Policiales
Martes 21 de Abril de 2015

Una banda captó a su hijo y pide ayuda para rescatarlo

Mirta golpea puertas pero no recibe respuestas efectivas. Su hijo de 16 años, preso del consumo de drogas, fue reclutado por la banda del barrio Municipal para delinquir.

José Amado / jamado@uno.com.ar

La historia de Mirta Oroño es la misma de cientos de madres de Paraná: desesperadas por sus hijos perdidos en las adicciones; relegadas por el sistema judicial, de salud y la burocracia estatal; señaladas con el dedo como “malas madres”; mujeres solas al frente de un hogar y la crianza de varios chicos. La vida de su hijo de 16 años es idéntica a la de cientos de pibes de la capital entrerriana: presos del consumo de drogas, seducidos y reclutados por una banda que los manda a delinquir; que roban hasta en sus casas para poder seguir consumiendo y alimentando a quien les vende. Pero Mirta Oroño, además, superó el miedo y se animó a contarla.

“Hasta el año pasado él era pacífico, por supuesto que te niega cuando te roba algo, o le roba a los hermanos, o se va y no vuelve, que tiene sus amigos, que anda delinquiendo, se me pierde a veces una o dos semanas, y le da lugar justamente la madre de uno de los pibes. Me fui hasta la casa, discutí con ella, yo sé que mis cosas están ahí, no me interesa porque lo material va y viene, me interesa la vida de mi hijo. Y este año ya fue peor porque me amenaza que me va a tirar todo, que me va a prender fuego”, dijo a UNO.

El cambio de ser un chico que va a la escuela y hace deportes a todo lo contrario es rápido, silencioso y a veces imperceptible para la familia. “Esto empezó hace más de tres años, él iba a la Primaria y yo lo mandaba al club Don Bosco, jugaba al fútbol, yo tenía un negocio en esa época -recuerda Mirta-. En uno de esos días le digo ‘m'ijo andate solo al club porque ya estás grandecito, así yo puedo trabajar’. Yo le tenía una confianza ciega a todos mis hijos, él tenía 13 años y resulta que dejó de ir al club y a la escuela también. Me empezaron a llamar de la escuela Marcelino Román que no iba, que qué pasaba, que si la culpable era yo de no mandarlo. Se iba, volvía, yo le miraba la carpeta y tenía todo al día, pero resulta que a la escuela no iba. Con el primero que se empezó a juntar fue con un chico que es de terror que vive en el Paraná XIV”.

En la mesada de la cocina de Mirta hay unos cuantos platos, cubiertos y un exprimidor eléctrico. Es el único electrodoméstico que sobrevivió al saqueo de su hijo, que se llevó todo lo que pudo. “De la soga me sacaba todo lo que colgaba, hasta las plantas que tenía. La moto de mi sobrina quedó allá destartalada porque le fue sacando la cosas”, contó.

“Primero empezó así, me faltaba plata, mi hija me decía que era él pero yo no quería dar el brazo a torcer. Hasta que yo no lo vi, no creí. Y ahí empecé a golpear puertas, pero la mayoría me echó la culpa a mí. Que yo lo quería correr de mi casa, que era una mala madre, pero yo tengo seis chicos y tengo que mantenerlos. No puedo quedarme acá. En el horario que yo trabajaba, calle, calle y cada vez peor”, lamentó.

El hijo de Mirta estaba una noche con la mala junta del barrio Municipal, entre ellos un adolescente que es el hijo del referente de una banda delictiva. El pibe tenía un aire comprimido y le disparó al ojo. “Estaban muy drogados y le tiró por tirar, por diversión”, contó la mujer según la versión que no tardó en circular. Así el chico perdió el ojo a los 14 años.

En su peregrinar por las oficinas públicas, Mirta consiguió medidas de protección para su hijo dos veces. En dos ocasiones lo internaron durante tres meses en una colonia de Cerrito (“la tercera vez no me lo quisieron aceptar porque ya estaba grande”, afirma). “La primera vez que volvió fue relindo, dos semanas estuvo bien, yo dije ‘al fin’. Se quedaba acá, comía, me ayudaba, tomábamos mates juntos, y un día se me fue. Después le pasó eso del ojo, y fue cada vez peor”, relató la madre.

Sin embargo, no baja los brazos y sigue peleando para que la ayuden a rescatar a su hijo: “Ahora estoy con la abogada María Pérez, del Copnaf, me dijo que ya estaba todo para una internación. Pero dicen que tienen una deuda con los centros de rehabilitación, así que no hay lugar todavía para el mío”.

Una mano en la soledad

Hablando de su drama con una conocida, esta mujer le dijo: “Andá a verla a Mónica, ella te va a dar una mano”. Mónica Olivera tuvo a su hijo en una situación parecida en el Lomas del Mirador II, pero pudo salvarlo a tiempo. Después enfrentó, junto a otras vecinas, a un banda de su barrio que pretendía echarla y ahora ayuda a mujeres víctimas de distintos tipos de violencia. Por eso armó la ONG Mujeres Luchadoras Positivas.

Mónica, al lado de Mirta, le toma la mano cada vez que se quiebra en su relato, entonces sigue con la idea: “Ella no quiere que lo metan preso, quiere que lo pongan en un lugar y lo recuperen. Porque en la calle tiene dos caminos: preso o muerto”. La madre resume: “Quiero que vuelva a ser mi hijo de antes”.

“Los casos como el de Mirta que se han recorrido todo -asegura Mónica-, como el de las mujeres golpeadas, si llegan a un instancia judicial es porque ya es lo último, ya no dan más. Que alguien le dé una respuesta, desde noviembre que andamos”.

El llamado que espera no recibir

La experiencia de Mirta con la Justicia no es la esperada, desde hace 12 años. En julio de 2003 su hermana fue víctima de un homicidio que nunca se aclaró. Nancy Oroño tenía 28 años cuando iba en un remís y un hombre acribilló a tiros a ella y al chofer en el barrio Itatí. El caso quedó impune con el dolor extra que ello implica para los familiares. El hijo de Nancy quedó huérfano y corrió el mismo destino que el de Mirta. Incluso su tía lo alojó un tiempo, pero también le robó todo y se fue.

Mirta recuerda cuando recibió el llamado que le informó la muerte de su hermana, y ahora no quiere volver a pasar lo mismo con su hijo. Cada vez que escucha o se entera de un tiroteo piensa “mi hijo está ahí”.

La violencia solo cambió  de nombre

La lucha de Mirta Oroño es difícil. Es ella, Mónica Olivera y algunas más, contra una organización delictiva que ni el Estado puede desbaratar. Hace un par de años cayeron presos por distintos delitos todos los cabecillas y soldaditos de la banda del Municipal y de la barra de Patronato. Sin embargo, parece que las cabezas se cortan y vuelven a crecer. Hace un mes UNO publicó que un pai umbanda del barrio La Milagrosa recluta a jóvenes para delinquir. Entre ellos está el hijo de Mirta.

“Yo me iba hasta allá de madrugada a buscarlo a mi hijo, pero ahora ya no. Tengo miedo que por ahí me peguen un tiro, viste cómo andan armados. No miedo, sino que tengo mis nenes chiquitos”, afirmó Mirta Oroño.

 

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