Espectaculos
Lunes 29 de Junio de 2015

Una artista que se anima a otros géneros sin perder autenticidad

Tras cinco años sin disco solista, La Sole presentó “Vivir es hoy”, su nuevo material 

Pedro Robledo / Especial/ La Capital 
editor@uno.com.ar


En una noche húmeda y con un simultáneo partido de la Selección Argentina que no afectó la convocatoria, el teatro El Círculo de Rosario lució casi a pleno. Había expectativa por conocer las nuevas canciones del repertorio de Soledad Pastorutti incluidas en Vivir es hoy, su reciente placa. La variedad de géneros y ritmos que aborda en este disco le imponen una ardua tarea, además del desafío que significa estar a la altura de los importantes artistas invitados.

Bien plantada en el centro de la escena, de impecable vestido blanco largo con transparencias y botas negras, hace notar su atención a la tarea de vestuario y el cuidado estético. La puesta escenográfica fue austera, pero con una producción lumínica que resaltó su imagen y acompañó el tono de cada canción.

Cómodamente sentada con su guitarra, inició el show con la balada pop Cielo de rosas, un tema en el que participó en el armado de la letra y la música. Siguió con Vivir es hoy, otra balada que cuando el ritmo acelera y el bombo pasa al frente la acerca a su estética folclórica original. En imágenes en pantalla, aparecía Carlos Santana, el singular invitado en el disco.

La gente se fue soltando con Cantante, donde presentó a Pablo Cordero, su corista y autor de la chacarera que incluyó la aparición en escena de su inseparable hermana Natalia. Allí saludó haciendo mención a los 20 años de su historia artística. También dedicó un recuerdo al Cosquín 96, el festival que catapultó su explosiva aparición. En los agradecimientos iniciales saludó y nombró pueblos y fans, sponsors y productores. Después de agradecer por elegir venir a verla, prometió un show largo e invitó a participar activamente. Con imágenes de la Argentina profunda, cantó Todos somos pueblo, un huayno con letra sencilla y simple. El charango y el acordeón le dieron atmósfera norteña al tema escrito por Gianmarco, el creador e intérprete peruano que produjo cinco canciones del disco. También fue más allá de nuestras fronteras y visitó ritmos del Perú con el vals Mal paso.

Soledad se tomó un respiro para mencionar el Martín Fierro ganado por Ecos de mi tierra (TV Pública) y el Grammy por Raíz. Siempre reflexiva y conversadora, se interrumpía a sí misma para saludar con nombre y apellido cuando detectaba a alguien conocido entre el público.   Con Nati, también de cuidado vestuario (negro, en contraste con Sole), compartió el huayno Todo lo que quiero eres tú, otra de Gianmarco. Lamentando no tenerlos en el escenario, reunió dos canciones que en el disco tienen invitados: Estrella fugaz, donde participó el brasileño Zezé di Camargo, y Dame una sonrisa, que compartió con Carlos Vives, quien sí se mostró en pantalla. “Estaban los pilotos ocupados, por eso no vinieron”, bromeó su histórico guitarrista El Laucha Calcaterra, humorada que todos festejaron, en referencia directa al incidente que protagonizó Victoria Xipolitakis con empleados de Aerolíneas Argentinas y estuvo en boca de todos en estos días.

“Si les gusta, será el segundo corte del disco y tendrá videoclip”, dijo tratando de explicar lo inexplicable: el amor por sus hijas. Con la voz en off de una de sus niñas, arrancó Eres, muy emocionada mientras en pantalla se mostraban mensajes recibidos. Otro descanso sirvió para el lucimiento de Pablo Cordero y Natalia, que se hicieron cargo de la escena. Cordero se instaló en el piano y cantó Vocabulario y Natalia, ovacionada, encaró su versión de Zamba para olvidar, infaltable últimamente en el repertorio de los folcloristas.

Soledad volvió con nuevo vestuario, con estética más criolla, animándose a la danza con tres chacareras vertiginosas: Digo la Telesita, Solo pa’ bailarla y Añoranzas. Confesó que, mientras cantaban Naty y Pablo, fue a informarse del resultado del partido y continuó con un set litoraleño que reunió Paloma blanca (con sapukay incluido) y Cielo de Mantilla, al que le da el tono íntimo que requiere este chamamé. Se quedó un tiempo extenso en el formato folclórico. Después de Cuando me abandone mi alma (chacarera que grabó en este disco), vino un segmento más festivalero enganchando las zambas A Cafayate, De Alberdi y De Simoca, homenajeando a Salta, Córdoba y Tucumán. Y, ahora sí, con velocidad y movimiento, después de El 180 (gato), anunció que iba llegando el final. Habría más chacareras: Del tiempo de mi niñez, Déjame que me vaya y Entre a mi pago sin golpear, ya más aliviada de ropa y con el revoleo clásico.

No fue necesario insistirle para que regresara. Del lote de canciones que le quedaron de la experiencia con Raíz, mostró su versión de Cumbia del Mole, del repertorio de la mexicana Lila Downs. Fue el turno del homenaje al norte. Cómo te voy a olvidar, cumbia norteña que precedió a Llorando se fue, el huayno boliviano que en los 90 los franceses desvirtuaron y lo dieron a conocer como lambada.

Una Soledad auténtica completó el tramo con El humahuaqueño, Cariñito y Tren del cielo. Incómoda pero feliz, cargando regalos (flores, banderas, carteles), cantó Nadie que te quiera como yo, ya con el público dejando sus butacas para acercarse a su artista. Fue el momento de expresar deseos, con algunos fans en el escenario. La pantalla mostraba lo que la gente había escrito en el ingreso al teatro, donde además se vendían termos, mates, remeras y todos sus discos. “Esta canción es una plegaria, ojalá la compartamos”, dijo para cerrar con Aleluya, que también cierra el disco. Auténtica, más madura y reflexiva, con una puesta en escena prolija, precisa, austera, solo por momentos se salió de sus fuentes, de sus raíces folclóricas, las de su aparición explosiva a mediados de los 90. Se la notaba disfrutando de las bondades que ofrece un teatro, en una etapa de su carrera en la que aspira y merece que la escuchen sin la euforia que generaba “A don Ata”, tema que curiosamente no estuvo en el repertorio.

El saludo a Jorge Rojas y el agradecimiento para el Heca

“Lo voy a buchonear, pero quiero agradecer a un querido colega que hoy vino a verme”, dijo Soledad, al resaltar la presencia en un palco de Jorge Rojas. El neuquino disfrutó del show junto a Valeria Ojeda, su esposa, y a María Lucía, su beba de 8 meses. “Rosario es muy especial para mí”, dijo La Sole al recordar que en esta ciudad se casó y nacieron sus hijas. “Y porque acá salvaron la vida de Miguel”, agregó, en alusión a las  autoridades del Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca) y de la Secretaría de Salud, especialmente invitados. Miguel El Tucu, asistente de Soledad gravemente herido en el accidente en Carcarañá en mayo, saldría de alta esta semana.

 

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