La Provincia
Domingo 21 de Junio de 2015

Una experiencia de amor y fe: Denise y la sabiduría de ir al encuentro del otro

Contacto directo con el prójimo. Es Oriunda de Nogoyá, integra el movimiento católico Puntos Corazón y desde el 11 de marzo se encuentra de misión con sus jóvenes 19 años en un barrio muy precario de Lima, Perú

Dina Puntín / De la Redacción de UNO
dpuntín@uno.com.ar


El papa Francisco publicó el jueves pasado la encíclica “Laudato si’”. En su primer capítulo hay un subtítulo “Deterioro de la calidad de la vida humana y degradación social”, allí habla del crecimiento desmedido y desigual de las ciudades y de lo difícil que es atender las necesidades del otro. “La verdadera sabiduría, producto de la reflexión, del diálogo y del encuentro generoso entre las personas, no se consigue con una mera acumulación de datos que termina saturando y obnubilando, en una especie de contaminación mental. Al mismo tiempo, tienden a reemplazarse las relaciones reales con los demás, con todos los desafíos que implican, por un tipo de comunicación mediada por internet. Esto permite seleccionar o eliminar las relaciones según nuestro arbitrio, y así suele generarse un nuevo tipo de emociones artificiales, que tienen que ver más con dispositivos y pantallas que con las personas y la naturaleza. Los medios actuales permiten que nos comuniquemos y que compartamos conocimientos y afectos. Sin embargo, a veces también nos impiden tomar contacto directo con la angustia, con el temblor, con la alegría del otro y con la complejidad de su experiencia personal”. 

Buscando reconocer la necesidad del otro y acompañar el difícil camino que le toca transitar, la joven Denise Ríos de Nogoyá se sumó a Puntos Corazón para llenar su vida con la luz del que sufre, del necesitado, del enfermo. “Decidí formar parte de este Movimiento porque siempre sentí la necesidad de salir de mis necesidades, mi cotidiano, mi vida «normal», para encontrarme con el más necesitado, encontrarme con el rostro de Jesús Crucificado. Más allá de las actividades parroquiales que realizaba en la Basílica Santuario Nuestra Señora del Carmen de mi ciudad, sentía que no me alcanzaba, que no llenaba totalmente mi corazón, Jesús me pedía algo más, salir de Misión. “...el que quiera seguirme que renuncie a sí mismo, que cargue con su Cruz y me siga...” (Mt. 16, 24-28), describió Denise.

El movimiento católico Puntos Corazón fue fundado en 1990 y está presente en 22 países de 4 continentes. Ofrece una presencia de amistad y consolación que permite a las personas que más sufren volver a descubrir su dignidad y avanzar con esperanza en su vida. Propone a jóvenes vivir una misión de uno a dos años, en un barrio particularmente desfavorecido del mundo al servicio de las personas más abandonadas o sufridas, especialmente de los niños.

Puntos Corazón quiere difundir una cultura de compasión que pone al hombre en el centro de toda preocupación, en los barrios marginados pero también en el campo de las ciencias, de la economía, del arte, de la política.

—¿Cómo te sumás a Puntos Corazón?
—Providencialmente conocí Puntos Corazón porque dos chicas fueron a mi parroquia a contar su testimonio. Cuando las escuchaba no podía creer que existiera esta experiencia, entonces me puse en contacto con las Hermanas Servidoras de la Presencia de Dios que son una rama del Movimiento, les pregunté cuáles eran los requisitos para salir de misión. La respuesta fue que había una formación previa y un claro discernimiento. Lo primero que hice fue viajar a Buenos Aires, conocer a las Hermanas y al sacerdote que acompañan, al Punto Corazón que hay en Villa Jardín (Lanús), luego con otros jóvenes tuvimos dos fines de semana de formación en Santa Fe y finalmente antes de partir de misión diez días de formación más. Allí nos presentan el carisma que nos proponen vivir, estudiamos textos del fundador, padre Thierry de Roucy, y otros autores. Nos presentan los barrios a donde vamos a ir y tenemos que escribir una carta de Compromiso, donde expresamos por qué queremos salir de misión, qué nos motiva y por cuánto tiempo. Luego de eso, en consejo, el Movimiento decide tu destino. Felizmente a mediados de julio me informaron que iría a La Ensenada, Lima (Perú). Antes de partir tenemos una misa de envío en la parroquia que pertenecemos; hacemos compromisos de Pobreza, Castidad y Obediencia y nos entregan un Rosario, “María a los pies de la Cruz”.

—¿Qué te dijo tu familia?
—Cuando le conté a mi familia que quería realizar una misión por catorce meses en Perú no le agradó nada, porque era mucho tiempo, muy lejos y porque ya había comenzado a estudiar, cursé el primer año para ser profesora en Educación Primaria, pero después de unos meses recuerdo que estábamos almorzando y mi mamá me dijo «si vos sos feliz, yo también» sin dudas que lo interpreté como un gran sí y aprobación a la decisión. Es muy reconfortador y esencial para mi contar con el apoyo de mi familia, padrinos y amigos, sin ellos no podría. Más allá de la distancia es tan fuerte su presencia, sé y siento que nos encontramos en cada pequeña oración que hagamos. Los padrinos son personas que nos ayudan espiritual y económicamente, los padrinos espirituales se comprometen a rezar todos los días una decena del Rosario por la misión, el barrio… los padrinos económicos nos ayudan económicamente por mes o a través de un monto único de dinero para solventar los gastos que tenemos aquí. Y el misionero se compromete a escribir cada dos meses una carta donde cuenta cómo vive la misión.

