Paraná
Domingo 25 de Septiembre de 2016

Un recorrido entre los muros que albergan a la Unidad Penal N° 1

La prisión de Paraná tiene 650 internos que trabajan o estudian, o ambas cosas. Las acciones que encaran profesionales para que el preso se reinserte a la sociedad. Intentan desmoronar el miedo que puede generar un recluso y desmitificar la cárcel.

Están quienes robaron, mataron y vendieron droga. También los que estafaron o perpetraron un delito contra la integridad sexual. Hay de todo, pero en este lugar no importa qué hizo cada uno. Todos saben que cometieron un error y están para corregirlo. Algunos estudian y otros trabajan, la mayoría hace algo y evita quedarse en su celda contando los días, meses y años. Son personas que viven el ahora y proyectan que algún día quedarán libres para así poder salir y pasear por su ciudad natal con sus seres queridos.

Son las 8.30 de un viernes y la acción en la Unidad Penal Nº 1 de Paraná ya empezó. La mayoría de los internos desayunaron y comenzaron con sus actividades diarias. Algunos intentan sumar conocimiento en cursos matutinos y otros adquieren hábitos de trabajo en los numerosos talleres que propone el Servicio Penitenciario de Entre Ríos. Son 620 los internos que se alojan en esta cárcel, entre los cuales hay procesados y condenados. Ellos se reparten en 17 pabellones en los que duermen de cuatro a 75 reclusos. Además, a metros de este lugar, hay una casa de preegreso en la que hay 30 hombres que "están a apunto de salir".

El ingreso a la Unidad Penal N° 1 da a calles Marcos Sastre y Ruperto Pérez. Se trata de una cárcel de alrededor de cuatro hectáreas en la que trabajan unas 300 personas, entre personal administrativo y de seguridad. Uno de los funcionarios que accedió a hablar y recorrer las instalaciones con UNO es Valentín Gómez Polito, jefe de la División Tratamiento Penal. Él es el encargado de todos los internos, el que sigue de cerca su proceso en la cárcel y decide de alguna manera si están listos para irse o no.

En Marcos Sastre y Yapeyú, a unos 10 metros de la puerta de ingreso al penal, hay una puerta grande y de hierro que dirige a la División de Tratamiento. En este lugar numerosas personas trabajan y se pasean con pilas de expedientes en sus brazos. Después de atender un par de llamadas, Gómez Polito se dispone a pasear por el predio y hablar de lo que poco se sabe de esta cárcel: las posibilidades de trabajo y estudio que se le ofrecen al recluso. Sucede que cuando el penal es noticia se debe a alguna pelea entre internos o que a éstos se les encontró droga o un teléfono celular, pero es necesario remarcar que pasan cosas buenas y una de ellas es el objetivo de reinsertar socialmente a quien cometió un error.

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Actividad permanente

"En el penal hay dos grandes ejes: uno es Tratamiento Penal y otro Seguridad. La mayoría de las actividades se coordinan desde el primero porque es en donde se 'trata' al interno, se mantiene un contacto directo con éste. Mientras que el segundo tiene que ver con el control en la cárcel, del cual no se puede prescindir", cuenta Gómez Polito al tiempo que camina por esta mini ciudad que es la UP, llena de edificios y calles internas. "La ley nos pide que reinsertemos en la sociedad al que cometió a un delito, apuntamos a que el interno entienda la ley y aprenda a respetarla", señala y agrega que "es todo un desafío".

Mientras el jefe de la División Tratamiento Penal atiende el pedido de numerosos reclusos en la puerta de ingreso a la cocina, Daniel Reinoso, quien trabaja hace años en el Servicio Penitenciario y es uno de los encargados de esta área, se presenta y cuenta: "A las 7 ya arrancamos a trabajar. A los presos se les da el desayuno, almuerzo y cena. A esta hora de la mañana, los 16 internos que trabajan acá, empiezan a preparar la cena del viernes y el almuerzo del sábado".

