

Otro de los proyectos previstos para el corto plazo será la fabricación de tientos y grips. “Es un oficio que requiere de atención y dedicación, porque el que no está en el tema no se da cuenta de los detalles”, dicen entusiasmados. Si bien al principio tuvieron algunas dificultades para importar, ahora avanzan con su sueño en forma sostenida.

 

 

 

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