—¿Cómo es un día de misión?
—Nos levantamos temprano, porque a las 7 vamos a misa en la parroquia y rezamos Laudes con la Comunidad, luego volvemos y desayunamos. Tenemos media hora de lectura o estudio, una hora de Adoración, o hacemos una reunión para organizar la semana. Quien está de permanencia debe cocinar, ir al mercado y por la tarde recibir a los niños que vienen a jugar. Después de almorzar, a las 15 rezamos el Rosario, siempre algún niño se acerca, toma un Rosario y reza con nosotros; cuando terminamos salimos de a dos a visitar a los amigos, regresamos a la tardecita así rezamos Vísperas, cenamos y abrimos la permanencia hasta las 22 para recibir a los jóvenes y adolescentes. Finalizamos con una oración en la capilla de la casa. También tenemos dos apostolados, los martes por la tarde visitamos un Hogar Villa Martha donde los niños son dejados ahí por sus padres o por orden del juez. Y los jueves por la tarde visitamos un Centro de Recuperación y Rehabilitación Maranguita, donde hay alrededor de 500 jóvenes, sólo hombres de 14 años a más de 18 años de edad, separados en distintos patios o como dicen aquí: pabellones, de acuerdo a su conducta, están allí por el tiempo que se les ha asignado judicialmente

—¿Con qué realidad te encontraste?
—En mis primeras visitas a las casa de los amigos me asusté por las condiciones en las que viven, de su pobreza, de su forma de vivir, de lo tan alto que quedan sus casa en los cerros, me asusté demasiado, mi corazón estaba lleno de preguntas, de miedos, de dudas. Pero lo que más me sorprendió y pude percibir fue su confianza y fe en Dios, y lo que luchan día a día para poder vivir; en sus corazones no cabe la pregunta “¿Dios existe?” porque con su testimonio y su mirada tan profunda dan la respuesta: Dios verdaderamente existe.

Carta abierta

La Basílica de Nuestra Señora del Carmen, a través de su facebook, publicó la primer carta abierta de Denise. Allí escribió: “En mi primera carta les quiero hablar de Santiago, él es mi imagen de Jesús en la Cruz, es un hombre que sufre de esquizofrenia y no habla mucho, solo dice algunas palabras y emite algunos ruidos. Todos los días pasa por la casa para pedirnos agua, conocemos su llamada, su golpe en la puerta o en la ventana es diferente, nos saluda dándonos la mano y lo mismo cuando se despide. Cuando fui a visitarlo a su casa descubrí, que sus dos hermanos, Pamela y Carlos sufren de lo mismo. Su mamá Paulina trabaja todo lo que puede para poder comprarle sus medicamentos y que puedan seguir su tratamiento. ¡Cuánta sed! Sus vidas son como la Ensenada, totalmente secas, áridas; al igual que la tierra del barrio sus corazones están sedientos; sed de amor, sed de una compañía, sed de comprensión, sed de una amistad, sed de una presencia. Es la Gracia de Dios poder conocer todas estas personas, redescubro lo esencial de la vida: AMAR. Amar en cada pequeño gesto, cuando escucho, cuando saludo, cuando me hablan, cuando los niños vienen a jugar o corren hacia uno para que los abrace, cuando rezo, a cada instante. Como vivió y escribió nuestro fundador el padre Thierry: ‘Yo soñaba con una escuela de amor. He aquí que ella existe realmente…’”.

El tiempo que falta

Comunicarse con Denise no fue fácil. Si bien tiene facebook, no hay computadora en la casa donde vive y mucho menos Internet. Por eso en algún descanso aprovecha para comunicarse desde algún cyber. Y entre las prioridades se encuentra la familia, sus padrinos y la comunidad de la Basílica Nuestra Señora del Carmen de Nogoyá. Por eso la entrevista con Diario UNO de Entre Ríos se estiró por casi un mes y medio. Pero la espera valía la pena para que Denise contara su experiencia y estimulara a otros jóvenes no sólo a sumarse sino también a valorar la vida que llevan, donde a veces el tiempo que a ella le falta se malgasta sin sentido. 

La Ensenada 

“Es un asentamiento humano muy grande que crece todo el tiempo, hay alrededor de 20.000 personas o más, no se puede saber con exactitud porque hay un constante movimiento de personas, nuevas familias, nuevos integrantes. Muchos viven desde hace años y otros hace muy poco; las casas son pequeñas, de estructura cuadrada, muy similares entre ellas, hay edificios, pero la mayoría sin terminar de construir, las paredes sin revoque y el piso de madera. La mayoría de las casas que están bien arriba en los cerros son de madera. Las calles son angostas y cortas, invadidas por los vendedores ambulantes con sus carritos y las mototaxis. En los cerros hay escaleras para subir y bajar o simplemente el camino marcado por el trayecto diario que realizan las personas que viven ahí”, describió vía e-mail y en un ratito libre.


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