Reinoso detalla que en total cocinan para unas 700 personas -650 internos y 50 guardias-. Tienen dos menús, "uno es el común, para todos, y otro para quienes tienen diabetes, que son 48, y HIV, que son 12 internos", aclara al tiempo que señala que el reparto de comida lleva como una hora y media y se hace por tandas.

Después de pasar la casa en donde funciona la cocina, hay una cancha de fútbol y un edificio que sirve para las visitas íntimas de los internos. "Es la Unidad Familiar, ahí el preso puede estar con sus seres queridos los días de visita que son los martes, miércoles, sábado y domingo", señala Gómez Polito, quien trabaja hace 13 años en el Servicio Penitenciario de la provincia. Él en 2004 fue trasladado a la UP de Gualeguaychú y al momento de irse de Paraná había 300 internos. "Cada vez crece más la población carcelaria", apunta y continúa: "Es importante tener en cuenta que se trata de 650 presos, 650 familias y 650 historias, por eso es necesario estar atentos a cada caso y saber que las condiciones de detención son paulatinas, a medida que van transitando por el penal y se van portando bien y subiendo las calificaciones, al interno se le empieza a aflojar la condena por así decirlo. Tiene que ver con que la ejecución de la pena siempre tiene que estar basada en la progresividad".


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Labor terapia


Además de la División de Tratamiento Penal y de Seguridad, en la UP está el área de Industria, la cual coordina los talleres y la producción de los internos. Los trabajos empiezan a las 8 y terminan a las 12 y hay de todo tipo: arenados y pintura, artesanías en madera, mimbrería, bloques de cemento, carpintería, chapa y pintura, colchonería, cunicultura y faena de conejos, electricidad de automóviles, escobería, huerta orgánica, imprenta, lavadero de autos, mecánica en general, panadería y confitería, tapicería, zapatería y reparación de heladeras y aires acondicionado.

La mayoría de estas actividades se llevan a cabo en un amplio galpón separado en numerosas habitaciones. En la puerta de cada una de éstas hay un cartel que indica qué se hace. Uno de los primeros cuartos es en donde se hacen escobas, canastos de mimbre y artesanías de madera. Andrés Rosenbrock es el encargado desde 2008 de esta área y trabaja hace 25 años en la UP. Sin dar vueltas y de manera contundente señala: "Hay que tener predisposición para enseñar, ayudar y acompañar a los internos. Se trata de una labor terapia en la cual el objetivo es que el preso aprenda a hacer el trabajo y adquiera el hábito de lo que significa trabajar". Mientras muestra con orgullo los objetos que produjeron algunos reclusos, el penitenciario indica: "Hay que incentivarlos, guiarlos y decirles que ésto no es para siempre y si están mal pueden acudir a algún profesional para solucionar los problemas. Nuestro trabajo consiste en alentarlos a que sigan adelante y que todo tiene solución en la vida, que cuando salgan deben hacer las cosas bien, ser conscientes de lo que hicieron y el daño que ocasionaron"

"Me gusta que el interno aprenda a hacer de todo porque uno nunca sabe las vueltas de la vida", afirma Rosenbrock y explica que se le dice labor terapia porque los presos "trabajan con las manos y éso les calma la ansiedad, ellos necesitan liberar las tensiones que les puede ocasionar la cárcel, por éso el jugar al fútbol, estudiar, trabajar y ver a sus familias los ayuda mucho".

Seguido al taller de escobería, mimbrería y artesanías con madera, está el de herrería. En éste abunda el ruido y los gritos. Varios internos sueldan rejas mientras que otros fabrican juegos de sillas y mesas de manera prolija y cuidadosa. Esteban Ávalos, quien hace 12 años está en la UP y ocho a cargo de esta área, relata que todo lo que producen los presos es tanto para la cárcel como para la venta. "A veces las personas nos piden cosas y se las hacemos y otras veces hacemos cosas y las exponemos en el salón de venta del penal", acota el funcionario y amplía que tienen un mes aproximadamente para hacer los trabajos.

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Taller de escobería.
Taller de escobería.


