Espectaculos
Jueves 05 de Febrero de 2015

Un viaje al verdadero corazón coscoíno

Adrián Rosset, músico folclórico paranaense, recorrió y cantó en las peñas de Cosquín durante las nueve lunas que duró el festival.

Muchos sostienen que las peñas son el lado B de Cosquín, pero lo cierto es que la luna coscoína alumbra más allá de la Plaza Próspero Molina, donde desde hace 55 años se realiza el Festival Nacional de Folclore. Esa luna dura todo el año en las peñas donde se gesta el folclore de raíz, donde late el corazón de Cosquín.


El paranaense Adrián Rosset es joven, pero tiene una amplia trayectoria cultivando la música popular entrerriana. Él viajó a Cosquín durante lo que duró el Festival, pero no para para deslumbrar sobre el escenario Atahualpa Yupanqui, sino para participar de las peñas que se realizan paralelamente.


“Estoy muy contento, te renueva las ganas cantar para tanta gente, y también encontrarse con ese público. El de Cosquín es un público muy exigente, y lograr que te pidan otra es algo muy importante, teniendo en cuenta que hay muchos artistas. Fue algo muy gratificante”, comentó a UNO.


Las peñas representan la posibilidad de vivir una noche desvelada con los artistas bien a mano, apurando un vino largo y unas ricas empanadas. Para los bailarines que llegan de todas partes, son algo así como la tierra prometida.


Adrián estuvo las nueve noches en peñas distintas, en el escenario de la Plaza San Martín, en el balneario de Cosquín, en Bialet Masse, en la Peña del Violinero, la Peña del Grupo Emerger.


“Por ejemplo, en la Peña del Violinero entran 1.200 personas, es un festival en sí misma. También estuve en la peña oficial en la octava luna, me recibieron muy bien, y me alegró mucho la devolución de la gente, que bailó los rasguidos dobles que es música de nuestro Litoral” manifestó Adrián.


En esta oportunidad no fue acompañado por los músicos que suelen acompañarlo en sus presentaciones, Mauro Leyes en guitarra y Fito Retamal en percusión. “Fui solo, para darme un gusto”, sentenció.


El año pasado estuvo en la Peña del Violinero, y este año volvieron a convocarlo. “Mi novia me acompañó y estuvo organizando la agenda para poder tocar, porque no es fácil, hay muchos músicos. Así que gracias a ella yo pude dedicarme solamente a cantar”, comentó.


A sus 29 años, hace 21 que comenzó su romance con la música. En 2013, realizó actuaciones en Entre Ríos, Santa Fe, Salta y Buenos Aires interpretando zambas, chamamés, rasguidos dobles, alguna chacarera, mezclando clásicos del folklore tradicional con algunos temas propios como Tu danza y mi voz, que dará título al disco que está grabando.


En cada peña o festival en los que hay una posibilidad de presentarse, Adrián toca y canta. Y en esta ocasión, no dejó pasar la oportunidad.


“A las peñas van muchísimos músicos con ganas de cantar; y el público que va ahí se nota que sabe de folclore, es muy conocedor. Ahí además se puede bailar, participar mejor. Quizás es menos conocido que lo que se da en el Festival Mayor, pero creo que es muy interesante lo que se da en las peñas”, expresó.


En este sentido, destacó que uno de los aspectos más interesantes de las peñas es el intercambio con otros músicos,”porque cada cual va con lo suyo: lo de su tierra y sus composiciones propias también. Y ahí me llené de ideas nuevas para componer y otras para poner en práctica en mi peña, la que hago en Paraná, con la que tengo pensado regresar a principios de marzo”.


Finalmente destacó que quiere dedicarse a componer música sobre Entre Ríos. “Quiero representar a mi provincia. Vi muchos artistas de Chubut, que llegaban a Cosquín con el mensaje de sus pueblos originarios; y los salteños que quieren tanto a su tierra. Eso me abrió la cabeza; yo amo a mi provincia, entonces por qué no cantarle. Esas cosas que pasan cuando uno se encuentra con músicos tan talentosos; mucha zamba, mucha chacarera hay en Cosquín, y hay una falta de música litoraleña, así que quiero componer más y llevarla por todo el país”.

 


Cosquín peñero


Alrededor de la plaza Próspero Molina está gran parte de los faroles peñeros.


Rápidamente, sobre calle Tucumán, aparecen los convites alternativos, de esos que marcan el rol de contra-escenario que pueden y muchas veces deben cumplir las peñas, como El Sol del Sur, de Paola Bernal. Después, Solo y Acompañado, el proyecto de Peteco Carabajal


Ya sobre Catamarca, aparece el búnker de Los Manseros Santiagueños, el conjunto santiagueño que en los últimos tiempos ha conseguido convencer a las multitudes que lo puro y sencillo de la música criolla es una fuente que siempre da de beber.


La Real del Toca, La peña de Emerger, La Salamanca, La casa de Alejandro Visconti, La de Facundo Toro, La peña del Violinero, La Callejera son algunas de las más resonantes, sin contar –por supuesto– la Oficial.

 

 

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