A Fondo
Sábado 30 de Abril de 2016

Una actualidad a los saltos

Hoy por hoy. Opinión.


Sebastián Benítez/De la Redacción de UNO
sbenitez@uno.com.ar


La equitación es un deporte poco difundido, pero practicado en la capital entrerriana hace décadas. Desde 1978 funciona en el acceso Norte el Club Hípico Paraná, que por estos días no atraviesa su mejor momento. La entidad podría perder su predio que tanto lucharon para llegar a tener la pista de primer nivel nacional que cuentan.
Luego de 38 años de funcionamiento apareció la polémica en el club. La familia Uranga dio en su momento el terreno ubicado en la zona del Brete en 1978. Pero ahora los integrantes actuales (que son nietos) de la familia solicitaron por la vía legal la devolución de los terrenos y eso dejaría sin vida al club que alberga varios caballos y cuenta con familias que aman la actividad deportiva desde hace muchos años.
Una de las socias de la entidad, Marta Corenzo, dijo: “Apelamos a la conciencia ciudadana de los paranaenses, a fin de iniciar una gesta tendiente a garantizar la continuidad de la actividad deportiva que despliega la institución y preservar las pistas que tanto esfuerzo han costado”. 
Ellos temen desaparecer al no ser escuchados, no por los medios de comunicación, sino por la Justicia, que ya falló a favor de la familia propietaria a través de un juicio de usucapión. Ahora aguardan un arreglo con los propietarios y buscar una solución al gran problema. 
De tener que dejar los terrenos, el club seguramente desaparecerá y será una verdadera lástima para el deporte, ya que han sido formadores de jinetes y sobre todo una contención social. También han realizado equinoterapia para chicos con capacidades diferentes. 
Allá por 1978 comenzó la actividad hípica de Paraná en la zona de El Brete. Dos años después, en 1980, el club ya contaba con la personería jurídica y si bien nunca consiguió la donación legal del terreno porque la Municipalidad de Paraná no habilitaba lotear en la zona, con el transcurso del tiempo se alambraron unas tres hectáreas y media, donde funciona al día de hoy la entidad de equitación. Ahora esos terrenos cuentan con un valor incalculable y es lógico que la familia Uranga reclame algo que fue de ellos. Puede sonar mal, pero también están en su derecho.
Ahora solo resta esperar qué sucederá y que ambas partes lleguen a un acuerdo para que no se pierda una entidad pionera en el deporte de la equitación en la región. Y que la familia de la hípica siga con los saltos.

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