Mientras el recorrido por el galpón de los talleres prosigue, Gómez Polito cruza unas palabras con Silvio Díaz, condenado en abril del año pasado a ocho años y cuatro meses por causar la muerte de Juan Manuel Martínez Zurbano, de 6 años, frente a la escuela Del Centenario de Paraná. El interno sigue caminando y se retira del enorme edificio. Acto seguido, el funcionario detalla que cada preso elige si quiere o no hacer labor terapia y por hacerlo reciben un peculio estímulo, "como no es un trabajo, es una actividad que hacen para aprenden la profesión y adquirir hábitos laborales, a cambio se les da un estímulo económico, que no es mucho pero les alcanza para sobrellevar la vida entre muros".

Después del ruido que engloba al taller de herrería, llega la tranquilidad y el olor a aserrín del área de carpintería. José May, quien hace 13 años trabaja en la UP, está hace nueve a cargo de este lugar. "Las producciones que se hacen acá en su mayoría son por convenios con Acción Social, les proveemos ataúdes, bancos para iglesias y pupitres para escuelas. Además fabricamos muebles que ofrecemos en el salón de ventas y también hacemos cosas a través de pedidos particulares", explica el penitenciario.

Camino al taller de zapatería, Gómez Polito dialoga con un interno que está cursando el Secundario y participó junto a otros presos de una feria de ciencias en la cual ganaron un premio por confeccionar un juego tangrama. De esta manera, queda a la vista la variedad de actividades que se pueden hacer en la UP para así no caer en el aburrimiento y contar minutos mientras se ve el techo de la celda.

El taller de zapatería fue hasta hace poco uno de los más importantes del penal, ya que por muchos años se dedicó a hacerle el calzado a personal de la Policía de Entre Ríos y de la Municipalidad de Paraná. "Este último convenio actualmente no está vigente, así que los 23 internos que están acá no tienen mucho trabajo", cuenta Juan Carlos Fernández, quien trabaja hace 13 años en la UP y hace nueve en esta área. El penitenciario detalla que hacen botines de trabajo y zapatos para uniforme de gala.

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Taller de zapatería
Taller de zapatería


El olor a cuero está presente en el lugar. Cada habitación del pabellón de talleres es único y tiene su particularidad. En el que producen calzados se puede oír las máquinas de coser marcar un ritmo binario de fondo junto al golpe sincopado de un martillo.

El lugar en donde se hacen los colchones está pegado a la zapatería. Resulta que tanto la espuma como la funda es fabricada por unos 20 internos de la UP. Gonzalo Rodríguez es el encargado de este lugar y cuenta que los hacen tanto para el uso de los propios presos de la cárcel como para su distribución a través de convenios con el Estado. "Todo este trabajo es la punta de la flecha de la reinserción de los internos en la sociedad, porque acá pueden adquirir hábitos que luego le servirán cuando estén afuera", cuenta Gastón Escobar, otro penitenciario que apoya la idea de UNO de recorrer el penal y mostrar lo que poco se ve de este lugar.

Un grupo de 14 internos son los que llevan adelante uno de los últimos talleres que se creó en la UP. Se trata del lugar en donde reparan heladeras y aires acondicionados. Aquí, Mario Valentino, un interno que hace tiempo está en el penal y duerme en el pabellón ex fuerzas de seguridad, relata que se trata de un trabajo en conjunto y con el cual buscan "crear una empresa de reparación de estos artefactos que funciona adentro de la cárcel". "También apostamos a la reinserción social a través de este trabajo por éso nuestro lema es fuerza y desafío", amplía.

Lo curioso del taller de refrigeración fue que todos los internos que estaban trabajando al momento de la entrevista con UNO accedieron a sacarse una foto. Quien no quiso fue Ignacio Laporta, condenado en mayo de este años a cuatro años y ocho meses de prisión efectiva por el fatal accidente de tránsito que ocurrió en el Parque Urquiza de Paraná, en el cual falleció Sofía Pacco y resultaron heridas otras cuatro personas.


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Integrantes de Acción Social junto a parte del equipo que reparan heladeras y aires acondicionados.
Integrantes de Acción Social junto a parte del equipo que reparan heladeras y aires acondicionados.


Al lado del lugar en donde reparan heladeras y aires acondicionados, está el taller de electricidad de automóviles. Aquí arreglan vehículos del Servicio Penitenciario y de personas particulares. Héctor Sarmiento hace 21 años que trabaja en la UP y ocho que está a cargo de este lugar. De tono amable relata que hace 10 meses asumió la tarea de llevar adelante las distintas áreas de labor terapia. "Son unos 225 internos los que trabajan aunque hay algunos que van y vienen", cuenta el penitenciario y dice que "son muchos los presos que quieren trabajar y otros lo hacen porque les sirve para aproximarse a la libertad".

Después del recorrido por el galpón que alberga los numerosos talleres, Gómez Polito atiende el pedido de un hombre bajo de estatura y con piel aceitunada. Su rostro es animado. Luego de saludarlo y cruzar unas palabras con el jefe de la División de Tratamiento Penal, el señor se retira. Se trata de Miguel Capobianco, quien desde 1998 está en esta cárcel por ser autor intelectual del crimen de su esposa Dalma Otero. "Me dijo que quiere obtener la prisión condicional, él lleva más años preso que la mayoría de los que estamos laburando acá", afirma el funcionario al tiempo que remarca que fue condenado a prisión perpetua.


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Biblioteca de la UP.
Biblioteca de la UP.



Educación


Al asumir José Luis Mondragón como titular del Servicio Penitenciario de Entre Ríos, éste impuso como lema: "Educación y trabajo para la libertad". De esta manera, los estudios de niveles Primario, Secundario, Terciario y Universitario que ofrece la UP vienen a cubrir uno de los ejes para cumplir dicho objetivo.

El salón de usos múltiples (SUM) es un edificio amplio que está al lado del pabellón de talleres. Su entrada está estampada por un mural de colores intensos, el cual fue pintado por reclusos de la UP. En este lugar está la biblioteca, el gabinete de computación y otras tres aulas para que los internos puedan estudiar. A las 9.30 de un viernes, numerosos presos están sentados en pupitres de madera y prestan atención a una señorita que les enseña a cortar el pelo, se trata del curso de peluquería.

Paula Baños, licenciada en Ciencias de la Educación y referente de educación del penal hace 6 años, cuenta a UNO que "la escuela Primaria y Secundaria se cursa en un edificio aledaño al SUM. Mientras que las carreras terciarias y universitarias se cursan en el SUM. Además acá también se desarrollan numerosos talleres y cursos". La profesional detalla que la UP tiene convenios con el Consejo General de Educación, la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader) y la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER).

"Son unos 80 internos los que están cursando la Primaria y la Secundaria y faltan muchos más por incorporar", cuenta Baños y agrega que "hay unos 40 internos que están haciendo carreras terciarias y universitarias, algunas de estas son Accidentología vial, Análisis de sistemas, Psicología, Geografía, Historia, Ciencias sociales y más. Además hay muchos talleres y cursos de capacitación y formación como lectura, música, peluquería, electricidad, armado y reparación de computadoras, encuadernación, cocina, corte y confección y pintura en tela".


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Curso de peluquería en el SUM.
Curso de peluquería en el SUM.


La licenciada en Ciencias de la Educación cuenta que hay muchas posibilidades educativas y académicas en la UP para que los internos estudien. "Se trata de que los internos tengan un amplio abanico de opciones. Por ejemplo, para fin de año tienen la posibilidad de participar de una radio abierta de la mano de la gente del área de Comunicación Comunitaria de la UNER", señala la profesional y agrega que de los 650 presos que se alojan en la UP, más de 400 participan de actividades educativas.

Baños añade: "No necesariamente estos más de 400 internos cursan el Primario, Secundario o alguna carrera, con que realicen algún taller o curso también suman conocimiento y puntos para su buena conducta". Además indica que "hay unos 50 internos que salen a cursar afuera de la UP, algunos con custodia y otros con autorización de un juez". Mientras la profesional revela estos datos a UNO, camina por el SUM y muestra la biblioteca, en la cual 3.400 libros duermen en sus repisas. Los ejemplares son custodiados por dos internos: Luis y Martín. Éstos hace tiempo están en este lugar y uno de ellos cuenta que es agradable y tranquila la tarea ya que "son poco los presos que retiran títulos para leer".


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Jardìn de la UP
Jardìn de la UP



Trabajar aire libre


Luego de ver los talleres bajo techo y el SUM, a Gómez Polito lo encara un interno y le habla de la posibilidad de tener una salida laboral. Le entrega una carta y le pide al funcionario penitenciario que se haga cargo de su situación, quien accede y toma el papel. La caminata continúa y el jefe de la División Tratamiento Penal detalla que su trabajo es importante dentro de la cárcel porque, de alguna manera, es quien decide el futuro del preso. De esta manera, quienes cometieron un error, pasan a ser personas "Politodependientes".

La huerta está bien cuidada y contiene todo tipo de verduras y hortalizas. La variedad de colores y aromas rompe con la estructura sólida de esta mini ciudad que alberga reclusos. Uno de los encargados de mantener en condiciones esta área es Eduardo Ariel Araujo, un interno que hace seis años y ocho meses está en la UP y duerme en el pabellón 16. Él trabaja de lunes a lunes desde las 7 hasta las 17. Seguro y con una sonrisa pintada afirma: "Me encanta trabajar acá, me hace bien y despeja. Tenemos de todo, desde acelga hasta lechuga, perejil, zanahoria y más". Apenas termina la frase el hombre que se dedica al cultivo en la cárcel, aparece otro preso y muestra a UNO el cisne que creó con papel a través de la técnica origami.

A metros del terreno destinado al cultivo de legumbres y árboles frutales, está la conejera. Fabián Villanueva es quien está a cargo hace 10 años. "Son más de siete los internos que trabajan en esta zona del penal, en la cual la labor terapia consiste en trabajar en la huerta, criar lombrices, conejos para la venta y el consumo y también gallinas, patos y pavos", explica el funcionario penitenciario mientras muestra las instalaciones con cientos de animales perfectamente acomodados en jaulas.


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Dos internos y detrás la huerta de la UP
Dos internos y detrás la huerta de la UP



Del penal hacia afuera


Todo lo que producen los internos en los talleres de la UP se expone en el salón de ventas. En este lugar también funciona la panadería y se trata de una casa blanca y rosa con ladrillos vistos ubicada en la misma cuadra de la cárcel. Su interior está bien iluminado y es acogedor. El aroma a pan horneado a la mañana temprano sigue vigente en el inmueble y se sostiene en el aire al igual que el tema melódico que suena desde una radio.

Juan Carlos Ghiglia, quien hace 18 años que está a cargo de la panadería y el salón de ventas, explica a UNO: "Este lugar sirve para que la gente sepa lo que se hace en la UP. Se busca visibilizar las producciones propias y así salir un poco de las cuatro paredes".

El penitenciario agrega que la panadería trabaja muy bien y que siempre tienen mucho movimiento. "Son unos 20 internos los que trabajan en la panadería y tenemos 30 escuelas a las cuales les repartimos pan a diario. Tenemos dos móviles en la calle para abastecer los envíos y además tenemos otra sucursal en calle Villaguay y Presidente Perón", finaliza.

De esta manera, no hace falta decir que los tiempos cambiaron y el paradigma de los regímenes carcelarios también. Por eso es necesario desmitificar lo que es una cárcel hoy en día y, en este sentido, recorrer la UP de Paraná resulta revelador, porque detrás de los muros se encuentra un lugar que puede representar una esperanza de una vida mejor, para aquellos que cometieron un error y se preparan, a fuerza de estudio y trabajo, para volver a la vida en libertad.

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Salón de ventas de la UP
Salón de ventas de la UP
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Personas que atienden en la panadería de la UP
Personas que atienden en la panadería de la UP


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